El doble rostro del gobierno

Luego del brutal castigo a los bolsillos de las familias argentinas con la quita de subsidios y los aumentos siderales en las tarifas de los servicios públicos, el gobierno nacional se apresta a perdonar las deudas de las compañías de distribución de energía eléctrica. En el paquete figuran varias de las empresas provinciales del país -las de Córdoba, Chaco, Corrientes, Mendoza y Santa Fe- y las tres grandes distribuidoras privadas Edenor, Edesur y Edelap. La medida fue introducida en el Presupuesto 2017 que ya se aprobó en la Cámara de Diputados y espera igual trámite en la de Senadores.
El monto total que dejaría de percibir el Estado por este “perdón” a las empresas asciende a 19 mil millones de pesos, con lo cual queda claro que el gobierno solo muestra su rostro duro cuando exige sacrificios a los usuarios pero es todo sonrisas cuando se trata de beneficiar a los más grandes empresarios o a algunos gobernadores con los que ha tejido alianzas y, como en este caso, le sirven para suavizar una medida tan antipática.
Es sabido que el amigo presidencial Nicolás Caputo es uno de los mayores accionistas de Edesur, en tanto que otro magnate, Joseph Lewis, en cuya estancia suele parar el presidente en sus viajes a los lagos del sur, es propietario de Edenor.
Como se dijo, todavía falta el tratamiento en el Senado pero nada indica que este perjuicio a las arcas públicas sea frenado en esa cámara pues la mayoría de la oposición viene haciéndole muy poco honor a esa palabra y levanta sus manos con entusiasmo a todos los proyectos que envía el Ejecutivo sin reparar en los daños que puedan provocar al conjunto de la sociedad.
Cuando el gobierno decidió quitar los subsidios a los servicios públicos lo hizo en nombre del “sinceramiento” de la economía y de la “necesidad” de “equilibrar” las cuentas públicas. No utilizó un camino gradual, lo hizo de una sola vez aplicando aumentos descomunales como nunca antes se había visto en la historia del país. Nunca hubo, bajo ningún gobierno -de jure o de facto- un tarifazo tan despiadado contra los usuarios. Ese brutal castigo contribuyó decididamente a la enorme pérdida del poder adquisitivo que hoy registran los salarios cuyo deterioro es el más acelerado del que se tenga memoria porque también se sumó la gran devaluación que permitió el macrismo al liberar el tipo de cambio sin gradualismo ni medidas defensivas del salario.
Esta extrema dureza que mostró el gobierno hacia los asalariados y jubilados con medidas que afectan extraordinariamente sus ingresos, contrasta con la benevolencia que muestra hacia los grandes empresarios. La quita de los derechos a las exportaciones al agro y la minería, los aumentos descomunales y sin brindar explicaciones a las empresas petroleras, las desregulaciones para favorecer al sector financiero y a las grandes corporaciones de medios son solo una muestra de ese doble rostro.
Ahora llega este otro regalo a quienes, además de grandes empresarios, son estrechos allegados al presidente. Está claro que el macrismo, a menos de un año de estar en el gobierno, no quiere demorar su tarea de volver más injusto este país.

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