El mundo ante el nuevo municipalismo

El “nuevo municipalismo” recorre el mundo. Como una respuesta frente al poder avasallante de la globalización y los planes de ajuste centralizados, este resurgimiento de la política de las ciudades, de la recuperación de las autonomías perdidas va ganando terreno a paso firme.
En Inglaterra, España, Italia, Alemania, Estados Unidos se suman experiencias de ciudades que se proponen consolidar sus políticas comunales. Hasta en Cuba, un país socialista, la reforma constitucional que está en pleno debate contempla la jerarquización de los municipios en desmedro de las provincias como una forma de aligerar las estructuras burocráticas y estimular la participación ciudadana.
El avance de las políticas neoliberales con su secuela de relocalización y destrucción de industrias a escala global estimuló como reacción el surgimiento de experiencias destinadas a la búsqueda de mayor grado de autonomía municipal. El remanido argumento de la “llegada de inversiones” no tuvo los efectos prometidos para muchísimas ciudades del mundo pues se concentró básicamente en megaproyectos inmobiliarios de dudosa utilidad para las propias comunidades. De ahí el cambio de mirada que empezó a generarse y con ello la revalorización de las inversiones locales, el desarrollo de cooperativas, mutuales, pequeñas y micro empresas y hasta la idea de la banca municipal sin fines de lucro, toda una herejía en un escenario global donde manda el neoliberalismo.
“Partir de nuestras propias fuerzas, de imprimir una lógica diferente a los megaproyectos. A las grandes corporaciones les interesa la ganancia de un proyecto para potenciar su rentabilidad en otros lugares. El impacto en la economía local no figura entre sus prioridades”, señala una plataforma partidaria en Gran Bretaña que tiene absoluta vigencia en nuestro país, en nuestra provincia y en nuestra ciudad.
¿O acaso el plan director para solucionar el desastre sanitario de Santa Rosa no se está elaborando en Buenos Aires casi sin participación de técnicos locales ni de los vecinos? El proyecto se está confeccionando en una remota oficina de la burocracia nacional y las autoridades municipales ni siquiera saben su nivel de avance o cuándo estará finalizado.
El debate por la ordenanza de las antenas en los espacios públicos también está estrechamente vinculado con esta cuestión pues involucra a la autonomía a la que aspiran la comuna, los habitantes de la ciudad y sus instituciones vecinales frente al poder de las enormes corporaciones nacionales y transnacionales cuyos intereses económicos están muy lejos de coincidir con los de la comunidad local. Son apenas dos ejemplos de enajenamiento del poder de decisión.
En el mundo ya se están viendo resultados. No pocas ciudades empiezan a mostrar avances económicos más sólidos que no dependen de remotos capitales sino de iniciativas locales, de menor escala pero mucho más comprometidas con las sociedades en donde se insertan. No se trata de promover un localismo exacerbado sino de establecer prioridades en las políticas municipales. Y de dejar de depender de un modelo de desarrollo cuyas palancas están cada vez más lejos de las comunidades locales y sus intereses.