El cambio también llegó a la historia

Los festejos en Tucumán por el bicentenario de la Declaración de la Independencia mostraron el mismo estilo que el gobierno nacional de Cambiemos ya desplegara el 25 de Mayo y el Día de la Bandera.
No hubo en los actos centrales ningún jefe de Estado latinoamericano ni siquiera los ex presidentes constitucionales argentinos. El contraste con el bicentenario de la Revolución de Mayo celebrado en 2010 fue ostensible. En aquella oportunidad acompañaron a la entonces presidenta argentina los jefes de gobierno de Brasil, Chile, Bolivia, Ecuador, Paraguay y Uruguay. La inaudita presencia del saliente rey español Juan Carlos compartiendo el palco de honor con Mauricio Macri tornó más drástico el contraste.
La gran jerarquía que se le dio a la Iglesia Católica -con un tedéum a toda pompa- y a las Fuerzas Armadas -con desfiles militares por primera vez en 16 años en los actos centrales- no pasó desapercibida. Tampoco la instalación de vallas, como antes en Plaza de Mayo y en el Monumento a la Bandera, para controlar la afluencia del público ni el consabido despliegue de fuerzas de seguridad con una puesta en escena a todas luces pensada para ser exhibida. Helicópteros, drones, cámaras de seguridad y francotiradores ubicados en los edificios más altos del centro formaron parte muy visible de la coreografía que el público tucumano tuvo que presenciar en su ciudad en esta ocasión tan especial.
Mucha gente asistió al acto central mostrando el interés siempre vivo de la ciudadanía de estar presente en estas fechas de tan alta significación histórica. Sin embargo la asistencia fue notablemente inferior a la que se registró en el bicentenario del 25 de Mayo.
En cuanto al discurso presidencial estuvo lejos de la pretensión de “cerrar la grieta”, como proclama el partido hoy en el poder, con varias referencias disvalorativas hacia el gobierno anterior y las ya gastadas menciones a la herencia recibida. También hubo reproches a los gremios y una explícita demanda de mayor esfuerzo, pero ni una sola mención hacia la contraparte, el poder económico, principal responsable de la enorme sangría de divisas del país. A pesar de este sesgo definido del discurso del jefe de gobierno la agencia oficial de noticias decidió elogiar la ausencia de color partidario en las palabras presidenciales aunque -contradictoriamente- no pudo dejar de mencionar, porque los presentes fueron testigos, que se entonaron las más conocidas consignas electorales del macrismo.
Fueron muy marcadas las diferencias entre este acto y los realizados durante el ciclo anterior. La mirada de la historia desde perspectivas tan distantes no es otra cosa que el reflejo de concepciones ideológicas y políticas diferentes. La presencia del rey emérito español, sucesor del principal enemigo que tuvieron que enfrentar los patriotas que lucharon por la emancipación americana, fue probablemente el símbolo más fuerte de los cambios que se viven en nuestro país. En 1816 el monarca europeo enviaba grandes ejércitos para aplastar la revolución americana. Hoy no hacen falta los militares, alcanza con el poder económico que utiliza métodos muy distintos aunque igual de eficaces para la conquista.

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