El tercero que se quedó con el premio

Si lo que se propusieron fue sorprender con una noticia de alto impacto, lo lograron. El nombre de Kroneberger para la candidatura a gobernador por el radicalismo no figuraba en los pronósticos de nadie. Y menos aún después de conocida la promocionada encuesta que, en teoría, debía dar el nombre del mejor posicionado ante la ciudadanía pampeana. Al final terminaron bajándose los dos primeros y fue el tercero en discordia el que se quedó con el premio mayor.
Una comedia de enredos no hubiera tenido tantas idas y vueltas. De ahí que las preguntas no dejan de agolparse en quienes siguen de cerca la política local y pretenden descifrar esta incógnita. Porque contratar una consulta de opinión para luego resolver a contramano de los resultados obtenidos desconcierta a cualquiera.
La pregunta que todos se formulan es si la decisión final estuvo en Santa Rosa o en Buenos Aires. Si allá bajaron pulgares o si la “rosca” local fue la que decidió la pulseada. El trío venía cinchando desde hacía bastante tiempo con los tres dirigentes sin ponerse de acuerdo. Todo el Partido Radical estaba expectante de ese tira y afloje que, por no decidirse en una mesa, y para evitar el desgaste de una compulsa interna, poco menos que obligó a realizar la encuesta.
La forma oblicua en que se dieron a conocer los números del sondeo ya hacía presagiar que las cosas no iban a conformar a todos. Más todavía, ya con la encuesta en marcha, tanto Torroba como Kroneberger se habían permitido, en declaraciones públicas, “ningunearla” como método definitivo para decidir el nombre. En ese momento tales expresiones provocaron sorpresa pues no hacían otra cosa que poner en tela de juicio el mecanismo que, hacia afuera del partido, se presentaba como producto del consenso.
Hoy, observando cómo terminó de resolverse la cuestión, esas declaraciones comienzan a cobrar otro sentido. La reunión entre Torroba y Kroneberger, a espaldas de Marino, fue la consumación de esa suerte de “pacto” que se venía cocinando entre los dos primeros y del cual aquellas expresiones eran una manifestación temprana que nadie alcanzó a percibir. La ausencia del senador y los rostros adustos que se vieron en la conferencia de prensa que anunció el candidato fue un signo evidente de que el guiso que se había cocinado no les gustó a todos.
Una vez más se confirma que las internas partidarias constituyen lo menos edificante de la política. Es un trance que suele convertir a los hombres en lobos enfrascados en una pelea por el poder de la manada. Y no es patrimonio exclusivo de los radicales, desde luego. Ahí está el justicialismo tan generoso a la hora de dar sus propios ejemplos. Hace tres años, cuando finalizaba el mandato del entonces gobernador Oscar Jorge, el enfrentamiento interno por la sucesión con el sector que encabeza el actual gobernador alcanzó muy altos niveles de agresividad. Hoy, afianzado el liderazgo de Carlos Verna las cosas fueron mucho más tranquilas. Y aún así, la elección del candidato a vicegobernador no estuvo exenta de gruñidos, con Rubén Marín sufriendo en carne propia la misma metodología que él supo aplicar con rigor cuando su estrella era la más brillante del firmamento peronista.