El PJ apostó a la política y ganó

LA SEMANA PAMPEANA

I – El resultado electoral en La Pampa dejó en claro que el peronismo es, cuando se lo propone, una formidable maquinaria electoral que es capaz de remontar épicamente, un resultado tan adverso que ni aún los propios peronistas creían posible hasta que se conoció el ajustado resultado final en la noche del domingo. Pero si se cree que lo del domingo pasado fue sólo el producto de una maquinaria electoral, es posible que se subestime el carácter del pampeano y no se entienda en su totalidad las razones profundas que produjeron ese resultado.

II – Fue, sin dudas, un resultado histórico. En primer lugar porque la diferencia entre las principales fuerzas en pugna fue un puñado de votos. Setenta y cuatro para ser exactos. Casi idéntico al escrutinio que hizo, con los datos de sus propios fiscales, el Partido Justicialista, y que había arrojado, la noche del domingo, setenta y dos votos. Pero más histórico fue que un partido remontara un resultado adverso en más de veinte mil votos en menos de tres meses. No había registros hasta el domingo en La Pampa de algo semejante y su explicación no puede anclarse, como han hecho los opinólogos del régimen que tratan de subsumir todo en la puesta en marcha de una maquinaria electoral. En realidad, esa explicación intenta ocultar que fue mucho más que eso el resultado. Si lo simplifican de esta manera es porque desde hace años apelan a una imposición de un sentido común que, entre otras cosas, adjudica a los votantes peronistas, el casi único objetivo de hacerlo por “el chori y la coca”. De la misma manera que subsumen todo el gobierno anterior con el “se robaron todo”. Pero aquí en La Pampa la causa de la derrota del macrismo, fue esencialmente política y fruto de la expresión de una conciencia ciudadana que no cayó en la trampa de la simplificación que los estrategas de campaña de Cambiemos desplegaron.

III – El resultado fue un balde de agua fría para la alianza Cambiemos en La Pampa. Confiados en que su discurso hueco y carente de anclaje con la realidad, actuaba como un conjuro con el electorado, siguieron haciendo lo mismo que les había dado resultado en las Paso y en el resto del país: ignorar olímpicamente la realidad, hablarle a los pampeanos con un tono de predicadores religiosos y no decir nada de lo que a los ciudadanos les preocupa. No hubo ni una sola propuesta concreta sobre los problemas urgentes y reales que tiene La Pampa. El punto cúlmine de esa puesta en escena donde se vació de contenido al discurso y las palabras pasaron a ser sólo un compendio de frases hechas de un optimismo hueco, fue cuando, en la visita del presidente, Mauricio Macri, en pleno éxtasis del acto en El Fortín, le preguntó al intendente Leandro Altolaguirre, “Intendente, ¿cómo está Santa Rosa?”. Si esa pregunta buscaba una respuesta real, ésta debió ser algo así “como la m… señor presidente”. Pero responder eso hubiera sido salirse del guión con el que se manejaron todos los radicales y los dirigentes del Pro locales en esos días. Lejos de la política, dejaron la campaña en manos de los expertos en manipular a las masas con sus amañadas formas de comunicación y de emitir mensajes engañosos.

IV – (Lo extraño es que, días después, el mismo intendente capitalino, le dio a los santarroseños la respuesta brutal que no se animó a decirle en la cara a Macri. “Las cosas van a estar peor”, dijo. ¿Por qué lo hizo? Tal vez porque, embriagado con la diferencia de 22 mil votos que le habían sacado al PJ en las Paso y en la contundente suma de votos de Cambiemos el 13 de agosto en Santa Rosa, el intendente había dicho en plena votación y al filo de la violación de la veda electoral, que el resultado iba a ser un apoyo de los santarroseños a su gestión. Cuando el domingo a la noche, los resultados de sus fiscales que le auguraban un mentiroso 50% de los votos en la capital pampeana, se chocaron con la realidad, optó por eludir la necesaria autocrítica ante ese rapto de necedad política que lo llevó a hablar antes de tiempo. Descargó entonces su frustración electoral, enrostrándole a los santarroseños que, pese a su voto, las cosas no iban a mejorar).

V – El peronismo, en cambio, apostó a la política. Apostó a las palabras como traductoras de hechos reales. A los verbos como anunciadores de acciones concretas. Fue un duelo de discursos que se vio en los debates. El resultado fue la victoria de la política, de la realidad, del respeto a la inteligencia del pampeano, por sobre el discurso vacío con tono de mensaje de autoayuda que desplegó como nunca antes se había vista en La Pampa, la alianza radical-derechista. (LVS)