Inicio Opinion El presidente está caliente; y la gente mucho más, con él

El presidente está caliente; y la gente mucho más, con él

LA SEMANA POLITICA

Las cosas no le salen bien a Mauricio Macri. Su ajuste fondomonetarista le está saliendo muy caro, política y electoralmente. En reunión con los suyos dijo que está caliente. La gente afectada, lo está mucho más, pero con él.
SERGIO ORTIZ
El gobierno atraviesa el peor momento político desde su asunción. El pozo profundo en que ha caído abre grandísimas dudas sobre que pueda ganar un segundo mandato frente a candidatos opositores reales o simulados. Su debacle alimenta visiones más pesimistas, sobre que no pueda competir y deje el lugar otra figura igualmente macrista, pero no tan quemada ante la opinión pública, como la gobernadora María E. Vidal.
Los gritos y mentiras muy alevosas de su discurso del 1 de marzo abriendo las sesiones ordinarias del Congreso dieron cuenta de un hombre que está peleado con la realidad, de la que intenta huir con mentiras en vez de autocríticas.
Su mensaje a sus funcionarios, en el CCK, donde dijo estar «caliente», corrobora ese estado de ánimo que refleja la soledad y crisis en que está sumida su administración. La ex revolución de la alegría está más triste y depre que nunca…
En matemáticas, 2 más 2 son 4. En política no siempre se da esa simpleza, pero sí en este caso del gobierno macrista. El Indec informó que la desocupación aumentó a fines de 2018 más de dos puntos respecto al año anterior, hasta 9,1 por ciento, y que 230.000 argentinos y argentinas perdieron su empleo. Entonces es lógica la bronca de los afectados con el gobierno responsable de ese crimen casi de lesa humanidad. La cifra de desocupados es mayor, porque los números del Indec se refieren a 31 conglomerados relevados; se estiman en 350.000 o 400.000 despedidos considerando toda la Población Económica Activa.
La pérdida del empleo es el dolor más grande para un trabajador y su núcleo familiar. Hay castigos que duelen mucho sin llegar a ese extremo, como el de miles de suspendidos que perciben un salario recortado. Todos los asalariados, con diferencias de afectación según los convenios, también han perdido al menos 12 por ciento respecto a la inflación del 47,6 por ciento del año pasado. Los jubilados perdieron más, por el impacto de alimentos y medicamentos dentro de sus gastos habituales; consumen menos alimentos y se privan de medicamentos básicos para prolongar sus últimos años de vida.
Encima el dólar sigue cotizando a la suba, a pesar de los inútiles y neoliberales manotazos de Nicolás Dujovne y Guido Sandleris de elevar las tasas de interés al 66 por ciento anual y tener récord Guinness a nivel mundial. Un dólar a 43,50, como cotizó el viernes, es otra inyección estimulante a la inflación, que ya corre muy veloz por góndolas y demás rubros donde la caída del consumo es abrupta.

La Cloaca de Py.
Las noticias originadas en el frente judicial pegan bajo la línea de flotación presidencial, con el escándalo de la mafia integrada por jueces y fiscales, agentes de inteligencia nacionales y extranjeros, y periodistas de medios hegemónicos.
Crece el escándalo que investiga el juez Alejo Ramos Padilla y el gobierno no atina a darle un corte ni derivarlo a un camino sin salida.
No se trata de un debate judicial, sino que en el mismo se va involucrando y tomando posición una buena parte de la sociedad, como se vio en las manifestaciones frente a Tribunales en la ciudad de Buenos Aires y en muchas otras ciudades, en apoyo al magistrado.
Es que en la semana se había concretado el pedido de remoción del mismo, formulado por Germán Garavano por orden directa del presidente, como él lo admitió el domingo en reportaje con el detestable Luis Majul.
Para desgracia macrista, en medio de esa cloaca de Comodoro Py, algunos jueces son excepcionales, como el magistrado federal de Dolores. Éste investigó rápido y bien, y tirando de la piola de la denuncia del empresario Pedro Etchebest contra Marcelo D’Alessio, -que todo indica es un servicio de inteligencia ligado al gobierno y la bancada de Cambiemos, sobre todo Elisa Carrió-, fue descubriendo una asociación ilícita dedicada al espionaje ilegal y que amenaza seriamente el Estado de Derecho.
El gobierno quiso abortar la investigación en marcha, quitarle la causa a Ramos Padilla y derivarla al juzgado de Julián Ercolini en Comodoro Py, en tanto maquinaba la remoción del juez.
Las cosas no le están saliendo bien a Macri. Le había molestado sobremanera la concurrencia del juez a la Comisión de Libertad de Expresión en Diputados, donde se divulgó buena parte del expediente, que ya había perdido el secreto del sumario. Tampoco le debe haber causado gracia que fuera citado por la Bicameral de Seguimiento a los órganos de Inteligencia, donde estuvo debatiendo y contestando preguntas de sus integrantes, entre ellos los del bloque macrista, que la semana anterior habían boicoteado la reunión en la otra comisión.
No hay coherencia oficialista. Boicotean una comisión, a la que usan de excusa para pedir luego la remoción al juez. Más tarde lo citan a otra comisión presidida por uno de los suyos cuando el pedido de remoción ya estaba en el Consejo de la Magistratura. Parecen los pasos erráticos de un alcohólico, con perdón de los que gustan de empinar el codo, pero son buena gente y no venden el país.
La causa por investigación del espionaje amenaza la estabilidad presidencial. El fiscal Stornelli se negó tres veces a ser indagado en Dolores y a entregar su celular. Sufrió un duro contraste porque la Cámara Federal de Mar del Plata rechazó su recusación contra Ramos Padilla, a quien había impugnado por «prejuzgamiento». Ahora fue citado a declarar el martes 26 y si no lo hace se lo puede llevar por la fuerza pública.
Esto afecta a Cambiemos por el descrédito de fiscales, espías, periodistas amigos y legisladores propios implicados en el caso D’Alessio. Y además porque golpea en forma directa al fiscal de su causa preferida, la de las fotocopias. Su prensa adicta la sigue llamando «Cuadernos de la Corrupción K», pero hasta Macri le dijo a Majul que su padre Franco había cometido delitos y pagado coimas.

Desorden bajo los cielos.
Una antiquísima expresión china, recuperada por Mao en el siglo XX, dice que «hay un gran desorden bajo los cielos, el viento brama en la torre y se acerca la tormenta a la montaña». Lo primero significa que la situación política está convulsionada. Lo segundo, que hay disputas en las alturas del poder. Y lo tercero, que se aproximaban cambios profundos y hasta revolucionarios.
La frase puede servir para analizar la situación argentina. Al menos los dos primeros elementos se presentan con claridad, no así el tercero. En la Argentina macrista impera un gran desorden en cielo y tierra. El gobierno está en crisis y no sabe para dónde ir, su imagen positiva es del 27 por ciento. Esto lo ve la mayoría de los argentinos, no sólo los analistas políticos.
La segunda parte también es visible: hay peleas muy duras en las alturas del poder. El viento brama en la torre, con Elisa Carrió diciendo que Garavano es un estúpido; con los radicales y el PRO dividiéndose en dos listas de cara al comicio cordobés del 12 de mayo; con parte de la cloaca de Comodoro Py poniendo distancias con Stornelli; con Marcos Peña muy aislado en el Gabinete; con grupos monopólicos como Techint poniendo fichas a Roberto Lavagna; con la Suciedad Rural y la Mesa de Enlace sojera criticando ácidamente al gobierno por las retenciones, etcétera. Hasta Clarín no hace exactamente el mismo periodismo militante en defensa de Cambiemos, como olfateando que puede tener que apostar a un «plan B». En la misma línea, de abrir el paraguas, un directivo de la calificadora de riesgos Moody’s declaró: «si gana alguien que no es el gobierno actual, pero que mantiene lo básico, es un evento positivo»
Lo que, en cambio, forma parte de un debate político apasionante, es cómo interpretar que «la tormenta se acerca a la montaña». En la época que vivimos no hay revolución visible en el corto ni mediano plazo. Lo que sí podría ocurrir en estos meses de pelea política callejera e institucional, y finalmente en las urnas el 27 de octubre, es un cambio político más o menos de fondo. Justamente al revés de lo que aguarda Moody’s: un gobierno que no mantenga lo básico de la administración de Cambiemos y eso sería muy positivo, casi revolucionario.
¿Es una locura plantear que el futuro gobierno rompa con el FMI, deje de pagar la deuda externa y abandone el plan de ajuste, endeudamiento, tarifazos y timba financiera? ¿Es un extravío mental pensar que la Cloaca Py sea convenientemente saneada de jueces como Claudio Bonadío y fiscales como Stornelli? ¿Estaría mal que se disuelva la AFI-SIDE, para terminar con el espionaje ilegal, las extorsiones y el contubernio con DEA, FBI y CIA? ¿Es un desvarío sugerir la «ley Rafael Correa» para que quienes tengan empresas offshore no puedan ser funcionarios públicos? ¿Está mal plantear que el nuevo gobierno vuelva a la carga con la ley de servicios de comunicación audiovisuales y de convergencia digital para acabar con el monopolio Clarín?
Esa sería la tormenta perfecta y necesaria. Y es posible. Lástima que la mayoría de los candidatos dizque opositores calle y sople desesperada en la dirección opuesta, para que esa tormenta no llegue a la montaña.