El gobierno y sus “mentiras verdaderas” sobre la economía

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Algunos piensan que el oficialismo erró el diagnóstico. Nada más equivocado, los neoliberales saben lo que
buscan, aún cuando guiados por una planilla de cálculo puedan errar en la implementación, como con las
tarifas de gas y energía eléctrica.
EDUARDO LUCITA *
La realidad de estos primeros nueve meses de gobierno va corriendo el velo que encubría las propuestas económicas de la campaña electoral. El pragmatismo gubernamental impuesto por una realidad y una resistencia social mayor a la esperada, muestra ahora un mix de medidas de mercado con un pretendido revival del consumismo kirchnerista. Es el horizonte electoral el que va fijando las prioridades.
Tal vez el título de aquella película de 1994 “Mentiras verdaderas”, mezcla de acción y comedia, sirva de contexto general para comprender el verdadero significado de las declaraciones del presidente Mauricio Macri en su estadía en la lejana Hangzhou (China), cuando asistió a la reunión del G20. En el final del conclave concedió diversas entrevistas a medios radiales donde negó la reapertura de las paritarias con el argumento de que ya estaban negociadas y la inflación iba a la “baja drásticamente” y agregó: “pensar que íbamos a sincerar la economía y a su vez crecer inmediatamente era un imposible”.

Sinceramientos.
Tal vez el presidente no fue consciente del significado de aquella verdad por él revelada, porque con ella dejó al descubierto el valor meramente circunstancial, por no decir falsedad, de algunas promesas de campaña. Se dijo entonces que la devaluación no impactaría sobre los precios porque el mercado ya había descontado la suba del tipo de cambio, ahora se reconoce que las empresas fijadores de precios remarcaron antes, durante y después de la devaluación. También se aseguró que no bien asumiera este gobierno se generaría un shock de confianza que haría llover dólares de inversiones. Por estos días los funcionarios se vieron obligados a reconocer que esto no resultó como decían, primero argumentaron que antes había que arreglar con los fondos buitre, luego que era necesario bajar la inflación; ahora que hay que esperar se resuelva el problema de las tarifas. Lo concreto es que las prometidas inversiones productivas no llegaron, lo único que hay son anuncios de futuro. Por eso la reunión de esta semana del Foro de Inversión y Negocios de la Argentina (“mini Davos”) con el que se pretende atraer inversiones extranjeras protegidas por los Tratados Bilaterales de Inversión (TBI) que condicionan la regulación estatal. Eso sí, el endeudamiento total en este corto período es record, del orden de los 35 mil millones de dólares, se dice que es porque el mundo está ansioso de invertir en la Argentina, y no por el bajo nivel de endeudamiento externo que favorece la toma de deuda en un mundo donde abunda el capital financiero.
Nada se dijo en su momento de posibles despidos, pero desde China el presidente reconoció entre setenta y cien mil en su gestión. El Indec acaba de reconocer oficialmente que la tasa de desocupación está en el 9.3 por ciento… De lo que ya no se habla es de que el gobierno habilitó los despidos en el sector privado cuando apenas debutado lanzó una fuerte campaña sobre los trabajadores estatales. Ahora se anuncia que a fin de año hay 114 mil empleos públicos en la cuerda floja y se conocen numerosas suspensiones en el sector privado que pueden ser la antesala de nuevas pérdidas de empleo.

Los números cantan.
Cualquier sea el dato que se tome -oficial o de fuentes privadas- da cuenta que ingresamos ya al tercer trimestre de caída del PBI y que estamos en recesión profunda. Los salarios han perdido el 10 por ciento de su capacidad adquisitiva, las jubilaciones y pensiones más; la construcción cayó un 23,1 por ciento, la industria 7,9 y el consumo 8.0 por ciento. Pérdida de capacidad adquisitiva, baja del consumo, deterioro de las exportaciones, freno transitorio a la obra pública, gradual apertura de las importaciones, todo redunda en una caída de la actividad económica que, con excepción del privilegiado sector agroindustrial, afecta al conjunto de los sectores de la economía.
Los progresistas de distinto cuño creen que el oficialismo erró el diagnóstico. Nada más equivocado, los neoliberales saben lo que buscan, aún cuando guiados por una planilla de cálculo puedan errar en la implementación, como con las tarifas de gas y energía eléctrica. Para la teoría neoclásica que profesan los neoliberales y tecnócratas del gobierno, el alza de los precios y la carestía de la vida no son resultado de la concentración económica y las altas tasas de ganancia de los formadores de precios, sino de un exceso de la demanda. Por lo tanto la solución consiste en bajar el nivel de la actividad económica para que la demanda se equilibre con la oferta.
Es lo que estamos viendo en estos días, la contrapartida de este extendido proceso recesivo, acompañado por la reducción de la emisión monetaria y un tipo de cambio planchado, es la desaceleración de la tasa de inflación -anualizada se la supone en un 40 por ciento- ayudada en agosto por el freno a las tarifas de gas que fijó la Corte Suprema. El objetivo es llegar a una inflación del 1,5 por ciento mensual. Esto es regresar a la inflación del kirchnerismo, un 25 por ciento anual, que era considerada altísima por los mismos que ahora la ponderarán como un éxito de la política en curso.
Entonces ¿qué quiso decir el presidente en China con su sinceramiento? Quiso decir que el capital no puede controlar la inflación y crear empleo al mismo tiempo, que no puede controlar la emisión monetaria e impulsar la actividad económica en paralelo. En pocas palabras que para salir de la crisis primero tenía que profundizarla. Un analista bastante imaginativo sentenció: “recibieron una papa caliente y la pusieron al horno”.

Expectativas.
Distintos funcionarios gubernamentales han comenzado a circular la idea de que la recesión ha tocado fondo y que la desaceleración de los precios junto con la segunda parte de las paritarias más las mejoras jubilatorias reimpulsarán el consumo. Al mismo tiempo el blanqueo aportaría fondos para paliar en parte el déficit fiscal.
Sin embargo por las dificultades encontradas han corrido la recuperación económica al primer semestre del 2017. En sus elaboraciones contemplan que los brotes verdes comenzarían a mostrase a fines de este año y que la clave será que la economía crezca entre abril y octubre del año entrante. Obra pública, inversiones en energías alternativas, estímulos al consumo y mayor endeudamiento serían los motores principales que impulsarían la recuperación. Es el horizonte electoral el que está definiendo las prioridades.
Mientras tanto la resistencia social a estas medida y al ajuste tiene una curva ascendente. Inició con un fuerte marcha de estatales en febrero, siguió con la fuerte concentración obrera del 29 de abril, continuó con la movilización de miles de desocupados, tercerizados, de la economía popular en el día de San Cayetano y tuvo un punto muy fuerte en la reciente Marcha federal que congregó al conjunto de clases y sectores atravesados por la crisis. ¿Tendrá impacto esta resistencia en el plano político?
Si el gobierno sale ganancioso de la prueba electoral de octubre 2017 las prioridades comenzaran a ser fijadas por el largo plazo y ésa ya será otra historia.

* Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).

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