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El rey Donald

Reconocer que el presidente de EE.UU. es un aliado y representante de la derecha más belicosa del planeta no constituye ninguna novedad. Sí lo es el nivel de prepotencia que viene desplegando como jefe de gobierno de la primera potencia mundial; el reciente reconocimiento per se de las Alturas del Golán como territorio perteneciente al Estado de Israel es una muestra cabal de ello.
Esas elevaciones, ubicadas al suroeste de Siria, fueron durante mucho tiempo una preocupación para los militares israelíes ya que permitía a los cañones árabes dominar buena parte del territorio hebreo. La ocupación militar de esa área por parte del ejército de Israel, durante la Guerra de los Seis Días, en 1967, continúa inalterable hasta el día de hoy.
Sin embargo esa violación territorial por la fuerza nunca fue reconocida por la ONU y la comunidad internacional. Infinidad de resoluciones y pronunciamientos así lo testifican aunque la potencia ocupante siempre desconoció los continuos pedidos de abandonar el área para restituirla a la soberanía siria.
Esa postura colonialista -que ahora recibe el insólito respaldo de Donald Trump- no hace más que ratificar la ideología del Gran Israel que el sionismo aspira a concretar con la ampliación por la fuerza del actual territorio nacional. De hecho, Israel es el único país del mundo que se niega a definir sus fronteras con lo cual impide que cesen las tensiones en esa parte del mundo.
El respaldo del presidente norteamericano, que se arroga el derecho de establecer los límites fronterizos en todo el planeta, está en sintonía con el reconocimiento de la ciudad de Jerusalén como capital de Israel, una decisión que recibió el rechazo de los países árabes y de la mayoría de las naciones del mundo.