El saber histórico y su relación con lo político

Señor Director:
Durante la semana he incursionado en huertos ajenos cuyos cultivadores ensayan explicar el momento político argentino.
Lo que me interesó comentar y en alguna medida para satisfacer al lector no especializado, fueron sendos trabajos de columnistas argentinos cuyo objeto ha sido dar una interpretación de lo que hay en la actualidad política para contrarrestar la existencia de medios de prensa que más que informar tratan de inducir las conductas.
En lo que ahora quiero insistir es en decir que para orientarse en este mundo oscurecido se hace preciso, en el orden nacional, conocer la historia propia con una mirada crítica que obligue a tomar conocimiento de tendencias (humores, según Nicolás Maquiavelo, siglo XVI) que son determinantes de acciones políticas. Los humores no son ideologías sino un modo de estar en la sociedad. Para Maquiavelo hay un humor que corresponde a los ricos y dueños del poder y otro que impulsa a bregar por la igualdad en el ejercicio de los derechos. Lo que quiere el humor de los dueños es que su posición sea respetada y consolidada. Lo que pretenden los desposeídos es que se abran caminos para el ascenso social hacia la igualdad de derechos.
En el caso argentino la misma clase que ganó su posición a través de la revolución y la independencia, desde cuando el poder colonial impuso la exclusividad de España para todo intercambio con las colonias, la afianzó luego endeudando al Estado y avanzando desde el puerto en el dominio de la tierra. Cuando arriba al puerto una oleada de inmigrantes de Europa seguida por otras del noroeste argentino, más Bolivia y Paraguay y no pudo ser canalizada hacia las tierras conquistadas al indio, se desarrolló a partir de ellos la protesta contra los dueños del poder y la fortuna. Luego de que Sáenz Peña intentase descomprimir la situación con el voto universal (para el varón), secreto y obligatorio, la clase dominante sintió que debía apelar al recurso de la fuerza. El presidente Yrigoyen fue desplazada en 1930 y se formó un gobierno militar. Cuando dentro de este gobierno surgió una tendencia que propiciaba abrir algunos caminos para limitar las diferencias económicas, el humor de la clase dominante apeló al fraude o repitió los golpes militares hasta que, con la dictadura de los años 70, pareció cerrarse ese ciclo para volver de alguna manera a Yrigoyen. Ya para entonces se había constituido un humor diferente, inclinado a que el Estado fuese actor del proceso de cambio que generase vías de inclusión social. El ensayo del gobierno surgido del voto libre en 1983 fue pronto atosigado al fomentarse levantamientos militares y estados económicos que generaron una salida anticipada del presidente y que se iniciara un retorno del poder a manos del “humor” tradicionalista, ahora con rango internacional desde la posguerra y actualmente con el nombre de neoliberalismo. Bien diferente del liberalismo tradicional que tenía un contenido republicano, institucional y propicio para achicar la “grieta” entre riqueza y pobreza.
Este relato no es la “historia oficial” sino el reconocimiento de que hay dos “humores” consistentes y arraigados, que generan tanto la voluntad de incrementar el dominio de los ricos como la búsqueda de caminos de inclusión social.
Si el conocimiento cabal de la historia es importante para entender las alternativas políticas y el lugar a donde cada uno dirigirá su voto, también se cae en la cuenta del papel del pensamiento libre y la filosofía. El periodista Eduardo Febbro dice que en este momento de Francia, la presidencia Macron busca ser reconocida como aplicación de ideas del filósofo Paul Ricoeur, a partir de que el joven Macron colaboró con el ya anciano Ricoeur, aunque luego aquél se hizo banquero y desarrolló la ideología consiguiente, que es la que está aplicando ahora a partir de una “reforma laboral”. Como aquí.
Atentamente:
Jotavé