El silencio es salud

Muy serios problemas tiene el macrismo con el ejercicio de la tolerancia. Lo viene demostrando desde que asumió el gobierno nacional y comenzó una campaña de persecución y despidos de empleados públicos como nunca se había visto desde el regreso de la democracia. En los últimos días se multiplicaron esas expresiones de intransigencia. Primero fue la gobernadora de Buenos Aires quien descalificó en términos muy agresivos a un miembro del Consejo de la Magistratura por no votar según su deseo. Luego fue un juez laboral -a quien quieren someter a juicio político porque sus sentencias no le gustan al gobierno- el que padeció otro ataque: un pedido de “investigación” para revisar sus comentarios en Facebook. Y ahora, aquí en La Pampa, le quitan una obra ya adjudicada a una empresa porque su titular hizo declaraciones que disgustaron al gobierno.
Para colmo, la forma empleada y los argumentos elegidos para llevar a cabo el atropello no pudieron ser más torpes y desnudaron en forma palmaria la intención de aplicar un castigo ejemplar para que, en adelante, a ningún otro contratista con el Estado se le ocurra repetir el mismo “pecado”, esto es, decir lo que piensa.
El secretario de Deportes de la Nación intervino personalmente en el anuncio a pesar de ser una materia absolutamente ajena a su competencia. El funcionario pretendió hacer alarde de celo administrativo y “anunció” que la obra se haría por administración cuando ya se había licitado, adjudicado y… comenzado. Más todavía, el trámite del proceso licitatorio había sido la excusa de Vialidad Nacional para justificar la demora en iniciar una obra tan necesaria, en virtud de que… no disponían de maquinaria propia. Peor imposible.
Parece difícil que los que venían a “salvar la república” puedan hacerlo con este nivel de autoritarismo y arbitrariedad.