El bosque digital con lobos y caperucitas

Señor Director:
Cada vez que leo sobre pedófilos ahora mencionados con la voz grooming, y acosadores que ahora se nombran bullying, retorna la imagen del bosque con lobos y caperucitas. La mayor diferencia es que los lobos de nuestro tiempo digital, quizás porque las manadas han crecido y su apetito se ha desmesurado, no hacen mayor distinción entre caperuzas mujer y varón, aunque conservan su preferencia por lo tierno.
Una organización llamada Grooming Argentina se ocupa de llevar la cuenta de los menores victimizados por adultos que los contactan por las redes sociales. Es posible que el recato de los antiguos cuando hablaban de lobos y caperucitas en escenarios boscosos haya sido reemplazado por una mayor franqueza actual. Ya no se habla de lobos sino de personas mayores, en tanto que el bosque ha sido reemplazado por el escenario digital. El bosque real tiene pocas expresiones y se estima que puede haber desaparecido de la Tierra totalmente hacia mediados del siglo en curso. Lo que avisa GA es que se acelera el número de víctimas conocidas contactadas por las redes sociales. Se trata, como se sabe, de redes simbólicas, que no se puede destruir de un golpe como se puede hacer con las telarañas, que también son invento para atraer vidas reducidas a la condición de alimento. Martin Fierro avisaba que la ley es como la telaraña: la rompe el bicho grande y captura al bicho chico.
La dependencia oficial Alerta Vida estima que hay en la Argentina unas 120 mil cuentas en Facebook usadas para el grooming. La información de estos días da cuenta que hay un detenido en Balcarce (provincia Bs. Aires) acusado de abuso sexual. Lo singular de este sujeto de 72 años, es que solamente se dirigía a varones de 4 a 16 años. Este caso permite conocer la manera en que ese adulto mayor tejía su tela para generar la voluntad infantil de establecer una relación. El lobo de los tiempos de Caperucita era una cándida paloma en comparación con el pedófilo actual, lo que permite sospechar que el lobo de los cuentos era también una manera de nombrar al acosador humano.
Para Hernán Navarro, de Grooming Argentina, la tendencia creciente de casos se puede atribuir a varios factores. Estima que el más importante es la ausencia de discusión pública o privada sobre cómo se utilizan las redes sociales. Existe una brecha entre padres e hijos, pues los mayores, si bien han ingresado al mundo digital, nacieron antes de que se desarrollaran estas redes. Ellos han llegado a la red, mientras que sus hijos son nativos de ella. Ésta puede ser una de las causas de la dificultad de intercambiar sus respectivas experiencias. No hay diálogo y sí una relación en la cual el adulto reduce su discurso a una orden que no halla acatamiento salvo que el menor se abstenga del uso de la red en vez de desarrollar las defensas idóneas.
La sociedad parece querer reaccionar para asumir el riesgo en sus verdaderos términos, para cuyo objeto es preciso actualizar el discurso adulto elaborado por los siglos para comunicar su experiencia al niño. El relato de Caperucita ya no tiene el sabor de aquellos tiempos en los que también podíamos acudir a la cigüeña cuando ya era imposible dejar en la oscuridad la realidad sexual humana y la verdad simple de la generación y el nacimiento. Es llamativo que los programas escolares para anticipar la educación sexual sigan hallando resistencia en adultos y en instituciones que creen, equivocadamente, que las bases de su poder se fundan en disfrazar una realidad que se canaliza por otras vías, porque sencillamente es irreprimible. El avance de las últimas décadas en esta materia ha revelado que los casos de violencia y abuso sexual también se cometen en las instituciones religiosas. Cada escándalo en este escenario ha influido para abrir los ojos y destapar los oídos de quienes han creído o creen aún meritorio disfrazar la realidad de la condición humana.

Atentamente:
Jotavé