El dedo en la llaga

Los veteranos periodistas de la redacción de LA ARENA que supieron atravesar varias etapas de la vida política de la provincia solían recordar, y no sin admiración, las primera etapas de funcionamiento de la Cámara de Diputados. Referían que en aquellos tiempos fundacionales de la administración pública pampeana, la Legislatura elaboró y aprobó las leyes fundamentales que rigen el funcionamiento del Estado provincial con solo 21 diputados y una muy modesta dotación de empleados que apenas rondaba ese número. Hoy son treinta los legisladores, es decir, se incrementaron en casi el cincuenta por ciento, por no hablar de la cantidad de empleados, quienes se multiplicaron como los panes bíblicos hasta conformar varias centenas.
Pero cantidad y calidad no siempre van de la mano. Y así lo vienen demostrando los actuales ocupantes de los sillones legislativos. El fuerte cruce entre un diputado opositor y su par oficialista que se vio este miércoles en la reunión de comisión de Legislación General permitió conocer a la ciudadanía pampeana el escaso apego al trabajo propiamente legislativo y, en cambio, las abundantes horas consumidas en lo que podría considerarse “distracciones”: las famosas declaraciones de interés legislativo. En esa jornada, la comisión no tenía en tratamiento ningún proyecto de ley pero, eso sí, había en espera veintiséis de estas últimas perlitas para consumir el esfuerzo de los representantes del pueblo.
Hace pocos días este diario publicó un informe lapidario de los bloques opositores: existen 337 proyectos de ley y de resolución que están pendientes de debate, aguardando que el oficialismo, que detenta la mayoría absoluta de las bancas del recinto y de casi todas las comisiones, se digne a considerarlos. Las reuniones de comisiones también fueron objeto de cuestionamientos por el muy escaso trabajo que se advierte en muchas de ellas: algunas solo han sesionado tres veces en todo el año. El responsable principal de este desolador panorama es el oficialismo pues detenta la mayoría de las presidencias de esos cuerpos.
De paso, no puede dejar de mencionarse que las sesiones de la Cámara se han espaciado: ahora son quincenales cuando tiempo atrás tenían lugar todas las semanas. En síntesis: hoy existen más diputados, muchos más empleados pero sesionan con menor frecuencia y en lugar de dedicarse fundamentalmente al estudio y sanción de leyes prefieren entretenerse con declaraciones de interés legislativo.
La hiperdependencia del bloque oficialista con respecto al Ejecutivo es una de las razones -aunque no la única- que ha llevado a este poder del Estado al cuadro de inacción que hoy es imposible de ocultar.
Entre muchos casos que provocan asombro y decepción, y que ponen en evidencia el déficit legislativo, hay uno que se destaca por su enorme relevancia y por la extensísima demora involucrada. Probablemente muchos pampeano no lo sepan pero todavía la Policía de la provincia se rige por una normativa de la última dictadura militar. Han pasado casi treinta y tres años del retorno de las instituciones democráticas y un organismo de tanta relevancia pública sigue administrándose por normas aprobadas cuando los militares gobernaban por la fuerza, y la Policía -desde luego- formaba parte del aparato represivo que sofocaba a la población civil. Y lo peor es que no se advierte ningún apuro por recuperar el tiempo perdido.

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