El gran ejemplo de una cooperativa

Una cooperativa eléctrica pampeana hace catorce años que viene descontando el 40 por ciento en la facturación de la energía eléctrica a instituciones de bien público. Se trata de la Coseria alvearense que en el año 2002, cuando el país vivía la pesadilla de una tremenda crisis socioeconómica, resolvió atender las necesidades de entidades sociales, deportivas y culturales que luchaban por sobrevivir. Clubes, bibliotecas, bomberos voluntarios, centros de jubilados, iglesias y otras instituciones recibieron ese apoyo porque la dirigencia cooperativa de Intendente Alvear era muy consciente de lo que significaba para la comunidad el funcionamiento de esas entidades y el alto costo social que implicaba su ahogo financiero y segura desaparición.
No hubo grandes anuncios ni ningún dirigente pretendió lucirse ni sacar rédito político con esa muestra de sensibilidad social, que no es otra cosa que llevar a la práctica la filosofía de la cooperación. Sin embargo para la escala económica de la Coseria se trató de una contribución nada menor. Si las grandes empresas privatizadas hubieran realizado un esfuerzo equivalente hoy sería muy distinta la realidad de todo el sistema energético del país. Pero ni siquiera cumplieron con las inversiones requeridas en los contratos de concesión a pesar de los generosos subsidios que recibieron durante muchos años por parte del Estado nacional, es decir, de todos los argentinos.
Este ejemplo expone en forma categórica la gran diferencia que existe entre las entidades cooperativas y las grandes compañías con fines de lucro. La finalidad de ambas es diametralmente opuesta. Las primeras otorgan prioridad al servicio que prestan y al bienestar general de los usuarios que son, a su vez, “dueños” de ellas; en cambio las segundas anteponen la ganancia económica de sus pocos pero muy poderosos accionistas; que en muchos casos ni siquiera son argentinos.
En momentos en que el gobierno nacional se encuentra cuestionado por el despiadado tarifazo que descargó básicamente sobre los bolsillos de las familias argentinas, las pequeñas y medianas empresas y las instituciones sin fines de lucro, este ejemplo de la Coseria adquiere una relevancia extraordinaria. Revela que la “sensibilidad” que quiere mostrar el macrismo frente a la enorme cantidad de reclamos que se alzaron en todo el país no es más que una estrategia política para salir del paso ante una decisión previa de aumentar desmesuradamente los servicios públicos. El gobierno no llega a la decisión de suavizar un poco la enorme magnitud de los tarifazos por convicción sino forzado por la indignación popular, a pesar de que se esfuerza por maquillarla con el respaldo incondicional de los grandes medios de comunicación aliados.
Si el gobierno nacional hubiese estado inspirado por un pensamiento político, económico y social siquiera aproximado al de la cooperación, no hubiera castigado tan duramente a los de abajo y beneficiado a los de arriba con sus medidas. Y se hubiera ahorrado el masivo repudio a los tarifazos de las mayorías que viven de un salario o una jubilación y de las Pymes.

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