El discurso del miedo a todo vapor

“Lo primero fue el verbo y el verbo se hizo carne”. En ocasiones, los discursos políticos y mediáticos preparan el terreno para una avanzada represiva. En la mayoría de los casos, elementos discursivos que parecen aislados van trabajando sobre el sentido común para instalar la idea que justifique luego las medidas. Pero, como las constelaciones, hay puntos en el aire que al unirse comienzan a tener una forma clara y cobrar sentido.
Esa galaxia se conforma hoy con el pedido de las embajadas de EE.UU. e Israel para nombrar a Patricia Bullrich en Seguridad, la declaración de emergencia que dictó la ministra al instante de asumir, el viaje de funcionarios para reunirse con la DEA y el FBI, la delegación del Ministerio de Defensa que fue a reunirse con sus pares del Pentágono, el seminario sobre combate contra el narcotráfico, el terrorismo y el crimen organizado convocado por Bullrich en conjunto con la Embajada de Israel y empresas de seguridad de ese país, el pedido de los responsables de la AMIA y la DAIA, que reclamaron reabrir la denuncia del fiscal Nisman contra Cristina, la rapidez con que la ministra tildó de terroristas a dos jóvenes arrestados en Buenos Aires (que resultaron ser “quemacoches”) y los dos jóvenes que quisieron hacer una broma por la redes sociales haciéndose pasar por miembros del ISIS. También se sumó el pedido de Mauricio Macri a las Fuerzas Armadas, para que tengan una “participación activa” en la vida del país.

Títulos alarmantes.
A todo esto se suma el discurso del grupo oficialista Clarín, que respaldó rápidamente cada una de las denuncias de Bullrich y que, el 23 de julio, publicó un artículo titulado “El gobierno analiza las posibles amenazas terroristas a la Argentina”, acompañado de un subtítulo que decía: “El ISIS en América Latina”, y cuyas supuestas fuentes serían dos personas que, según el autor en el artículo, “no pueden dar sus nombres”. La intensión de instalar bases norteamericanas en los extremos sur y norte argentinos necesita aprobación del Congreso Nacional, y para ello el apoyo popular es clave. Una sociedad con miedo es capaz de dejar de lado sus valores, sus derechos e incluso su soberanía ante quién le prometa alejar el miedo.
Oscar Laborde, director del Instituto de Estudios de América Latina de la Central de Trabajadores Argentinos (IDEAL-CTA), afirmó en diálogo con Contexto: “Este tipo de acciones y gestos de Patricia Bullrich tienen un doble sentido. Por un lado, agitan lo del terrorismo y el narcotráfico como dos grandes fantasmas, pero su verdadera intención es ir preparando el terreno para desplegar en Argentina fuerzas de inteligencia, primero, y de seguridad, después. Fuerzas vinculadas a Israel y a EE.UU. También preparan el terreno represivo cuando la ebullición que hoy se nota en la base popular pase a acciones de protesta más concretas. A eso habría que agregarle la condescendencia que existe para con los represores, y la intención de seducir a las Fuerzas Armadas para que estén preparadas para la represión”, agregó. Laborde concluyó: “El discurso que dice que existen células terroristas en la triple frontera y narcotráfico en la frontera con Bolivia usa esos pretextos para preparar el terreno y generar las condiciones subjetivas para el ingreso de fuerzas extranjeras. Esto ya lo acordó Macri durante la visita de Obama a Argentina”.

Una sobreactuación.
En la misma línea, el ex diputado nacional del Frente para la Victoria, Carlos Raimundi, señaló: “Cuando Argentina sufrió los dos atentados terroristas en la década de los noventa, la política exterior del menemismo era similar a la actual. Una política de alineamiento incondicional con EE.UU. y la OTAN. Raimundi remarcó que “el macrismo y Clarín plantean que la manera de prevenir atentados es poniendo a Argentina como sede de las bases militares de EE.UU. y tolerando la remilitarización de la región. Eso es volver al eje de control formado por la DEA y el Comando Sur, bajo una supuesta prevención de ataques terroristas y de combate al narcotráfico”. Para Raimundi “hay una sobreactuación de la ministra Patricia Bullrich. Sobreactuación que, por supuesto, es interesada, intencionada y que pretende favorecer las condiciones para crear un Estado policíaco y represivo”. (Héctor Bernardo. Diario Contexto).

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