Inicio Opinion El libro y una ausencia notoria

El libro y una ausencia notoria

A pesar de que no se lo remarca lo suficiente, existe una relación directa entre la cultura de un pueblo, en su sentido más amplio, y su capacidad de desarrollo social y político. La Argentina es un buen ejemplo de esta consideración, especialmente por acción de la Ley 1420 de educación laica, gratuita y obligatoria. Esa norma, atacada y degradada en varios períodos políticos (incluso bajo gobiernos denominados «populares») fue probablemente el mayor logro de la llamada Generación del Ochenta y dio al país un lugar preminente en América, y acaso también en el mundo, promoviendo una movilidad social inédita que todavía se advierte a poco que se investigue en la historia de cualquier pasado familar.
Ahora bien, el instrumento esencial de esa acción fue, por lejos, el libro, máxime en un tiempo en que era la forma de divulgación y educación masiva casi única. Y tanto que hasta la última década del siglo pasado Argentina, junto con México y la propia España, albergaba los centro editoriales más importantes en idioma castellano. Abundaban en el país las editoriales, y las librerías, en las grandes ciudades especialmente, eran un espectáculo habitual con sus bandejas de ofertas asomadas a las calles.
El cambio político que llegó en los últimos tres años y medio al país trajo, de la mano de las políticas neoliberales, transformaciones en esta materia, y no positivas. Cualquier lector medianamente informado habrá advertido que hay expresiones que dejaron de aparecer en el discurso público del partido gobernante: «pueblo», «derechos», «soberanía», «cultura»… Sin embargo, hasta la semana pasada no se había visto una muestra de semejante desinterés oficial con respecto a la promoción del libro como instrumento cultural.
En el Congreso de la Nación tuvo lugar la presentación del proyecto de ley que impulsa la creación del Instituto Nacional del Libro Argentino. Estuvieron presentes escritores, editores, representantes de los sindicatos y cámaras del libro, universidades públicas y otros representantes de la cultura dispuestos a respaldar un proyecto que busca poner en igualdad de condiciones al libro con el cine, el teatro y la música, que ya cuentan con sus respectivos institutos nacionales destinados a promover y proteger esas actividades.
No pasó desapercibido que semejante proyecto, que contara con tan amplio apoyo popular e institucional, recibiera adhesiones de todos los bloques legislativos con excepción del PRO. Ninguno de los legisladores del macrismo, ni siquiera los más predispuestos a la figuración mediática, estuvo presente para apoyar una iniciativa que excede en mucho a la identificación con cualquier partido y concierne a una faceta tan importante de la identidad nacional.
Con esta ausencia tan notoria el partido que hoy gobierna el país le dio la espalda al desarrollo cultural y espiritual de los argentinos y volvió a mostrar que los intereses que defiende se encuentran limitados exclusivamente al campo de la materialidad económica. Ni siquiera las grandes dificultades que hoy atraviesa la industria editorial a causa de la caída estrepitosa de las ventas, despertó la solidaridad del oficialismo. Toda una definición política.