El presidente mezquina el pan y también el fútbol

LA SEMANA POLITICA

Las estadísticas sobre economía y sociedad aplazan al gobierno de Cambiemos. Falta el pan en la mesa de los argentinos. Tampoco hay circo. El circo mediático abunda, pero el Fútbol para Todos murió con Mauricio Macri.
SERGIO ORTIZ
Normalmente la Semana Política parte de analizar los sucesos de la economía, algo lógico porque la nafta aumentó 65 por ciento desde inicios del año y su precio ha sido retocado 14 veces, siempre “pum para arriba”. Pero hoy comenzará por un tema secundario en relación a la economía, aunque interesa mucho a buena parte de los argentinos: el fútbol, a veces presentado como circo.
La posibilidad que Boca y River jueguen la final de la Copa Libertadores el 10 y el 24 de noviembre en Buenos Aires motivó intervenciones de Mauricio Macri. Primero para plantear que debía haber concurrencia de visitantes, como dato de normalidad y pertenencia al mundo civilizado. Luego de varias dudas razonables de dirigentes de los clubes involucrados y de funcionarios de Seguridad del gobierno de la CABA, el mandatario dio un paso atrás y dijo que todo dependía de los dos clubes. De todos modos insistió con que la Policía Federal y de la Ciudad estaban listos para reforzar el operativo de seguridad en ambos estadios. Sólo fue apoyado por Patricia Bullrich, alias Chocobar.
Que MM diga una cosa con énfasis y abundancia desproporcionada en un tema que no es materia presidenciable como un partido de fútbol, habiendo tantos asuntos muchísimos más importantes para los 44 millones de argentinos, no llama la atención. Es algo repetido. Es una cosa de lo más natural del mundo, como sus innumerables vacaciones dentro y fuera del país, habiendo tanta crisis y tareas supuestamente por realizar.
Que el presidente diga a la mañana una cosa y a la tarde o noche lo opuesto, tampoco es ninguna novedad. En la semana lo reiteró en una materia mucho más importante, como quejarse que Argentina tiene muchos impuestos (como si él no tuviera nada que ver) y posteriormente confirmar que el año próximo va a tener que aumentar los impuestos para llegar al maldito “déficit cero”.
Con tal de buscar un rédito político, en medio de tanta malaria y pérdida de votos e imagen positiva, Macri se puso la camiseta de futbolero, más precisamente la de los colores xeneizes. Lo ideal hubiera sido ubicarse en una posición más o menos equidistante, pero eso era mucho pedirle a quien inició su camino hacia la Casa Rosada desde sus presidencias en Boca.

Pato la pistolera.
Esa postura de hincha no es deseable para un presidente. Tampoco estuvo bien su política de que la concurrencia de las hinchadas visitantes sea algo que se pueda resolver policialmente. El personaje y muchos de sus ministros son tan partidarios de la “mano dura” policial que también la propiciaron para afrontar estas finales de Libertadores. Y no es así. Habría que trabajar más en la educación del soberano, en vez de aplicar tantos recortes en las partidas de las escuelas y universidades; depurar a los violentos de los clubes y la AFA pero también a los dirigentes mafiosos y corruptos que quieren convertirlos en Sociedades Anónimas Privadas; reeducar a la policía, muchas veces más violenta y coimera que “la 12” y los “Borrachos del Tablón” juntos.
Cambiemos no tiene una política correcta para encarar esos cambios. Y encima liquidó el programa de “Fútbol para Todos”, que al menos hubiera permitido a una audiencia multitudinaria ver los goles en directo y no sólo las tribunas, como ocurre hoy con la privatización en beneficio de Clarín y sus socios extranjeros.
Dejando el fútbol de lado, pero siguiendo con el tema de la violencia hay que decir que el presidente y su ministra de Seguridad estuvieron en el centro de las polémicas.
Ambos fueron desairados por un fallo unánime de la Corte Suprema de Justicia que confirmó el procesamiento del policía Luis Chocobar en la causa por “homicidio en exceso del cumplimiento del deber”. El agente que mató por la espalda a un joven ladrón irá a juicio por ese crimen, pese a la defensa política que tuvo de Bullrich y el presidente, quienes lo presentaron como un héroe de la lucha contra la inseguridad.
La ministra derrapó feo en Río Cuarto, porque allí planteó que este es un país libre donde el que quiere puede ir armado y el que no, no. Uno no sabe si Bullrich estaba bajo los efectos del alcohol, cosa probable, o bien sintonizaba una onda tipo Bolsonaro-Bolsonazi, e incluso buscando más aproximación a Donald Trump y la Asociación Nacional del Rifle de Estados Unidos.
Como sea, es evidente que el gobierno argentino no se caracteriza por ampliar sino por recortar los derechos democráticos. El oficialismo reiteró su intención de expulsar en forma inmediata a extranjeros que cometan delitos y allí también se nota la tendencia xenófoba. Es otra afinidad con la política de Trump, quien amenaza balear a los inmigrantes hondureños que vienen marchando desde México.
Para ser justos hay que aclarar que la intención de deportar en forma sumaria a inmigrantes no es privativo de Cambiemos, si bien es el exponente más brutal con Macri, Bullrich, Rogelio Frigerio y Jorge Macri, entre otros. También el senador Miguel Pichetto, del PJ, es parte de ese elenco dispuesto a violar la Constitución y leyes vigentes aún cuando los inmigrantes a los que querían expulsar en primera instancia, detenidos el 24 de octubre, no habían participado de la protesta frente al Congreso.
Ese bipartidismo oligárquico es xenófobo. Tiene en marcha el ajuste para todos y todas, palos y balas para quienes protesten, y deportación sumarísima para extranjeros. Que quede claro una cosa, aunque agite contra los extranjeros, su blanco principal son los argentinos.

No es Brasil…
El balotaje en Brasil, ganado por 11 puntos por el candidato de la extrema derecha neofascista, tendrá una influencia política negativa en Argentina. Al derrotar y golpear al PT de Lula da Silva, también por elevación implica una nueva inyección de pesimismo en venas del progresismo, el kirchnerismo y otros sectores de centro-izquierda e izquierda.
La mala noticia también puede pegar, contradictoriamente, en Cambiemos. Brasilia va a retacear los acuerdos comerciales y económicos en el Mercosur para buscar una mejor relación bilateral y negocios directos con Washington y la Unión Europea, sin pasar antes por negociaciones con Buenos Aires.
Hasta ahora el canciller Jorge Faurie hizo todo lo posible para tender un puente amistoso con el presidente electo de Brasil, pese a las declaraciones poco amistosas del designado ministro de Economía, Paulo Guedes, y el periplo internacional inicial de Bolso-nazi que desairó a Balcarce 50.
De todos modos, no hay que echarle la culpa al futuro gobierno de Brasil de los dramas que viven los argentinos desde hace casi tres años. Los factores externos pueden estimular esos problemas, pero las causas fundamentales son internas y macristas.
Por ejemplo, Nicolás Dujovne estuvo el lunes en la Comisión de Presupuesto del Senado, presentando el adefesio votado en Diputados el 25 de octubre. Y allí ratificó los números tan preocupantes de aquella media sanción, como que el gobierno necesitará 42.500 millones de dólares para el pago de intereses de la deuda externa en 2019 y para abonar letras y bonos.
En este asunto tan trascendente Federico Pinedo y Gabriela Michetti confían en la labor de aliado y cómplice asignada a Pichetto. Éste se vanagloria de algunas concesiones menores hechas por el macrismo, como eximir del pago de Bienes Personales a los titulares de viviendas de cotización inferior a 450.000 dólares.
Sin embargo dos senadores de la bancada de “Argentina Federal” por Tucumán, José Alperovich y Beatriz Mirkin, y uno por Formosa, José Mayans, han adelantado que el 14 de noviembre votarán en contra del Presupuesto. No serán los únicos…
Menuda tarea tendrán Pichetto y los gobernadores de Córdoba y Salta, Juan Schiaretti y Juan M. Urtubey respectivamente, para convencer a la propia tropa de votar semejante ley. Quizás logren sumar unos cuantos votos para que el Presupuesto diseñado por el gobierno y el FMI luzca un resultado favorable en la pizarra electrónica.
En la vida real, en cambio, esos números dibujados no serán irreversibles. Es muy posible que los sectores sociales afectados hagan sentir su bronca en las calles, los sindicatos, los movimientos sociales, los medios, las redes sociales, la cultura, la justicia y aún el mismo parlamento.
Allí importan otros números. Que en agosto la industria haya perdido 4.200 empleos, 33.100 en los primeros ocho meses del año y 98.200 desde que Macri hizo el bailecito en el balcón de la Rosada.
Las cifras de Dujovne y madame Lagarde harán el ajuste más cruento de lo que es hasta hoy. La política de Macri se sintetiza en Ajuste, Entrega y Represión (AER) y no hace falta ser un adivino para intuir que, más allá de los favores de Pichetto, esas agresiones no van a pasar alegremente en medio del silencio ni la resignación.
Vivimos en Argentina. Y en medio de tantos defectos y taras, los argentinos suelen enojarse, salir a las calles y patalear fuerte cuando ven que la cuchilla del FMI y los monopolios se hunde en sus carnes buscando llegar hasta el hueso.