Disputas de bajo nivel entre varios candidatos opositores

POR MOMENTOS SE PELEAN MAS ENTRE SI QUE CON CRISTINA

Los distintos presidenciables de la oposición parecen haber entrado en una etapa donde pelean más entre sí que
con la presidenta. De ese modo confirman los peores epítetos que les dirigió Jorge Lanata semanas atrás.
EMILIO MARIN
La explicación complaciente podría ser que la presidenta está enferma y ya salida de la Otamendi aún guarda los diez de reposo prescriptos por los médicos. Y entonces los opositores -con su enemiga corrida de la escena- comenzaron a embestirse entre sí. Lo cierto es que la variopinta oposición está criticándose, como si fuera una pelea de todos contra todos.
Mauricio Macri, uno de los representantes más genuinos de la oposición, diría uno de La Cámpora, viene operando en la interna de los socios-adversarios de UNEN. Su táctica es evidente: elogia a Ernesto Sanz y Elisa Carrió, como que defienden los valores republicanos y no descarta, por ellos, competir en una interna con los candidatos de UNEN.
Mientras tiene esos gestos amistosos con esa dupla de UNEN, el ingeniero que solía elogiar a Carlos Menem como “un hacedor”, busca captar a intendentes y dirigentes de ese espacio. Y lo logró con el intendente de Dolores, provincia de Buenos Aires, que es o era de la Coalición Cívica. Al sellar un pacto con el ex presidente de Boca, ese jefe municipal de la CC justificó su pase diciendo que en UNEN están perdiendo el tiempo. En eso tiene razón. Que su cambio de bando sea superador, eso no podrá demostrarlo.
Esas incorporaciones macristas, como las maduradas al calor de la victoria de los colores amarillentos en la intendencia de Marcos Juárez, son fruto de la conscripción de socios que lleva a cabo el armador del PRO, Emilio Monzó. Era el ex ministro de Asuntos Agrarios de Daniel Scioli en Buenos Aires hasta la pelea con la Mesa de Enlace. Es un peronista macrista, como Cristian Ritondo y Diego Santilli. Sin esa pata peronista tradicional el partido de Macri seguiría siendo una estructura municipal porteña. Ahora ha traspasado la General Paz, al menos en Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Misiones y La Pampa.
El macrismo tiene detectado a UNEN como más favorable para llevar agua para su molino. Mete allí una cuña entre Sanz-Carrió y los otros integrantes más refractarios a la participación del PRO en sus asuntos internos. En ese costado renuente se anotan Julio Cobos (UCR), Pino Solanas (Proyecto Sur), Margarita Stolbizer (GEN), Hermes Binner (PS) y el socio menor Humberto Tumini, de Libres del Sur. A éstos no les agrada en absoluto la posibilidad de mezclar haciendas con el macrismo, sobre todo al ex cineasta de “La Hora de los Hornos”, que llegó al extremo de divorciarse de Carrió a propósito de la alianza con el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Cobos, otro de los detractores de esa convergencia, aseguró que en la UCR, que él dice conocer como nadie, no gusta esa política y no será aceptada por una convención nacional citada al efecto. Ricardo Alfonsín tampoco quiere al macrismo y acuerda con citar a esa reunión radical para discutir los caminos a seguir.

Internas radicales.
El inconveniente de estos dirigentes del más que centenario partido es que el titular del mismo es precisamente Sanz, entusiasmado en sumar fuerzas con Macri aunque no se sabe si la alegría le seguiría en caso de tener que ocupar el segundo lugar de la fórmula.
Una postal de las desavenencias en la UCR se vio en Córdoba esta semana. Cobos llegó a “La Docta” y lo primero que hizo fue visitar a su correligionario Ramón Javier Mestre, intendente en apuros y con una candidatura a gobernador para 2015 con varios obstáculos en su camino. Las piedras se las puso el mismo Mestre (h) con su pésima administración, privatizaciones de servicios públicos en basura (Crese) y en transporte de pasajeros (Tamse), denuncias contra él y sus funcionarios por presuntos desvíos de subsidios estatales y dádivas empresarias (Ersa), etc.
Cobos se sacó la foto con el intendente y declaró estar convencido de que será un gran gobernador. Esa misma noche, anteayer, fue al aula magna de la Facultad de Ingeniería donde Eduardo C. Angeloz presentaba su libro de Memorias y subió al escenario para aplaudirlo de pie. Angeloz dijo ese día a Cadena 3 que su procesamiento y juicio por enriquecimiento ilícito en 1995 tuvo entre otros impulsores a Ramón B. Mestre, que “lo dejó hacer al fiscal general Miguel A. Ortiz Pellegrini, miserabilidades”. Los dos hijos de Mestre, Ramón y Diego, contestaron con un documento donde acusan al tres veces gobernador de denigrar “a una persona de bien que en este momento no puede defenderse”. Y todo, según los afectados, para promocionar la venta de un libro…
Así estalló una polémica tremenda entre Angeloz y Mestre hijo, con Sanz queriendo quedar bien con ambos; posiblemente quedó mal con los dos…
Justamente a partir del caso de Marcos Juárez, donde la alianza de radicales, macristas y juecistas pudo ganarle a Unión por Córdoba-PJ, se potenciaron las posiciones de los dirigentes que quieren repetir una alianza amplia para las elecciones a gobernador. En eso coinciden Sanz y Oscar Aguad, partidarios de sumar al juego no sólo al diputado Héctor Baldassi (PRO) sino también al senador Luis Juez. Tampoco han podido ponerse de acuerdo en la jugada, pues el intendente Mestre, que domina el comité de la UCR, no acepta darle un lugar a Juez, enojado con las denuncias por corrupción que el senador hizo en su contra, tomando de referencia las revelaciones del programa ADN del periodista Tomás Méndez. A raíz del impacto mediático, el intendente se vio obligado a pedir la renuncia de todos sus secretarios, pagando un alto costo político.

La ambulancia de Massa.
Se dice que hay políticos que luego de una conmoción política o internas partidarias pasan con ambulancia a recoger a los heridos o perdidosos, para sumarlos.
Y uno de los que está actuando con esa lógica de reclutamiento es Sergio Massa, con una prédica más peligrosa que otras porque lo hace desde su victoria en las legislativas de 2013. O sea, capta con la imagen del vencedor. Y, además, porque su discurso está a media agua entre el más crudo neoliberal y empresario tipo Macri, y el más afín al kirchnerismo. No en vano el ex intendente de Tigre fue funcionario en la Anses y la jefatura de Gabinete. Su propuesta suena melodiosa a los oídos peronistas y eso se refuerza con los coros de bonaerenses y de orden nacional que va sumando, como Roberto Lavagna, que fue ministro de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner.
Antes de los comicios mencionados había logrado saltar el alambrado del PJ y lo siguieron varios intendentes, como Darío Giustozzi, de Almirante Brown. Luego del triunfo la lista se amplió, pero no tanto como requiere su proyecto nacional. Si quedaba reducido a Buenos Aires sus posibilidades se limitarían. Eso explica su reciente desembarco en Córdoba, con Lavagna y su “Escuela de Gobierno”. Esas propuestas marketineras son para la tribuna; lo concreto es que logró fichar a Olga Riutort, divorciada hace años de De la Sota, como su candidata a intendenta de Córdoba.
Riutort confirmó la ficha y dijo que ella apoyará a Massa para presidente. Hasta allí todo bien, pero el detalle es que la mujer ratificó que para gobernador mantiene su apoyo a Juan Schiaretti, quien es fogoneado por el actual gobernador. Traduciendo el intríngulis, la jugada massista en Córdoba genera pases de justicialistas a su lado y genera divisiones al interior del delasotismo.
El gobernador en funciones ha ratificado que será candidato a presidente en 2015, pero sigue sin mover el amperímetro. Fuera de Claudia Rucci y Momo Venegas no hay otras figuras, si se las puede llamar así, que lo apoyen. O culmina perdiendo en una interna con Massa o bien participa como seguro perdedor en las generales con el sello de la Democracia Cristiana, que puede entrar en séptimo lugar.
Este rápido e incompleto repaso por las andanzas opositoras confirma lo dicho, de que en este momento disputan más entre sí que con el kirchnerismo. Lo especialmente grave para sus intereses es que esas peleas no giran tanto en torno a propuestas alternativas, que generen interés social. No. Es un subi-baja de candidaturas y roscas, de especulaciones, raterías y peleas de unos con otros. De política propiamente dicha, poco y nada.
Por su parte el oficialismo está en una coyuntura diferente, más tranqui. Las encuestas, incluso de Poliarquía para “La Nación”, ubican primero a Daniel Scioli, quien viene consolidando su candidatura. Incluso dirigentes de La Cámpora como Juan Cabandié lo dan por válido. Y Gustavo López, subsecretario general de la Presidencia, ya peregrinó hasta La Plata para llevarle el apoyo del Partido de la Concertación, kirchnerista orgánico.
Claro que esa relativa paz puede romperse cuando se conozca si la presidenta CFK da finalmente luz verde a Scioli, con las posibles reacciones de los siete precandidatos frustrados del FPV. Pero aún en un escenario tan poco progresista como éste, con Scioli picando en punta, habría -a diferencia de la oposición- un modelo político conocido porque estuvo vigente desde 2003 (descontando que tendrá un marcado giro a la derecha con aquel candidato). El de la opo, en cambio, es soterrado pero tiene un signo muy conservador y neoliberal, como bien diagnosticó Carta Abierta.