El Salado: otra cuenca al garete

De la obervación desapasionada de la realidad del país, en casi todos los aspectos que atañen a su desarrollo, aparece como evidente la fragmentación, la falta de integración y armonía entre las regiones que lo componen para conformar el núcleo central que consideramos la Nación. El concepto no es novedoso, y se nutre de la indolencia política de tantos gobernantes sin visión de estadistas y caciques provinciales que solo atienden los asuntos públicos en función de su rédito electoral inmediato.
Pero donde esa actitud sobresale es en la cuestión de los recursos hídricos que discurren en un país donde las áreas técnicamente consideradas desiertos son mayoría en su superficie. La consideración queda evidenciada en las recientes declaraciones políticas sobre la represa El Tambolar realizadas por funcionarios sanjuaninos y nacionales. El San Juan, como se sabe, es el río que mayores caudales aporta a la cuenca Desaguadero-Salado-Chadileuvú-Curacó (la mayor dentro de los límites nacionales y tan grande como Italia). Con una desaprensión que indigna esos funcionarios ignoran en sus palabras la condición integral de la cuenca y la acción negativa que aquella presa puede tener sobre la población y economías de aguas abajo.
Para peor esas actitudes -que rezuman desconocimiento y parcialidad política- ignoran por completo el “Estudio integral de la cuenca” realizado por la Universidad de Buenos Aires, en el año 2009. De ese trabajo se desprende claramente la integralidad del sistema que discurre entre las provincias del Noroeste, Cuyo, Centro y Patagonia, siguiendo la diagonal árida del país.
Aquel ya lejano análisis (que fue dirigido por el actual secretario de Infraestructura y Política Hídrica de la Nación, Pablo Bereciartúa), además de reconocer la naturaleza integral de la cuenca, recomendaba una prometida segunda parte (que hasta hoy no se concretó), que implicaba la creación de un comité de cuenca como herramienta más idónea para armonizar el funcionamiento del sistema.
Con tales antecedentes resultaba oportuna la comunicación que enviara el gobierno de La Pampa al secretario nacional en la materia solicitando que comunique de manera oficial y fehaciente la decisión adoptada por el gobierno nacional, a todas luces reñida con el espíritu y la entidad que rigiera aquel estudio integral. Cabe señalar que la actuación del funcionario mencionado en lo relativo a los intereses hídricos de nuestra provincia puede calificarse como lamentable; la circunstancia que motivara la nota del gobernador se agrega a su inexplicable retirada de la audiencia entre Mendoza y La Pampa ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación en favor de una posible conciliación por las aguas del Atuel, actitud que motivó un evidente enojo de los magistrados.
El avasallamiento a los derechos pampeanos y -aún más grave- la connivencia con intereses sectoriales de algunos miembros de la cuenca, son afirmaciones irreprochables de la misiva pampeana. A ellas se agrega la difusión de un video promocional por parte del ministro del Interior que subraya la falta de visión integral de los funcionarios nacionales tal como se menciona al comienzo de esta columna.
En el marco de este panorama general no está de más agregar que -sea por egoísmo, desidia o desconocimiento- el resto de las provincias que integran esta gran cuenca ha mostrado indiferencia a la hora de constituir un organismo colectivo que la administre y armonice los intereses en pugna. Solamente Buenos Aires -cuando se vio directamente afectada por las crecidas excepcionales que reactivaron el río Curacó y éste comenzó a verter al Colorado- tuvo alguna visión, por cierto que sorpresiva, del carácter integral del problema; aunque las medidas que propuso en ese momento fue una descabellada actuación por la fuerza para cerrar el paso del agua en territorio… pampeano.