El pasado retorna a pedir justicia

LA SEMANA PAMPEANA

I – La UCR se vio conmocionada en la semana por la publicación periodística de una grave denuncia por violación contra un diputado provincial y candidato en la lista partidaria. Luego del impacto inicial, que incluyó el apoyo de la máxima autoridad partidaria, el candidato a gobernador radical, fue decisivo para que el involucrado en el caso decidiera bajarse y enfrentar la situación sin afectar con su presencia en la lista, las posibilidades electorales de su partido.

II – La denuncia la formuló una mujer que acusó de violación a dos personas, una de ellas el ahora diputado radical, en 1984. El médico que la revisó constató el ataque sexual y las lesiones que ese ataque le provocó. Pero la adolescente tuvo que enfrentar sin abogado a esa corta edad un proceso penal plagado de irregularidades que terminó al año siguiente con el sobreseimiento de los imputados por la extinción del plazo para presentar pruebas y por el testimonio de dos policías que no eran testigos del hecho sino de su denuncia. Avergonzada por esa situación que la expuso a esa corta edad a la maledicencia fomentada por los “poderosos” del pueblo y sus aceitadas relaciones políticas, judiciales y policiales, abandonó el pueblo e intentó rehacer su vida en el sur del país. Treinta años después, desde allí ahora formuló la denuncia.

III – No es casualidad que ese mismo año, 1984, un hoy candidato por un partido personal y entonces alto funcionario del gobierno provincial, haya podido evadir su comparecencia en los tribunales luego de ser señalado por un gravísimo caso de violencia de género que descargó sobre su entonces pareja. El funcionario, condenado por abuso de poder en el ejercicio de la intendencia y entonces asesor letrado, golpeó tan severamente (y abandonó en la calle tirada) a la joven que tuvo que ser internada varios días en un conocido sanatorio. Pese a que el caso fue instruido por la policía, el funcionario agresor movió los hilos de sus contactos políticos y logró destruir el sumario y trasladar al policía a un pueblito del Oeste castigado. Pero el caso corrió de boca en boca en toda la ciudad y la provincia y motivó un pedido de informes de los diputados radicales que se hicieron eco del escándalo. Tal era el poder que entonces protegía a los “compañeros”, que la respuesta de la policía, firmada por su jefe de entonces no dudó en falsear los hechos, negando que hubieran ocurrido.

IV – No fueron los únicos casos que señalaron con claridad que había en la justicia pampeana funcionarios portadores de un modo de impartir justicia, claramente heredado de la dictadura, con una férrea sujeción al poder político que traducía en actuaciones (u omisiones de actuación) más atentas a sus presiones (reales o tácitas) que a su deber de impartir justicia para todos. Hubo, desde luego, jueces, fiscales, camaristas, defensores, que escaparon a este tono, pero fueron los menos, casi las excepciones que confirmaron la regla. El periodismo también sufrió en esos años la consecuencia de ese poder coaligado que convertía a los fallos judiciales en castigos económicos a la independencia de los medios que, como LA ARENA, denunciaban esa servil connivencia político-judicial.

V – Treinta años después, muchos de los políticos que medraban en ese ambiente y se beneficiaban de él, siguen queriéndose presentar ante la sociedad creyendo que el tiempo transcurrido puso un manto de olvido a sus antiguas tropelías. Pero la sociedad argentina y pampeana ha cambiado y aquéllas causas que lograron eludir, vuelven de la mano del emblemático testimonio de una actriz que denunció una violación de una década atrás y que cambió radicalmente el estado de ánimo de antiguas víctimas. La denunciante del diputado admite que fue influenciada por ese testimonio y que le dio la fuerza necesaria para enfrentarse ahora a sus viejos fantasmas que, hace tres décadas, la marcaron de por vida cuando sólo tenía 15 años.

VI – ¿Habrá más testimonios? Es posible. Que el ex funcionario apuntado por la salvaje agresión de 1984 y ahora candidato por su propio partido haya salido a curarse en salud al día siguiente de la denuncia que le costó su candidatura al diputado radical, muestra hasta qué punto aquéllos fantasmas de sus viejas tropelías, lo acosan como a Ebenezer Scrooge, el miserable personaje de Dikens. Teme hasta el pánico que algún día (tal vez cercano) deba enfrentar el testimonio de su víctima a la que acalló hasta hoy, y revictimiza cada día con su prepotencia. (LVS)