El relato plural del acontecer histórico

Señor Director:
Una nota editorial de uno de los diarios tradicionales ha vuelto a mover el avispero de la relación entre el poder político y las comunidades llamadas indígenas o aborígenes que estaban en algunos lugares de este suelo antes de que se produjera la irrupción del europeo y su cultura.
Dicha nota parece tener dos objetivos: la reivindicación de Roca y de la Campaña del Desierto en el proceso de constituir y consolidar la nación y la negación de que exista algo que pueda ser propiamente llamado pueblo originario (en territorio argentino). Se sostiene la versión de que los mapuches tienen origen chileno y que pasaron tardíamente el Ande. Esto contradice estudios más recientes, que ubican a los mapuches a ambos lados de la cordillera desde que se dispone de alguna forma de constancia. Esto, asimismo, parece razonable, por la transitabilidad de la cordillera.
La personalidad y los hechos de Roca para restablecer una versión novecentista, que perseguiría ese diario ahora, corresponden a otro momento cultural y a otro de los relatos que dan cuenta de la movilidad de lo histórico, no obstante tratarse de hechos del pasado y, por consiguiente, inmodificables. Sucede que la movilidad existe del lado de quien interpreta tales hechos, como se comprueba con los testigos. Esta experiencia da cuenta de la fragilidad de todo relato, pues éste se halla condicionado por los sentidos, la atención, la imaginación, el estado de ánimo, las creencias… Además, están los relatos construidos para producir determinado efecto: las clases dominantes desarrollan un relato que justifica su posición. Una nación se construye por la convivencia en un territorio, pero también por ciertos símbolos que nos dicen que hay algo que nos une. Es el papel del símbolo y el del relato. El pasado es inmodificable, pero quienes lo leen o lo manipulan, son seres insertos en un ambiente cultural determinado, en el que se han formado y desde el cual responden o actúan. El revisionismo histórico opera sobre estos relatos, aunque tampoco producirá un relato final.
El relato histórico principal es el que da cuenta de la aventura del hombre en este planeta. Es el que busca el historiador cabal: busca producir una narración que sea traducción fiel de la suma de hechos del pasado que consta en la diversidad de documentos, testimonios, relatos (de testigos o no testigos) y también algunos elementos materiales. Los relatos relacionados con la creación y la consolidación de una nación son documentos de segundo orden, que se superponen y pueden confundir el relato histórico propiamente dicho.
Lo que trato de decir es que, con respecto a Roca, todo lo que puedo hacer es ensayar un nuevo relato, condicionado por la disponibilidad de documentos, por mis convicciones y por mi grado de preparación para afrontar esa tarea.
Si se trata de negar el genocidio, como se denuncia desde organizaciones de derechos humanos, lo que ahora debemos tener en cuenta es que las experiencias de esta sociedad argentina nos han traído a un reconocimiento y valoración de tales derechos, a reconocer el derecho de toda cultura a permanecer y desarrollarse (aunque nunca evitará el efecto de su vecindad con las otras formas culturales que están activas en este momento) y también a lo que se llama “empoderar”, o sea que cada persona tenga conciencia plena de sus derechos para reconocerlos y sostenerlos a partir de haberlos entendido y reconocido como justos y razonables. Esta presencia (de los derechos humanos) da cuenta de un progreso moral.
El genocidio es uno de los estigmas del hombre. Cada uno de los imperios habidos se construyó desalojando, matando o sometiendo a otros hombres, pueblos y culturas. El relato histórico de la aventura del hombre está sobrada de testimonios y lleva a creer que en todo momento y lugar resuena aquel grito: “Caín, Caín, ¿qué has hecho de tu hermano?”
Atentamente:
Jotavé