Donde la razón queda corta nace la agresión

Señor Director:
En Francia, aprobada la ley de matrimonio entre homosexuales, se ha asistido a escenas de violencia verbal y de amenazas de todo tipo por parte de quienes se oponen a que se dé formalidad a un estado de cosas que ha existido siempre y que ahora es aceptado.
En la Argentina, por los mismos días, se asistía a escenas de agresión y violencia, de palabra y de hecho, cuando el congreso discutía los proyectos de ley llamados de democratización de la justicia. Por lo que se ha escuchado de las personas que, fuera del ámbito legislativo, se manifestaban públicamente contra esas iniciativas, pudo apreciarse que no las conocían. Bastaba que alguien les hiciese un par de preguntas para que, los más francos, dijesen que “en realidad, no conozco bien los proyectos”, mientras que otros daban por terminado el diálogo. Los partidarios de las nuevas leyes no se manifestaron en la calle y sólo hubo pronunciamientos individuales o producidos desde posiciones institucionales. Esta vez los congresales opuestos alternaron las ausencias con las presencias, pero en la madrugada del miércoles pudo verse a dos legisladoras con el rostro impresionante por la dureza del gesto, las cuales increpaban a las autoridades de la cámara y hasta ensayaban apoderarse de alguno de los objetos a mano para arrojárselos. Luego se vio a un diputado que arrojaba una botella plástica en dirección al presidente. Y se dio el caso de una legisladora, de particular virulencia acusatoria, que afirmaba que existía un pacto diabólico entre la mayoría oficialista, los sectores de la minoría y la presidencia de la Suprema Corte. Algunas ONG escracharon a legisladores cuyo voto no habían podido torcer y legisladores de la oposición llegaron a armar una carpa en la plaza del Congreso. Otros diputados habían llegado a convocar una pueblada para impedir el funcionamiento de la cámara, pero obtuvieron escasa respuesta. Finalmente la casi totalidad de los legisladores opuestos dejó el recinto de sesiones, sin completar su votación. Contra la mayor parte de los antecedentes sobre cuestiones tan disputadas, los partidarios de los proyectos, oficialistas y aliados, no se dejaron llevar por las emociones, aunque en algún momento sus líderes necesitaron advertir que debían mantenerse en calma. Al final, se votó como se había previsto en los cálculos previos, luego de algunas modificaciones aceptadas. Ahora se acudirá a la instancia judicial para invalidar alguna parte de las leyes sancionadas, como ha venido sucediendo regularmente, con suerte varia, desde la ley de radios y canales.
Algunos analistas estiman que ciertas expresiones y actos extremos se deben, en gran parte, al menos, a que estamos en año de elecciones (renovación parcial de las cámaras). Sin embargo, la agresividad extrema también ha podido ser leída como un ensayo destituyente. Si los líderes políticos de la sociedad pierden la compostura necesaria, siempre puede suceder que aparezcan grupos extremistas o individuos descontrolados, que lleguen a generar situaciones de gravedad, pero también puede suceder que se haga posible entender que la mayoría (que no se manifiesta en público) muestre sus hastío ante las demasías o dé señales claras de que no convalida a agresividad extrema. La poca respuesta a la propuesta maximalista de impedir el funcionamiento de la cámara de Diputados puede ser interpretada como un discurso.
La democracia prueba su fortaleza cuando supera estas pruebas. Nadie puede decir con certeza dónde está la verdad en cada caso. Los errores pueden corregirse, pero el miedo al error no debe conducir a la impotencia ni a la irresolución. Tampoco debe paralizar el miedo a la novedad, al camino nuevo. Para mi apreciación, vivimos (en el mundo) uno de los momentos de cambio, algunas estructuras se caen y otras emergen. La historia es el relato de los cambios.
Atentamente:
JOTAVE