El blanqueo y las inversiones, muy lejos de lo prometido

LA LLUVIA ES APENAS UNA GARUA

El blanqueo impulsado por el gobierno aportó unos 4.600 millones de dólares, el equivalente a un mes de
exportaciones. Un fracaso para los montos que habían prometido. En cambio, los intereses por deuda en dólares respecto del PBI crecieron un 93 por ciento.
Durante la última semana se habló mucho respecto del éxito o fracaso del programa de exteriorización de capitales, más conocido como “blanqueo”. Es decir, un programa a través del cual actores que tienen dinero (en efectivo o en bienes) sin declarar, y por los cuales no pagaron impuestos, pueden “legalizar” su tenencia sin afrontar los pagos omitidos en el pasado. No cabe duda que cualquier medida de esta índole es injusta y genera incentivos encontrados para aquellos que mantienen sus tenencias en el marco de la ley. Lo cierto, es que las tres décadas de valorización financiera forjaron una clara tendencia por parte de los actores concentrados de la economía, a mantener sus riquezas fuera del circuito formal/legal. Se estima que actualmente hay unos 400 mil millones de dólares de argentinos entre los colchones y paraísos fiscales del exterior (Suiza, Panamá, Estados Unidos). Para dar una idea de magnitud ese importe, más en el extranjero que en las casas de los ahorristas, significaría algo así como un producto bruto interno girando por el mundo. En ese contexto, cualquier programa que logre ingresar al circuito legal una parte (así sea mínima) de ese monto, es bienvenido. Allí, es donde la “injusticia” y los “peros” sucumben ante el pragmatismo. Argentina no emite dólares, de hecho, Argentina siempre necesita dólares. El blanqueo es una forma de obtenerlos, en principio, sin endeudarse. Justamente, debido a la crisis mundial que impide “salir exportando”, la otra alternativa de conseguir divisas es vía endeudamiento. Esta otra temática ha tomado el centro de la escena durante los 11 meses de gestión de Cambiemos. No hay plan B, el modelo se financia únicamente con endeudamiento; una revisión rápida del presupuesto aprobado para el año que viene da cuenta de esto.
Discutiremos entonces estas dos cuestiones: el blanqueo y la deuda proyectada. Empezando por el blanqueo, no es tan difícil arrojar un calificativo a esta primera etapa: regular.

Blanqueo ínfimo.
En total, se recaudaron algo así como 4.600 millones de dólares. Lo que equivaldría a un mes de exportaciones, en más de tres meses que duró el blanqueo, flojo. Por otra parte, acorde al número de techo que se maneja, sólo se habría exteriorizado un 1,2 por ciento del total no declarado estimado. Peor aún, y como se advirtió en reiteradas ocasiones en informes del CEPA, la única opción de blanqueo que se utilizó fue la del pago del “impuesto especial” (multa) del 10 por ciento a último momento. Esto se debe a que el mismo se paga en pesos y a un tipo de cambio de junio.
La opción de blanquear mediante un bono a 3 años, que también venció, fracasó rotundamente. Claro, el bono no pagaba interés y no tenía mercado secundario. Es decir, el actor que blanqueara con esa herramienta tenía que tener sus fondos inmovilizados por tres años. Con el pago de la multa esto no pasa. Hoy ese dinero está depositado en cuentas especiales, pero a partir del 1 de abril el mismo se libera y queda disponible para que los blanqueadores lo utilicen como gusten. Incluso para que vuelvan a llevarlo al exterior, sólo que ahora declarado. En conclusión, el gobierno se movilizó durante meses, hizo una monumental campaña de adhesión al blanqueo para financiarse por tres meses al 0%, en un módico monto de 4.600 millones de dólares.
En la etapa siguiente, la opción por el pago de multa seguirá siendo la más utilizada aunque se espera un mejor rendimiento del segundo bono que si bien es a 7 años y paga sólo 1% de interés, a partir del cuarto año es negociable y permite exteriorizar 3 dólares por cada dólar suscripto. Es decir, para exteriorizar 3 millones de dólares, basta adquirir 1 millón de dólares en bonos, y los otros 2 millones son de libre disponibilidad (legal) en el acto.
Pero volviendo al tema de fondo: ¿puntualmente para qué necesita el gobierno los dólares? Para sostener este esquema de mercado cambiario liberalizado. Entonces, ante el lento andar del blanqueo ¿qué alternativa queda? Continuar con el proceso de endeudamiento. Esto se ve claramente al observar cómo varía la incidencia de los servicios de deuda en cada presupuesto nacional enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso.

Un poco de historia.
Si bien el análisis que suele realizarse para medir el impacto del endeudamiento público reside en establecer la relación entre la deuda contraída (stock) y el PBI, o su comparación con otros indicadores como las reservas internacionales en dólares o las exportaciones de un país, resulta interesante analizar la relación de los servicios de deuda sobre los recursos y gastos del presupuesto para evaluar el impacto del redestino de fondos.
Haciendo un poco de historia contemporánea, se observa que la incidencia de los servicios de deuda sobre los gastos totales ascendía a 21,56% en el presupuesto del año 2001, se redujo a 13,23% en 2002 para volver a incrementarse en 2003 a 22,63%. Ya en el presupuesto del año 2004, primero elaborado por la gestión de Néstor Kirchner (aprobado por el Congreso a fines de 2003), los servicios de deuda representaron 11,55% de los gastos totales presupuestados. De allí en adelante la curva es descendente. En efecto, el promedio del peso de los servicios de deuda en el gasto total de los presupuestos de 2004 a 2016 (aprobados entre 2003 y 2015) es de 10,09%. Un análisis similar puede extraerse de la relación servicios de deuda/recursos totales y de servicios de deuda/ingresos tributarios.
En los tres casos se marca un contraste en el proyecto de presupuesto del año 2017, elevado recientemente por el Poder Ejecutivo al Congreso Nacional. Para 2017 los servicios de deuda se incrementan un 137% respecto del presupuesto 2016 aprobado por el Congreso (aunque respecto del crédito vigente para 2016 a raíz de las ampliaciones dispuestas por el actual jefe de gabinete como resultado de los nuevos compromisos asumidos, el incremento es de 21,61%), mientras que los gstos totales lo hacen 50,5%, recursos totales 27,9% e ingresos tributarios 22,7%. En este sentido, la incidencia de los servicios de deuda sobre el gasto total presupuestado para 2017 alcanzará el 10,48% (incrementándose 58% respecto de lo presupuestado para 2016). En efecto, un total de 143 mil millones de pesos es el monto en términos absolutos de aumento de los servicios de deuda en 2017, que representa 3,84 puntos porcentuales adicionales del gasto. Es una cifra que ya no podrá destinarse a educación, salud o a inversión en ciencia y técnica, dado que tendrá que dirigirse al pago de servicios de deuda.

Aumentan los intereses.
Adicionalmente, el peso de los servicios de deuda sobre recursos totales casi duplica al año 2016 (un aumento de 85,89%), al igual que la relación servicios de deuda/ingresos totales, la cual crece 93,9% entre 2016 y 2017. Es dable advertir que a raíz de las numerosas emisiones de deuda que vienen llevando adelante las actuales autoridades, el gasto en servicios de deuda para este 2016 se amplió hasta el momento a 203 mil millones de pesos, es decir, un aumento del 95% de lo presupuestado originalmente.
No puede dejar de señalarse que 83 mil millones de pesos de los casi 248 mil millones que se pretenden destinar a servicios de deuda en 2017 obedecen a las emisiones de deuda realizadas a partir del 10 de diciembre de 2015 y representa un incremento del 50% sobre los servicios de deuda que hubiesen correspondido abonar de no verse incrementado el endeudamiento en títulos públicos.
De no ser por las nuevas emisiones de títulos públicos, los servicios de deuda hubieran representado en 2017 un 6,95% de los gastos totales, considerando el nivel de gasto total propuesto por el Poder Ejecutivo para 2017. Es decir, se hubiera mantenido la tendencia declinante del peso de los servicios de deuda sobre las erogaciones del tesoro nacional, permitiendo atender otros gastos.

Más deuda.
Como vemos, tanto la deuda como el blanqueo no nacen de un repollo. Ambos procesos manifiestan la necesidad de divisas para financiar un modelo no productivo en un contexto internacional adverso. La liberalización cambiaria, la facilitación de la fuga (que ya supera los 12 mil millones de dólares en el año) y el desplome de las exportaciones configuran un esquema complejo de sustentar sin ingreso de capitales. Y como la lluvia de inversiones no supera aún una garúa fina y el blanqueo alcanza apenas una mediocre actuación, el gobierno presupuesta más y más deuda para todos y todas (los grupos concentrados). (Nuestras Voces).
*Informe elaborado por el Equipo Monetario-Financiero del Centro de Economía Política Argentina (CEPA).

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