El frentismo retorna y expresa este momento

Señor Director:
Quienes siguen el acontecer político argentino, han tomado nota del hecho de que en estos días se ha perfilado una orientación frentista, enderezada a la renovación legislativa de 2017.
Este panorama muestra una diversidad de rasgos, pero la línea que se va dibujando es frentista. Habrá quien piense que la tendencia a la polarización en frentes electorales puede estar dando cuenta de una crisis democrática, porque la realidad da cuenta de que las opiniones son por lo común tan diversas que se expresan más diáfanamente cuando hay varios partidos con rasgos propios que se presentan a la puja electoral, aunque hasta en tal caso los partidos son suertes de frentes que no tardan en mostrar una diversidad interna caracterizada como la tradicional tripartición en derecha, centro e izquierda y aun así hay ciudadanos que no se sienten expresados y optan por alguno de los partidos o, incluso, se abstienen de votar. Se les llama “independientes” y constituyen una tercera fuerza.
Lo que se observa en la actualidad política argentina es la tendencia a constituir dos frentes, aunque no siempre esta palabra aparezca en la denominación. El gobierno actual es un frente porque se ha constituido con el macrismo que tuvo expresión inicial en la CABA y que necesitó aliarse con el radicalismo para tener una expresión territorial de la que no disponía y necesitaba mayor tiempo para constituirla. En el momento presente el “frente” gobernante opera políticamente, también, para cerrar los caminos de un frente opuesto, el cual se acaba de enunciar por el peronismo llamado kirchnerista, cuya ajustada derrota de 2015 es atribuida a la falta de una apertura oportuna y más amplia de la que se había constituido como acompañante en el período 2003-2015, quizás el más prolongado si se exceptúa el predominio de la línea tradicional, conservadora, que tuvo vigencia desde la organización nacional hasta comienzos del siglo XX: hasta Yrigoyen.
La idea de un frente para oponer al actual gobierno a partir de la renovación legislativa de 2015 fue formalmente anunciada con participación de la ex presidenta y a partir de ese momento se ha asistido a pronunciamientos sucesivos encaminados en la misma dirección, con un objetivo central que consiste en agrupar a las diversas fracciones en que se manifiesta el peronismo originario, sobre todo desde el retorno de la democracia en l983. A su vez, el frente que lleva el nombre de Cambiemos se esfuerza por enriquecerse con la aproximación de sectores del peronismo o, al menos, neutralizarlos en opciones como la que ofrece el Frente Renovador (massismo).
Los dos partidos principales del proceso que se ha desarrollado desde 1955 (“revolución libertadora”) han sido el radicalismo y el peronismo. Ambos se han mostrado fraccionados y frentistas y han utilizado una diversidad de denominaciones. El mayor caudal estable se le reconoce al peronismo. El triunfo del kirchnerismo en 2005 fue poco esperado, porque esta opción surgió en un momento de confusión por el estado de la economía y una decepción que halló esa frase tan expresiva: que se vayan todos. En ese estado Kirchner pudo contar con un aporte significativo del peronismo tradicional y con quienes no renunciaban al camino político (democrático) a pesar del “que se vayan todos”. Se recordará que la elección de 2005 mostró que dos grupos salidos del tronco peronista ocuparon los primeros lugares. El menemismo entendió el sentido del voto y desistió de la confrontación definitoria.
Desde que la ex presidenta definió la opción frentista, se han estado produciendo pronunciamientos a favor de esta idea, aunque con matices. Al tiempo que el frente que posibilitó el triunfo del macrismo en 2015, opera para hacer pie en la vasta geografía argentina o en fortalecer la opción massista para debilitar al frente nucleado por el kirchnerismo.
Atentamente:
Jotavé

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