El manoseo de las estadísticas

La seguidilla de malas noticias económicas no se detiene. Sin embargo lo más notable es que continúan sin aparecer en las tapas de los grandes diarios porteños y tampoco figuran en la agenda de la televisión, entretenida en la noticia policial del día -cuanto más morbosa, mejor- o en los chimentos de la farándula del espectáculo y el deporte.

Lo cierto es que se acaba de conocer que los indigentes -aquellos que no alcanzan a adquirir una canasta básica de alimentos- casi se duplicaron en la Ciudad de Buenos Aires al aumentar un 98 por ciento durante los últimos tres años, según datos aportados por la Dirección de Estadísticas y Censos del gobierno de la CABA. En cuanto a la pobreza -los que no llegan a cubrir la Canasta Básica Total-, el aumento registrado en ese lapso fue también mayúsculo: el 54 por ciento, de acuerdo a la misma repartición oficial. Así, hoy el 6,6 por ciento de los porteños vive en situación de indigencia y el 20,9 por ciento en la pobreza.

Este verdadero “cambio” que trajo la administración macrista al país está modificando de raíz el paisaje social de la Argentina, empobreciendo a grandes franjas de la población que se caen sin red de contención porque pierden sus empleos o -los que lo mantienen- ganan cada vez menos debido a la acción de esa máquina de triturar salarios que es la inflación desbocada.

Pero esas cifras que, se repite, son oficiales, no solo nos muestran la drástica caída del nivel de vida de los argentinos en el distrito más rico del país -la Capital Federal- sino que iluminan acerca de otro hecho que es ignorado por los grandes medios amigos del gobierno: la manipulación de las estadísticas referidas al daño social que viene provocando Cambiemos desde su asunción hace tres años.

Algunos economistas no ortodoxos e institutos de estudios sociales vienen alertando sobre este fraude a la confianza pública, pero no reciben el mismo tratamiento mediático que el que le daban a los cuestionamientos al INDEC del kirchnerismo. Para los grandes medios oficialistas la manipulación de las estadísticas públicas solo es noticia cuando se habla del gobierno anterior; bajo el macrismo, en cambio, el mismo fenómeno es prolijamente ignorado.

Según las cifras de la Universidad Católica, la pobreza en todo el país creció apenas 4,4 puntos al pasar del 29,2 por ciento en 2015, al 33,6 por ciento en 2018. ¿Es creíble que en todo el territorio nacional el incremento de la pobreza haya sido tan bajo con relación al registrado en el distrito más rico del país? Semejante abismo entre una cifra y otra, ¿puede ser sólo atribuible a la metodología de cálculo?

Es cierto que parte de la responsabilidad le corresponde al kirchnerismo por haber ignorado este tipo de mediciones, y que algunos organismos locales -como la citada repartición porteña- aportan series estadísticas confiables. Pero a nivel nacional es inocultable cómo el gobierno con la colaboración de los economistas del establishment y algunas universidades privadas ha logrado embellecer su gestión. Este ejemplo es esclarecedor porque permite advertir hasta qué niveles se pueden manipular los datos de los indicadores sociales con el propósito de maquillar el feo rostro del ajuste.