El peronismo encerrado en supropio laberinto

SIN CONDUCCION NI LIDERAZGO CLARO

La aún no procesada derrota electoral y el espectáculo mediático de bolsos y cajas de seguridad repletos de
dólares han sumado al peronismo en el desconcierto. La ausencia de liderazgo agudiza esta situación.
EDUARDO LUCITA*
Pasados ocho meses de la derrota, el peronismo no encuentra un centro en torno al cual reorganizarse, el desgajamiento de las bancadas parlamentarias fue solo el inicio de un proceso que se va acelerando. En cualquiera de sus vertientes está inmerso en un verdadero laberinto. No es ajeno a este estado el hecho de que pasaran del 54 por ciento de los votos en 2011 a solo el 37 en las últimas elecciones, tampoco la fuerte ofensiva judicial y mediática, que si bien esta dirigida a una de esas vertientes afecta al conjunto.
Por definición un laberinto es un lugar formado por callejones y encrucijadas de formulación compleja que confunden al que está adentro, dificultando la ubicación del centro y la salida. La complejidad actual del peronismo es tal que puede asimilárselo a un laberinto donde han perdido el centro (no tienen líder) y no encuentran la salida. No la encuentran, al menos por ahora, ni siquiera recurriendo a la formulación de Leopoldo Marechal cuando decía: “Del laberinto se sale por arriba”.

Las vertientes.
En esa encrucijada está hoy el peronismo, que tomado de conjunto tendría casi garantizado los actos electorales pero que dividido y fragmentado como está es dudoso que arrime el bochín. Entre esos fragmentos o vertientes pueden identificarse: a) un peronismo tradicional, conservador, que se referencia en el Partido Justicialista y que tiene una fuerte presencia territorial (gobernadores, intendentes, legisladores); b) el ahora llamado pan peronismo (massismo), que se va construyendo por fuera del PJ y que se encuentra en el Frente Renovador, nutrido por dirigentes y ex funcionario del kirchnerismo, que expresan una intervención política más moderada y aggiornada, aunque siempre en el centro-derecha y c) el kirchnerismo puro que se nuclea en torno a la figura de Cristina Fernández de Kirchner y en la reivindicación sin fisuras de los logros de los tres gobiernos pasados. Esta fracción ha quedado convertida en una “minoría intensa”, para usar un término a la moda, con capacidad de movilización pero escasos votos y una imagen pública muy deteriorada. Una cuarta vertiente se encuentra en las centrales sindicales, que hasta ahora no han tenido mayor peso en los debates y en las trenzas por la reorganización. Están más preocupadas en la reunificación, que no necesariamente cohesionará más a los trabajadores, y por ahora son el garante de la gobernabilidad del régimen.

Fragmentación.
Sin embargo estas vertientes o fragmentos no son homogéneos, cada una tiene tendencias o fracciones internas. El grupo de gobernadores está prisionero de sus relaciones con la caja del gobierno nacional y los intendentes con las cajas provinciales, especialmente en el conurbano de Buenos Aires, que los condiciona mucho más de lo que reconocen. Además en su interior están surgiendo nuevas jefaturas territoriales: Juan Manuel Urtubey en Salta, Sergio Uñac en San Juan, Gustavo Bordet en Entre Ríos, Domingo Peppo en Chaco, Sergio Casas en La Rioja, Omar Perotti en Santa Fé, que buscan encarnar una cierta renovación dentro de la ortodoxia. En el pan peronismo se desenvuelve en estos días un debate sobre si volver al redil del PJ o avanzar en una construcción frentista más de centro, en principio con el GEN de Margarita Stolbizer pero teniendo en vistas a Libres del Sur y al Movimiento Evita. Por fuera de todo esto aparece la figura del ex ministro de Interior y Transporte Florencio Randazzo, que no aparece ligado a ninguna de estas vertientes pero que coquetea con todas. El kirchnerismo puro aparenta ser el más compacto sin embargo en su interior conviven sectores como La Cámpora, cada vez más aferrados al fundamentalismo k y desorientados por la falta de instrucciones de su jefatura natural, junto con Nuevo Encuentro y distintos sectores del alicaído Partido Comunista que ven con buenos ojos una alianza progresista hacia el futuro. No obstante todos comparten la ausencia de autocrítica y la postura de no revisar el pasado inmediato.
El caudillismo es una tradición de larga data en América latina. Nuestro país no ha estado ajeno a esta tendencia. Juan Perón en el primer peronismo, Carlos Menem en los noventa y Néstor y Cristina Kirchner en los últimos doce años son clara expresión de esta tendencia. Como la han sido Hugo Chávez en Venezuela, Lula Da Silva en Brasil, o aún lo son Rafael Correa en Ecuador y Evo morales en Bolivia. Lo notable de estos liderazgos, por lo general fuertes, omnipotentes e infalibles en el imaginario de sus seguidores, es que ninguno logró, si es que se lo hubieran propuesto, dejar un sucesor que asumiera la continuidad del liderazgo.

Lo que se viene.
Para un movimiento construido a partir de que es la voz de orden y mando del líder el que orienta el rumbo este no es un dato menor. El liderazgo fuerte fue desde sus orígenes lo que permitió que convivieran en su seno tendencias políticas y sociales muy diferentes e incluso enfrentadas entre sí. En la actualidad la renuencia de Cristina Fernández de Kirchner a ocupar ese espacio decisivo -sea porque está muy ocupada en defenderse de la andanada judicial y mediática, porque ha decidido no jugar en las próximas elecciones o bien porque está decidida a retirarse de la política- ha dejado un vacío de dirección que pega fuerte en todo el peronismo, aunque es casi devastador en el kirchnerismo puro.
Así las cosas y cuando la crisis parece profundizarse, el malhumor crece y el macrismo expone sus debilidades y la falta de una perspectiva de largo plazo el poder concentrado comienza mirar el 2019 y a pensar nuevamente en el peronismo, empujando para su pronta reorganización previendo la posibilidad de un reemplazo. Aquí las figuras de Massa primero y Randazzo después parecen correr con ventaja y serían la tan buscada salida. Aunque todo está por verse.
Lo que está en juego es la gobernabilidad del régimen. El tiempo que va de aquí a octubre del 2017 será decisivo para el macrismo pero también para el peronismo en la oposición.

* Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).