El plan de Macri: la recesión programada

LA DISTRIBUCION DEL INGRESO A FAVOR DEL CAPITAL CONCENTRADO

Jorge Molinero* – Pasaron más de cien días del gobierno de la derecha y hay mucha gente que aún se ilusiona con sus promesas. Ello a pesar de los evidentes signos que demuestran que el rumbo real va en el sentido contrario a sus palabras.
La principal característica del gobierno de Mauricio Macri es la mentira, ayudado por la cadena privada de medios de comunicación (y ahora también la pública) que protegen sus decisiones, los mismos que habían denostado con mentiras y distorsiones al gobierno de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. En realidad, el gobierno de derecha de Macri crea ilusiones y promesas con la deliberada intención de no cumplirlas porque su plan es otro: la recesión programada para que los salarios reales y la ocupación caigan y volvamos a una distribución del ingreso favorable al capital concentrado.
El gobierno de Macri -aunque con sus falsas promesas haya logrado el triunfo electoral con el voto de la mayoría de las clases medias y una fracción minoritaria de las clases populares- es el gobierno de los grandes empresarios. Dentro de esas fuerzas la que conduce son los representantes del capital financiero y las empresas extranjeras, dejando un lugar subordinado al sector agropecuario pampeano, casi nulo a la industria nacional y por supuesto sin representación alguna de los sectores populares. Cuentan además con el apoyo de los medios de comunicación, la corporación judicial y el gobierno de EE.UU. Son las mismas fuerzas que hicieron todo lo posible, desde el conflicto agrario y especialmente en el último período del gobierno de Cristina, por desestabilizar la situación económica y ensuciar la política. Desde la negativa a exportar granos del sector agrario, las remarcaciones injustificadas de precios, las especulaciones con el dólar, hasta la utilización política del suicidio del fiscal Nisman, al que ahora quieren hacer aparecer como asesinado por el anterior gobierno sin prueba alguna.

Justificar el ajuste.
El objetivo de estas -y tantas otras operaciones- era que Cristina terminase mal como Alfonsín o como De la Rúa, para
que el pueblo argentino se “vacunase” contra el “populismo”. Cristina se fue del gobierno sin el estallido social que tanto buscaron sus opositores, y con una demostración de apoyo y afecto en una Plaza de Mayo y alrededores colmados de cientos de miles de ciudadanos, tan grande como la monumental demostración de repudio al golpe de Estado del 76 y al gobierno de Macri que se realizó el último 24 de marzo.
Pero si esas fuerzas de la derecha no lograron el estallido social para que Cristina se fuese mal, ahora mienten -para justificar su plan de ajuste- al decir que estábamos en una seria crisis económica, cuando en realidad veníamos de cuatro años de bajo crecimiento, sí, pero no de crisis. Ese bajo crecimiento es producido en gran medida por la caída del mercado externo, con la reducción del precio de nuestras commodities de exportación y caída brutal de la demanda de
nuestro principal socio comercial, Brasil. Pero a pesar de haber sufrido una caída de exportaciones de más de 15.000 millones de dólares anuales por lo indicado, el gobierno de Cristina logró -con políticas activas- mantener ese mínimo crecimiento basado en el mercado interno y sobre todo una baja desocupación, rondando el 6% de la población económicamente activa. La denostada inflación del gobierno de Cristina, menor al 25% anual en 2015 y en reducción respecto de 2014, en vez de reducirse creció fuertemente como resultado de la devaluación macrista y puede superar el 40% en 2016.

Recesión programada.
Esta devaluación beneficia a los sectores exportadores en especial a los primarios a los que además se les eliminaron las retenciones y se redujo la de la soja. No sólo suben en pesos los insumos agrarios que se exportan sino que también suben fuertemente los componentes importados de la industria. La suba de precios resultante es una caída del poder de compra de los salarios. La política de eliminar múltiples programas de gobierno en distintas áreas, echando a miles de empleados públicos con la falsa excusa que eran “ñoquis” o militantes políticos, no es sino el clarín de llamada para que las empresas privadas hagan lo propio. Ello ya comenzó fuertemente en los sectores ligados a la construcción, con la paralización total del programa Procrear, y caídas del orden del 40% en las ventas. También ya se nota fuertemente en el sector de textiles y confecciones por la apertura de las importaciones, y en los próximos meses se notará en todos los sectores por esa apertura, el encarecimiento del crédito a las Pyme y el menor poder de compra de los salarios. Esa es la recesión programada, no un error de política económica del gobierno de Macri. A ellos les va bien, al pueblo le va mal.

Subir la desocupación.
El objetivo es lograr que la tasa de desocupación supere el 10% en pocos meses y que ese “ejército de desocupados” presionando sobre el mercado laboral sea el ariete que les permita a las patronales obtener acuerdos salariales muy por debajo de la inflación real, para peor ni siquiera publicada por el Indec. Si hubo críticas a las cifras del Indec cuando Guillermo Moreno lo supervisaba (2007/2013), y no llegó a consolidarse completamente la credibilidad de los muy mejorados índices bajo el ministerio de Axel Kicillof, el gobierno de Macri apeló directamente al “apagón estadístico”
negándose a publicar las cifras de inflación hasta un futuro indefinido. A nadie le cabe la duda que es para ocultar la magnitud de la inflación tras la devaluación macrista. La credibilidad en estas estadísticas, con estos antecedentes, estará desacreditada por muchos años, hagan lo que hagan de ahora en más.
El plan macrista repetirá el debilitamiento del sector industrial a que nos sometió la dictadura militar primero y el menemismo después. Para ello está tomando medidas que terminarían concentrándonos en la producción agroindustrial y de pocas ramas competitivas, aumentando la desocupación. Es dentro de este objetivo real que debe entenderse el desmantelamiento de las posiciones de independencia económica lograda con tantos esfuerzos en los años previos. Ese es
el sentido que tienen los acuerdos con los fondos buitre y la coincidente visita de Barak Obama al país, una provocación al realizarse el 24 de marzo.

La receta ortodoxa.
Los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner habían logrado, con grandes esfuerzos, reducir el peso de la deuda con tenedores privados externos hasta menos del 10% del PBI, habiendo obtenido una excelente renegociación de montos y plazos con el 93% de los acreedores. Ahora el gobierno de Macri está a punto de concretar acuerdos con parte del 7% restante, en una cifra que en la primera etapa ascenderá hasta 12.500 millones de dólares. No sólo hemos cedido ante las demanda de los fondos buitre que tendrán una ganancia de más del 1600%, sino que entraremos de lleno en los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional para que avale la colocación de nuevas emisiones de deuda, en una pérdida de la soberanía que habíamos reconquistado.
Conocemos de memoria la receta única del FMI para avalar esos acuerdos: apertura comercial y financiera indiscriminada, sin defensas para la industria nacional, “flexibilidad” salarial y “eliminación” del déficit fiscal (que es muy inferior al 7% que mintió el ministro Prat Gay) bajando los planes de protección social para compensar los menores impuestos al capital. Los acuerdos que está logrando el gobierno no garantizan siquiera que entren todos los holdouts (de ese 7% que no acordó antes, el 4% acuerda ahora en condiciones muy onerosas y el otro 3% aun no se ha presentado), ni tampoco que el 93% de los que había acordado la quita previa no vaya a litigar por obtener lo mismo. El solo hecho que estos “puntos
flojos” sigan sin resolverse alcanzará para que los futuros endeudamientos continúen a tasas elevadas. Los primeros acuerdos se están concretando a tasas del orden del 8% al 9%, y no para hacer necesarias obras de infraestructura sino para pagar gastos corrientes.

Endeudamiento y ajuste.
Si este desmantelamiento de la defensa de la industria y el trabajo nacional no alcanzasen, el gobierno de la derecha está pensando en un conjunto de acuerdos internacionales que terminarían por eliminar toda resistencia interna: acuerdos con la Unión Europea, Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos y los países del Pacífico, debilitamiento del Mercosur, alejamiento de los acuerdos con China y Rusia, etc. La industria nacional se vería reducida fuertemente y la desocupación obrera buscaría quebrar la capacidad de lucha sindical y popular.
En síntesis, se están desmantelando las bases que lograron que el sector trabajador, tanto obreros como empleados pertenecientes a las clases medias, tengan la capacidad de incrementar su salario real como lo hicieron en los últimos años al tiempo que todos los sectores recibían una amplia protección social. Está en los trabajadores y todas las clases y capas sociales afectadas -y en las organizaciones sindicales y políticas que defiendan sus intereses sin defecciones- organizarse para resistir esta política antinacional y crear las condiciones de la reconquista de nuestros derechos.
*Realidad Económica (IADE).