Eficiente actuación ante un conflicto

El barrio “El Faro”, no está lo suficientemente lejos como para ser considerado un espacio de quintas, ni lo suficientemente cerca como para gozar de servicios municipales suficientes. El alumbrado público y riego de calles son deficientes, las cloacas y el agua potable, inexistentes.
Para colmo de males, sus habitantes se ven seriamente limitados en su posibilidad de acceso al centro ciudadano: o se trasladan atravesando los más de mil metros de calle D’Atri hasta la Avenida Perón, o por las calles de tierra hasta la Laguna Don Tomás, cuyos accesos desde el oeste frecuentemente son bloqueados por la propia comuna. No hace mucho, estos vecinos se organizaron para retirar los escombros con los que uno de esos pasos había sido cerrado, en lo que constituyó un saludable acto de desobediencia civil.
Este verano el barrio volvió a ser noticia, cuando un grupo de vecinos se organizó para denunciar y reclamar ante la Justicia por las graves molestias originadas por un joven habitante de la zona, sobre quien pesan varias investigaciones penales.
Quien más, quien menos, todo el mundo ha tolerado algún vecino molesto. Pero este caso realmente superaba el límite de lo tolerable. A los constantes ruidos molestos, se sumaban las continuas amenazas contra vecinos, la exigencia de que se le proveyera agua y luz gratuitamente -bajo amenaza de represalias- y la evidente impunidad con que se desarrollaban en el lugar acciones de dudosa legalidad, a la vista de todo el mundo, incluyendo niños. Al ser allanado el domicilio se secuestraron gran cantidad de elementos presuntamente robados, y se encontraba allí una mujer que aducía permanecer contra su voluntad.
Los habitantes de la vecindad una vez más hicieron gala de su expeditiva capacidad de organización, y siguiendo todos los pasos legales, sin caer en la tentación de hacer justicia por mano propia, demandaron el amparo de las autoridades. Afortunadamente encontraron -en plena feria judicial- una fiscal con la suficiente sensibilidad y responsabilidad como para comprender la gravedad de la situación, y tomar cartas en el asunto.
Las modernas herramientas del nuevo procedimiento penal permitieron bajarle intensidad al conflicto -poniendo al implicado en prisión preventiva- y así facilitar una solución consensuada, que terminó siendo el retiro del causante de las molestias y amenazas y la imposición a éste de una orden de restricción que le impide acercarse a sus antiguos vecinos a una distancia más que prudencial.
La salida del conflicto es satisfactoria, por varios motivos. En primer lugar, porque permite reivindicar la organización pacífica de los ciudadanos como medio idóneo para la solución de conflictos. En segundo lugar, porque revela la existencia de funcionarios judiciales comprometidos con su tarea, y con los reflejos suficientes para actuar cuando es necesario. Y, finalmente, porque esta conjunción de conductas, todas dentro de la legalidad, aventó el peligro de daños mucho más graves.
Porque si algo enseñan los recientes acontecimientos que conmovieron el ámbito judicial pampeano, es que las amenazas y la violencia de algunas personas, no deberían jamás ser subestimadas.