El paro como un plebiscito

I. Las “huellas digitales” permiten hoy rastrear la vida pública de los dirigentes con gran precisión. Las declaraciones periodísticas o las incursiones en las redes sociales conforman un archivo esclarecedor para evitar las trampas del marketing político. Desde el presidente para abajo, todo el macrismo se encolumnó para fustigar el paro nacional del lunes con el enorme dispositivo mediático de siempre funcionando a todo vapor. Pero algunos medios no oficialistas y las redes sociales replicaron con el archivo digital que dejó al descubierto el notable “cambio” de la dirigencia macrista que, hace pocos años, cuando era oposición y gobernaba el kirchnerismo, alentaba con gran entusiasmo los paros sindicales. Macri, Frigerio, Vidal, Bullrich y otros no ahorraban elogios entonces a aquellos paros, reivindicando los “derechos” de los trabajadores ante “un gobierno que no escucha”.
Hoy el macrismo en el gobierno se olvidó de su pasado de barricada y cargó con furia contra la medida de fuerza de la CGT, las CTA y todas las líneas que integran el gremialismo argentino que alcanzó muy altos niveles de adhesión en todo el país.

II. Lo que más parece dolerle al macrismo es que el paro -como dijo un analista- puede leerse hoy como un plebiscito a las políticas gubernamentales. Y en tal sentido resultó evidente que una contundente mayoría de la población se expresó por rechazarlas. Si bien el grueso del apoyo estuvo en el universo del trabajo sindicalizado, no menos cierto es que la medida contó con una fuerte adhesión de los trabajadores de la economía social, los desocupados, los jubilados y hasta de las pequeñas y medianas empresas que, en muchas ciudades, se sumaron con un cierre de persianas poco habitual.
El paro operó también como un liberador de la presión social que se viene acumulando desde hace tiempo y muy especialmente desde fin del año pasado cuando, tras ganar las elecciones legislativas, el macrismo concretó en el Congreso Nacional la reforma jubilatoria que había negado en la campaña electoral. El incumplimiento de una promesa tan cara a un sector vulnerable de la sociedad generó una inmensa movilización que no alcanzó para frenar una ley tan negativa pero constituyó un quiebre en el escenario político. A partir de allí el malestar social comenzó a traducirse en una oposición con mucha mayor presencia en las calles.
La brutal devaluación y su traslado a precios y tarifas le echaron combustible al malhumor general por la insensibilidad del gobierno para atender la evaporación de salarios y jubilaciones y su persistencia en manetenerlos bajo un cepo. También el desesperado retorno a los brazos del Fondo Monetario Internacional, por los ominosos recuerdos que despierta y los padecimientos que, lejos de superarse, recrudecerán en el futuro, como lo reconocen hasta los economistas más amigos del gobierno.

III. Es bien sabido que muchos de los dirigentes de la CGT defienden con más pasión sus intereses personales que los de los trabajadores que dicen representar. Pero el descalabro económico, la mayor determinación de las dos CTA y otras líneas gremiales a lanzarse al paro y un evidente destrato del gobierno los terminó por empujar a la huelga. Es decir, hicieron mucho mas por la medida de fuerza los factores externos que la propia convicción de la dirigencia cegetista que siente horror si la llaman “opositora” y está mucho más cómoda en la negociación palaciega aún sentándose a la mesa con un gobierno neoliberal que no para de perjudicar a los trabajadores y hasta viene amenazando con un proyecto de reforma laboral made in FMI.
Así y todo la CGT salió robustecida por el paro, y el gobierno, a pesar de sus esfuerzos por bajarle el precio, tendrá ahora a un interlocutor en condiciones de asumir con más fuerza -si se lo propone- la defensa de sus representados.