El golpe blando a la educación

LA EVALUACION DEL "RENDIMIENTO ESCOLAR"

El uso del múltiple choice para evaluar el “rendimiento escolar” constituye un ejercicio conductista propio de
pedagogos rudimentarios de las corporaciones.
HORACIO GONZALEZ *
El método de control de aprendizaje denominado múltiple choice es un instrumento empresarial de evaluación del personal en cuanto a su disposición al disciplinamiento. Utilizarlo como forma de apreciación del llamado “rendimiento escolar” consiste en un ejercicio conductista que reúne una línea de vigilancia y otra línea de traslación del conocimiento hacia las escalas valorativas del mercado. Por otro lado, el concepto de rendimiento proviene de una concepción meramente acumulativa sobre el saber y la información en general, que responde a un sistema taylorista de la enseñanza. Se traslada la idea de productividad proveniente del industrialismo del siglo XIX a un momento educacional donde se debería convertir a la escuela en un ámbito de discusión sobre cómo se forja el juicio (“la facultad de juzgar”) en una sociedad democrática.
En cambio, en el centro de la prueba del Ministerio de Educación yace una visión atomística del individuo a la cual se le traslada una plataforma de valoraciones que puede admitirse en los puntajes de los juegos olímpicos, pero que aún en éstos también se puede decir que el cuerpo humano fue tomado ya no como emblema clásica de belleza y lirismo de la enigmática física corporal, sino como maquinaria donde ensayar puntajes de modelación de una corporeidad tecnificada.
Las olimpíadas matemáticas, por ejemplo, no son una idea rechazable de por sí, pero engendran en su secreto llamado a hacer de la imaginación abstracta una tabla de rendimientos, el proyecto implícito de contraponer el aprendizaje a la productividad. Triunfa el “récord”, la “superioridad” o a la superflua rareza de la “guía Guiness”. Por ejemplo, una noticia reciente de la Fundación Guiness indica que “con 26 mil 896 latas de plastilina Play Doh de 20 colores diferentes se creó el mosaico más grande del mundo hecho con envases de plástico en la explanada de la Plaza de la República…”. No indicó en qué lugar del mundo está esa plaza, porque en su última significación, está aquí, entre nosotros. Es claro que es un juego, pero va en consonancia con el tipo de competición de los medios de comunicación, que son parte de la vida popular, encierran también un secreto modelo educativo que son portadores de una idea del saber. No el saber clásico, que procede por sorpresa, descubrimiento y autoconciencia, sino el saber “comunicacional”, que procede por competencia, secreto y conspiración (como en la auto-ironía mediática por excelencia, el “Gran Hermano”).

“Sondeo de opinión”.
Es la idea de competición en torno al cuerpo que “más puede” a partir de su docilidad, acatamiento a la racionalidad empresarial y un tipo de conocimiento regulado, que se expresa muy bien en competencias como “París/Dákar” y otras del estilo, modelo de rivalidad en redes financieras que se aplica a un viejo deporte, como la carrera de artefactos móviles, provenientes de los pueblos de la antigüedad, hoy en manos del capitalismo abstracto que permite encarnarse en altas maquinarias que simbolizan el “peligro” y el “triunfo heroico”. Estos, ya no ejemplos para el hombre clásico del ciudadano de la polis, sino modelo del “emprendedurismo” neoliberal.
Cómo no podíamos esperar otra cosa, es lo que este gobierno representaba en sus proyectos que esgrimen novedad pero tienen el signo de lo obvio del actual momento político mundial, en el que se pretende convertir la escolaridad de los antiguos estados fundados en el educacionismo liberal-ciudadano (polémica Sarmiento versos Alberdi) en un artificio de código de barras en cada conciencia. Es evidente que los aspectos éticos más importantes de la formación de un pueblo se disgregan a través de la disolución de los ámbitos de la historia, la sociedad y la lectura. Se lo reemplaza por un “sondeo de opinión”.

Prueba detectivesca.
Las técnicas de indagación sobre el conocimiento en las escuelas y el desempeño creativo del vínculo de los alumnos con los profesores no pueden ser sometidas a preguntas que surgen de cuestionarios cuya mera aplicación ya presupone inferiorizar y someter al cuerpo docente y estudiantil a una humillación patronal. ¿Entonces no sería necesario saber cómo se aprende y como se enseña en las instituciones educativas de distinto nivel, sean públicas o privadas? Sí, pero no de esta forma totalmente alejada de cualquier noción de lo que es el saber y la enseñanza. Estos actos con profunda consecuencias objetivas y subjetivas son tan delicados y están siempre tan vinculados a una disposición del saber donde éste “está siempre por emerger”, en “inminencia”, que no pueden ser comprimidos en “opciones” probabilísticas. Esto no quiere decir que no importe la información y la memoria, pero éstas tampoco son rutinas fabriles sino modalidad de una poética. No otra cosa es la enseñanza. Que incluso se liga a las formas éticas más elevadas del trabajo manual y la destreza en cualquier oficio que sea.
Una “prueba” corre siempre el riesgo de ser coercitiva. Con esta concepción ministerial, se agrava su carácter detectivesco. Dudosamente el conocimiento las atraviese, pues se desprecia del conocimiento lo que tiene de diálogo con los más antiguos mitos y relatos, y se lo coloca en una cuadrilla de opciones que, muy ajenas al sustrato ético del conocer, se asemejan a la duda del comprador de un supermercado. ¿Qué producto llevaré que me dará a conocer mejor que pasó durante una dictadura horrorosa? Es evidente que el diálogo de comprobación del estado de relación entre profesores y alumnos es imprescindible. Son tan necesarias como que ese material debe comentarse de una manera incesante. No es que el conocimiento sea mítico, sino que opera como los mitos, sobre un esqueleto narrativo común dónde se producen variaciones que no necesariamente son un proceso de acumulación y de almacenamiento, sino sucesivas rupturas con lo ya sabido. El conocimiento siempre está en estado de pregunta, tanto en las ciencias llamadas humanas como las ciencias llamadas naturales. Pero son preguntas en libertad, no encajonadas por pedagogos rudimentarios de las corporaciones (de donde toma el ministerio actual estas pruebas).

Alarmismo y consternación.
Por cierto que una parte esencial del conocimiento no es su coraza, sus formas fijas (qué población tiene Irlanda o en qué consiste un silogismo o en qué batalla fue derrotado Napoleón), pero se debe aclarar que tampoco el proceso en que ocurren los hechos, como los profesores más destacados insisten en enseñar. Ciertamente, saber que aquella batalla fue Waterloo no nos exime de conocer todo el conjunto más extenso de acontecimientos y en todas las dimensiones que tienen éstos, que van desde la Revolución Francesa hasta la derrota de 1815. Pero aun así resta un sentido de lo histórico, que se halla especialmente localizado en la facultad esencial de habla y del uso del lenguaje, cuya historicidad fundamental de por sí es la sede del aprendizaje. ¿Entonces sería válida una prueba sobre el estado del lenguaje? También, sí, siempre y cuando no sea un “multiple choice” mutilador y que cuente con acuerdos amplios, de docentes, padres, autoridades escolares, alumnos, debate social en general. Sino, ya sabemos qué nos van a decir: con tintes de alarmismo y consternación nos dirán que un porcentaje abrumador no sabe qué ocurrió el 9 de Julio y quiénes ganaron el premio Nobel de medicina en la Argentina. Habrá un porcentaje alto que no conocerá las batallas de San Martín y uno menor que puede hasta no saber si fue un general de la Independencia o un jugador del Real Madrid. ¡Espanto! Y nuevamente: no se trata de festejar ese supuesto desconocimiento, pero sus causas están muy lejos de ser imaginadas por quienes pegan con chinches en telgopor las posibilidades educativas, que solo son aptas para forjar gerentes o masas humanas para los “call centers” o las labores descartables del “rally de los sometidos sociales”.

Golpe blando.
Esta prueba masiva es un golpe blando a la educación. Su concepción es destruir el aparato docente heredado (no de ahora, del siglo XIX) y en vez de reformularlo con una movilización del propio cuerpo educacional argentino, que sabe bien cómo son estos debates, ya se apresta a imponer no solo implícitos propósitos políticamente oscuros de centinela sobre el gremio docente, sino la construcción de escalas y rankings sobre los que se distribuirán los presupuestos de la economía educacional y se negociarán los “saberes necesarios”. Estos nunca deberán ser estamentalizados en grados de distinción social, sino investigados en las escuelas a partir del tejido de intercambios masivos que sucede en el mundo comunicacional y las llamadas “redes”. El papel de la escuela es hoy no el de reproducir esas redes sino investigarla con modalidades críticas y creativas. Todo ello se basa sin duda en las múltiples elecciones libres y en el azar inherente a la existencia, que siempre son parte esencial del conocimiento, pero eso surge de las conciencias autónomas y no de un formulario inspirado en la ideología del “management”. (Nuestras Voces).

* Sociólogo, docente, ensayista, ex director de la Biblioteca Nacional.

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