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El discurso de un presidente saliente

LA SEMANA PAMPEANA

I – Por distintos motivos, la semana concluyó con un curiosa similitud en las aperturas de las sesiones del Congreso nacional y de la Legislatura pampeana. En ese acto fundamental para las instituciones de la república, ni argentinos ni pampeanos pudieron escuchar de boca del gobernante el estado de la situación de la Nación y la provincia. En la Cámara de Diputados de La Pampa, se sabía, por la justificada ausencia de Carlos Verna con licencia médica que obligó a postergar para más adelante ese informe retrospectivo y proyectivo que todo mandatario debe realizar al abrir las sesiones de los cuerpos colegiados que representan a los ciudadanos. En el país, en cambio, pese a que el presidente habló, omitió cumplir con su deber de analizar la gestión del año anterior y proyectar sus acciones de gobierno para el presente, por la estrategia del avestruz de un gobernante que no podía analizar la realidad sin asumir el fracaso de su gestión.

II – El año pasado, el presidente se había animado a realizar una serie de pronósticos sobre la economía que hoy, trescientos y pico de días después, han demostrado ser una sucesión de falsedades. La realidad indica todo lo contrario de lo que predijo. Como ha ocurrido desde que asumió. La pobreza sigue aumentando, la economía está en una recesión pocas veces vista, se perdieron cientos de miles de empleos, el salario y los haberes jubilatorios cayeron, los comercios y las industrias están en crisis o han cerrado y el desánimo gana a los actores económicos que, se suponía, debían contagiarse del entusiasmo de quienes confundieron la política con el baile y la repartija de globos amarillos. Ante esta situación de catástrofe, los argentinos esperaban oír de su presidente una autocrítica sobre el desastroso año de gestión. Esperaban que la presencia de la máxima autoridad venía a explicar al Congreso las razones del fracaso y a enumerar las medidas políticas y económicas que, en vista de semejante desastre, se suponía que anunciaría para este año. Nada de eso ocurrió.

III – Pero no fue solo económico su negacionismo. No solo no registró los datos incontrastables de una economía que se derrumba, sino que no mencionó siquiera la seguidilla de derrotas políticas que, como consecuencia de su mala gestión, le produjo lo que se dio en llamar el «efecto La Pampa». Ese fenómeno de pérdida de poder electoral que, internamente, se reflejó en un resultado catastrófico para las aspiraciones de gobernar la provincia de su candidato en La Pampa, se replicó como un tsunami en el resto del territorio donde los radicales avanzaron sobre los despojos de candidatos macristas que se batieron en retirada para no pasar el papelón electoral del Colo Mac Allister. Fue el hecho político más relevante desde las elecciones de medio término de 2017 porque marcó claramente el alcance de lo que insinúan las encuestas y la magnitud de la oposición que ahora está ganando aceleradamente a quienes le creyeron y lo votaron.

IV – Pero en medio de tanto ocultamiento, la debilidad política que lo afecta y sufre, se vio reflejado en una fase que, a modo de respuesta a las protestas de la oposición, lanzó por fuera de su estudiado discurso: «soy el presidente electo, me votó la gente», dijo para sorpresa de todos. Es la primera vez que un presidente democráticamente electo de la Argentina cree necesario tener que recordarlo nada menos que ante la Asamblea Legislativa y ante todo el pueblo de la Nación que lo escuchaba por cadena nacional. Si creyó necesario afirmar que aún es presidente es porque asume que hay, en sus interlocutores, dudas de que lo siga siendo. Y los interlocutores de su discurso no eran sólo los legisladores que lo escuchaban en el recinto, sino los millones de argentinos que seguían absortos ese ejercicio de negación que fue su discurso y en el cual creyó necesario recordar que lo votaron.

V – Tal vez lo que desnudó esa expresión es la incómoda situación que vive hoy el primer mandatario con un gobierno que es un fracaso en todos los órdenes. Una incómoda situación que la reciente elección en La Pampa le vino a confirmar: que parece tener los días de su presidencia contados y que no tiene posibilidades siquiera de ganar una interna en su propia coalición. La sensación que dejó es la de quien sabe que es, meses antes de fenecer su mandato, un «presidente saliente» y que, como tal, deberá atravesar el calvario que lo llevará al 10 de diciembre en el acto en el que deberá entregar la banda y el bastón de un país que es, sin dudas, peor que el que encontró hace cuatro años. (LVS)