EE. UU., un país violento donde dos por tres hay tiroteos

MASACRE EN UN BOLICHE GAY DE ORLANDO

Emilio Marín – Esta vez fue en un boliche gay de Orlando. Un homofóbico que dijo actuar a nombre del EI mató a casi 50 personas. Algo tiene Estados Unidos, además de la facilidad para comprar y portar armas, para que se repitan estas historias de violencia.
En el boliche gay Pulse fue la tragedia. Omar Mateen, un norteamericano de padres venidos de Afganistán, entró con un fusil y otras armas y lo convirtió en un infierno durante tres horas de la madrugada del domingo 12. El saldo fue de 49 muertos y más de medio centenar de heridos, de los cuales seis seguían en terapia intensiva en un hospital regional que por suerte quedaba a dos cuadras. Sus médicos y enfermeras pudieron atender a las víctimas con mayor rapidez.
El país ostenta el récord mundial de muertos en balaceras en escuelas, universidades, centros comerciales, cines y boliches.
Por ejemplo, el 14 de diciembre de 2012 hubo un tiroteo en una escuela primaria Sandy Hook, en Newtown, Estado de Connecticut, con 27 personas muertas, entre ellas 18 niños. Y se publicó que “en los últimos 30 años en EE UU 212 personas murieron a causa de tiroteos del estilo del perpetrado hoy en Connecticut”. Luego de ese triste suceso hubo varios más, entre ellos uno en octubre de 2015, donde un joven entró al campus universitario de la Umpqua Community College, en Roseburg, Estado de Oregon. Mató a 13 personas e hirió a 20, por lo que aquella estadística había quedado vieja. Y la matanza del boliche gay de Orlando, obliga a actualizarla otra vez.
Lo distintivo de este tiroteo es que el criminal llamó al 911 y dijo haber actuado a nombre del Estado Islámico, dando una connotación terrorista internacional. La otra particularidad es que los crímenes se produjeron justo en la campaña electoral para el 8 de noviembre. Uno de ellos, el magnate ultraderechista Donald Trump, ya era furibundo enemigo del ingreso de musulmanes y un muy buen amigo del lobby de venta de armas en Estados Unidos y de la Asociación Nacional del Rifle (ANR), que defiende incondicionalmente su uso.
Hillary Clinton, demócrata, en cambio es partidaria de limitar la venta de armas, en línea con los postulados de Barack Obama, hasta ahora perdidosos ante aquellos lobbies que argumentan la II Enmienda, que autoriza a los ciudadanos a comprar y portar armas con mínimos requisitos.

Campaña electoral
El tema es parte del debate de campaña y está bien que así sea, aunque el cronista es escéptico sobre que el problema tenga alguna solución. Luego probablemente el interés decaiga y así hasta la próxima tragedia. Este devenir sería más o menos así en la hipótesis de que los demócratas retengan el gobierno. Si el que gana es Trump, entonces las cosas pueden cambiar para mucho peor, especialmente para los musulmanes e hispanos que serían más demonizados como responsables de estos derramamientos de sangre.
Apenas conocido lo del boliche gay, el candidato republicano -que venía pregonando no permitir el ingreso de musulmanes, colocándolos como sinónimo de terroristas- salió por todos los medios a reivindicar esas definiciones xenófobas y a retar a Obama.
Más aún, como el actual presidente no criticó al “islam radical” en sus declaraciones de congoja por lo ocurrido, el mega millonario dijo que debía renunciar. En su alocado enfoque, Obama era un cómplice del tirador de Orlando y su competidora Hillary otro tanto.
Además de islamofóbico, Trump es muy limitado en sus conocimientos políticos y culturales (léase bastante bruto), y presentaba a Mateen como un afgano. Debieron recordarle que era un estadounidense nacido en Queens, Nueva York, igual que él.
La pertenencia del tirador al califato corrió por cuenta del equipo republicano, basado en la comunicación telefónica hecha por el asesino en medio de la masacre. Sin embargo, para las agencias gubernamentales estadounidenses y los analistas no se trató de un operativo del Estado Islámico. Al igual que la muerte de una pareja de policías al día siguiente cerca de París, parece obra de simpatizantes del EI que actúan por su cuenta en diferentes países, sin ser parte de una planificación y mando central.
De todos modos, paradojalmente hay más motivos que antes para preocuparse por la posibilidad de reiteraciones de estos episodios de Orlando y Francia. Es que el Estado Islámico viene perdiendo posiciones en Siria e Irak, donde había constituido su califato con capitales en Raqqa y Mosul, respectivamente. Esto a consecuencia de la lucha del gobierno sirio de Basher al Assad con apoyo iraní y ruso, del gobierno de Bagdad y secundariamente por los bombardeos de la coalición liderada por EE UU.
Al perder poder y control territorial en Medio Oriente, es posible que impulse en mayor grado y en forma más coordinada ataques terroristas con células dormidas en otros países y simpatizantes suyos del exterior. Esto para dar la impresión de que la organización no está desarticulada. Querrá evitar dar señales de debilidad, pero eso serán nuevos atentados que costarán más sangre inocente derramada.
Trump expresa los puntos de vista más cavernícolas. Como escribía Thomas Friedman en The New York Times, “Imagínense lo que habría sido esta semana si Trump fuese presidente, el bombardeo en alfombra que habría ordenado sobre Medio Oriente, el miedo y el aislamiento que su prohibición de ingreso a los musulmanes engendraría en cada estadounidense musulmán, el regocijo de Estado Islámico por estar en guerra con todo EE UU y el permiso que sentirían tener los loquitos de nuestra sociedad para dinamitar una mezquita. Y el efecto rebote que engendraría en los países musulmanes”.

Hasta los dientes
EE UU tiene 321 millones de habitantes, que tienen entre 270 y 310 millones de armas.
Y no son cualquier matagatos sino en muchos casos fusiles de asalto como el de Orlando. Un par de periodistas del Huffington Post hizo la prueba al día siguiente de ir a comprar un fusil igual al de Mateen y lo pudo adquirir en 38 minutos. Simplemente el comerciante verifica, no siempre, que el comprador no figure con antecedentes penales.
Incluso sospechosos de simpatizar con el terrorismo seudo-islámico, como el criminal de Pulse, que fue entrevistado dos veces por el FBI, pudieron comprar legalmente sus armas.
Se dan la mano dos fenómenos. Desde el punto de vista ideológico, hay -la realidad puede cambiar- una mayoría de personas que consideran una esencia del modo americano de vivir la II Enmienda que autoriza poseer armas. Como expresó en 2012 el vicepresidente de la Asociación Nacional del Rifle en ocasión de la masacre de la escuela de Sandy Hook, “a un tipo malo armado sólo lo puede parar un tipo bueno con una pistola”. En tanto este punto de vista armamentístico no cambie, las amplias facilidades de compra de armas serán un caldo de cultivo para las matanzas.
El otro condicionante es económico: esa venta es un gran negocio que mueve millones de dólares anuales, interesa a miles de empleadores y empleados, y financia a un lobby político en el Capitolio. Ambas bancadas que pueden disputar por otros temas pero en el asunto pistolas y carabinas sólo discute cuál es más apta para dar en el blanco. Es uno de los tantos tópicos donde el bipartidismo se hace uno solo.
La mejor demostración del poder ese lobby e intereses económicos e ideológicos, con su espesura legislativa, es que Obama está terminando su mandato de ocho años y ha sido impotente para siquiera limitar algo el armamentismo. Después de cada matanza hizo declaraciones contrarias a la libre venta, fue a consolar a los familiares, pidió presentar proyectos a sus bancadas y fracasó estrepitosamente. Esta podría ser su derrota del final, aún cuando pueda consolarse porque las encuestas dicen que han crecido quienes quieren limitar las ventas y aminorado el poder casi omnímodo de la ANR. Que eso fructifique en cambios a la legislación, estando de por medio la II Enmienda, es improbable.
Peor aún, tras las casi 50 muertes en Orlando, en su mayoría de origen hispano, se repitió un fenómeno visto en otras ocasiones: mayores ventas de armas. Parece increíble pero es así, por un doble motivo. Por un lado hay más personas que se sienten inseguras y compran fierros que les puedan dar sensación de seguridad. Y por el otro, consumidores que acuden a ese mercado para aprovechar ofertas y precios, temiendo que Obama pudiera limitarlas. Antes de una interdicción, se lanzan a comprar lo que puedan.
EE UU es la meca del capitalismo donde con deformaciones propias del monopolio tiene una vigencia relativa la ley de la oferta y la demanda. Ante el riesgo de limitaciones a la oferta de armas, miles los consumidores se apresuran a demandar y surtirse de armas.
Es tenebroso pero similar lógica de lo que ocurre en Argentina, cuando el ministro Aranguren informa de un aumento de la nafta: todos van a la estación de servicio para cargar el tanque.
Los estadounidenses compran armas y una parte de ellos las usa para matar. Es una sociedad enferma y violenta a la que por muchos poros le aflora la cultura del 7° de Caballería, los cowboys, el Klu Klux Klan, la bomba atómica y los marines. Cambiar ese fondo cultural será mucho más arduo que modificar la legislación sobre venta de armas. Si sigue todo igual, lo de Orlando será el anuncio de otra masacre por anunciar.

Compartir