El poder real

I – El procesamiento de Cristina Fernández de Kirchner puede resultar un ejemplo didáctico, una invitación para que los argentinos se animen a realizar un ejercicio de pensamiento político: tratar de averiguar en dónde reside el verdadero poder, el “poder real” o el “poder fáctico”. Es que hasta el año pasado los medios concentrados aseguraban que la entonces Presidenta de la Nación ejercía el poder absoluto en el país y que disponía a su antojo de bienes y voluntades. “Van por todo” era la muletilla preferida de los periodistas estrella de los grupos mediáticos. Esa falsedad repetida hasta el cansancio terminó convirtiéndose en verdad para muchos argentinos que creyeron ver en la entonces presidenta la encarnación suprema de un poder omnímodo y sin rival. Ahora, con su resolución, el juez Julián Ercolini dejó al descubierto la colosal mentira. Pocos días antes el mismo magistrado había sobreseído a los dueños de los grupos Clarín y La Nación al considerar que no hubo ninguna vinculación entre el secuestro y tortura de la familia Graiver y la “venta” de la empresa Papel Prensa durante la última dictadura a los empresarios mediáticos. Para el juez, entonces, se puede vender una empresa con sus dueños secuestrados y torturados y los compradores quedan libres de toda sospecha. Ni siquiera los llamó para indagarlos. Notable diferencia de trato la que el juez prodigó a los empresarios mediáticos y a la ex presidenta, por no hablar de la sideral distancia entre la gravedad de las imputaciones en uno y otro caso.

II – El juez se basó en una auditoría de Vialidad Nacional para procesar a la ex presidenta. Sin embargo el organismo solo investigó una provincia, la de Santa Cruz, una empresa, la de Lázaro Báez (puesto 38° en el ranking de contratistas del Estado durante el kirchnerismo) y no encontró irregularidades y hasta dictaminó que los controles habituales fueron realizados. Será por esas razones que su acusación, a falta de pruebas, abundó en elucubraciones políticas, presunciones e interpretaciones. El parecido a la “acusación” de Alberto Nisman contra la misma ex funcionaria es muy sugestivo en cuanto al grado de insustancialidad jurídica.
La persecución política disfrazada con velos judiciales ya es inocultable. La causa por la operación del dólar a futuro es otra magistral demostración de esta vergonzosa utilización de jueces y fiscales para hostigar a la ex presidenta. No se recuerda en la historia del país, bajo gobiernos democráticos, una campaña contra opositores desatada con tanta furia y con un uso tan degradante del Poder Judicial. El caso de Milagro Sala en Jujuy no hace más que confirmar esta tendencia aberrante y otorgarle dimensión nacional.

III – El kirchnerismo es la fuerza política que más se atrevió a avanzar contra los privilegios del poder económico (Ley de Medios, pelea con los fondos buitre, desafío al FMI, etc.). Y ahora el poder económico está cobrándose ese “pecado”. Lo ayuda el hecho nada menor de que, por primera vez en la historia reciente, el poder económico alcanzó el poder político mediante el voto popular. Esa poderosa conjunción multiplica el poder de fuego contra los “rebeldes” a quienes hay que escarmentar, para que nunca más se repita una experiencia que vuelva a intentar parecido camino.
En la sinrazón de las causas abiertas contra la ex presidenta subyace el verdadero mensaje que se desea enviar a la sociedad y a la dirigencia política. Los extremos de arbitrariedad, los abusos que cometen a diario tantos jueces es una clara demostración de fuerza del poder real, de su capacidad de someter a tantos miembros del Poder Judicial y convertirlos en dóciles marionetas. Las fuerzas políticas que dicen defender a las mayorías populares tienen ante sí un desafío nada menor. Deberán mostrar que tienen la convicción necesaria para no dejarse disciplinar y para emprender la recuperación del terreno perdido. Que ha sido mucho en muy poco tiempo.