Domingo negro II

Muy pocos días después de haber publicado una estadística auspiciosa que venía reflejando un descenso de los accidentes fatales protagonizados por motociclistas, bastó una sola jornada para volver “las cosas a su lugar”. Aquellas declaraciones optimistas de algunas autoridades del área de Tránsito quedaron oscurecidas por una dura realidad que sigue imponiéndose.
Es que la muerte de dos motociclistas en las dos ciudades más grandes de la provincia -y en un solo día- irrumpió para hacernos ver que no se pueden bajar los brazos en materia de seguridad vial, que nunca serán suficientes todas las medidas y precauciones que se adopten y que falta mucho camino por recorrer en la materia.
Esta doble tragedia sucede justo cuando se está discutiendo una ley que pretende involucrar a la sociedad ante un problema muy grave para cuya solución no alcanza con la sola intervención del Estado. No sería el primer caso en que se suma a la actividad privada para ayudar en el control de conductas riesgosas para el conjunto social. Hay muchos ejemplos al respecto pero, en lo que atañe específicamente al control del uso del casco en los motociclistas, hay varias ciudades que lo han implementado y con resultados que se pueden ver a simple vista. En la ciudad de Mendoza, por ejemplo, no se ven motociclistas -ni acompañantes- circulando sin ese imprescindible instrumento de seguridad. El contraste con lo que sucede en nuestra provincia es innegable; y el reflejo en las estadísticas fatales también.
Es de esperar que continúen las consultas y debates a fin de perfeccionar la normativa y garantizar su eficacia. Y que su implementación no se demore pues los accidentes y sus dolorosas -y costosas- consecuencias no dejan de ocurrir.