El terror propio y el terrorismo foráneo

Señor Director:
Cuando, hace poco más de una semana, se supo que dos americanos de origen africano, ciudadanos reconocidos de los Estados Unidos de América, habían sido ejecutados por policías de la misma nacionalidad, pero de piel blanca, se pudo esperar alguna réplica.
Los videos, replicados al infinito en las redes sociales, mostraron que los jóvenes afro fueron víctimas de asesinato y que los asesinos fueron personas que reciben su paga por el servicio de cuidar de la seguridad de la población.
El posterior suceso sangriento de Dallas, el pasado jueves, fue una de las consecuencias posibles de dichos asesinatos. Mientras que la comunidad de afroamericanos realizaba una exteriorización de duelo y protesta por los asesinatos mencionados, un hombre de color, de reciente desempeño como parte de fuerzas instaladas por la nación norteamericana en Afganistán para imponer la autoridad de un gobierno local que no ha podido ganar el ascendiente necesario para gobernar en paz, tomó la decisión de proceder como contra los talibanes (rebeldes de Afganistán). Instalado en un lugar adecuado para dominar el escenario, descargó su arma contra los policías blancos que controlaban una protesta pacífica de los afro. El saldo fue de cinco policías muertos y siete heridos, varios de ellos también policías. Finalmente, el francotirador fue muerto a la manera de Afganistán: se despachó contra él un dron cargado de explosivos y de lo hizo estallar en el lugar donde se había refugiado Micah Javier Johnson, hombre de 25 años, autor de los disparos. En Afganistán las tropas norteamericanas destacadas en ese país asiático usan regularmente los drones, aviones sin piloto, para atacar las posiciones del talibán que resiste al gobierno sostenido por Estados Unidos. Meses atrás un dron voló un hospital, donde no estaban los rebeldes, pero había enfermos y médicos. Los policías dicen haber escuchado que Johnson decía que quería matar policías para que la policía deje de matar negros.
Barak Obama, el primer negro que ha llegado a la presidencia de Estados Unidos, encendiendo la esperanza de una conciliación, estaba en Polonia al momento de los sucesos. Algunas organizaciones blancas lo venían criticando porque días atrás condenó el asesinato de los dos jóvenes afro. Obama ha librado y ha perdido la batalla por un mayor control de las armas en poder de los civiles. Tanto los terroristas externos que entran al país o viven en él pueden acceder sin problemas a armas letales como cualquier ciudadano blanco. Hay blancos que hacen un culto del rifle y quieren que sus hijos aprendan tempranamente a manipular las armas. Hace pocos días, un padre que llevaba a su pequeño a practicar tiro, quiso detener el coche que conducía porque el pequeño estaba manipulando el arma. El movimiento hizo que el fusil se disparase y matase al niño.
¿Qué pasa en esa sociedad que no se aguanta a sí misma? No tengo una respuesta que se pueda expresar en pocas palabras. Los negros fueron capturados en las selvas africanas y vendidos en la costa atlántica, en toda América. En Estados Unidos y en la América colonizada, también en Argentina, se los necesitaba porque son mano de obra barata. Ahora la industria no necesita mano de obra esclava, pero los negros quedaron ahí, como están en todas las naciones americanas. Recién a mediados del siglo pasado ganaron reconocimiento, pero no fueron aceptados por la población blanca tradicional, que tampoco quiere a los mejicanos y otros latinoamericanos que tienen piel blanca. Texas y otros estados sureños eran posesiones españolas, que pasaron a México con la independencia, pero que luego Estados Unidos anexó.
Es una larga historia, que incluso genera situaciones increíbles. En la misma Dallas del reciente suceso, casi en el mismo sitio, americanos blancos mataron al presidente Kennedy, blanco de familia tradicional.
Atentamente:
Jotavé

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