El triunfo político de la mentira

LA SEMANA PAMPEANA

I – Durán Barba, el gurú del presidente, celebró en la semana que una buena parte del electorado que participó de las Paso no necesitó ver resultados económicos para decidir su voto a favor de Cambiemos. El tono triunfal con que lo dijo es, claramente, el de un vendedor de humo que celebra que la gente lo esté comprando. Las palabras de Durán Barba parecen explicar el contundente voto a Cambiemos en La Pampa donde, pese al deterioro de la situación económica de la mayoría, se pronunció por alguno de los candidatos de la alianza oficialista nacional. Durán Barba lo llama “el triunfo político de la esperanza”, pero en su idioma, es posible que haya que traducirlo como el “el triunfo político de la mentira”.

II – Un episodio en la semana parece darle la razón. El gobernador de la provincia, en una salida que luego precisó y en buena medida rectificó, dijo una verdad evidente: la actividad agrícola del campo no genera empleo. De esa realidad incontrastable puede dar fe la provincia de La Pampa, cuya principal actividad económica es la agropecuaria y el principal problema es la desocupación. Esta dicotomía es, puede decirse, endémica. Dos de cada tres jóvenes que se van a estudiar afuera de la provincia no regresan y una buena parte de los que aquí se forman en la universidad o en algún oficio o técnica, toman idéntico camino. La Pampa comparte el triste record de ser, junto con otras provincias agropecuarias como ella, como Corrientes y Entre Ríos, las que menos crecieron porcentualmente en el último período intercensal: solo un 6,6% cuando el país creció, en el mismo período, más del 10%.

III – La despoblación de los pueblos agropecuarios producto de la ausencia de trabajo que el campo no genera se ve además en los censos de población que arrojan una realidad incontrastable: todos los departamentos pierden población o crecen menos que la media, menos los dos de las grandes ciudades prestadoras de servicios: Capital-Toay y Maracó. Esa concentración urbana desmiente por sí sola la pretendida generación de empleo del campo. Allí lo que crece es el empleo público y los servicios. Los distritos agropecuarios que sí crecen poco más que la media, Catriló y Chapaleufú, se dan en medio de un fenómeno de industrialización en el primero y de concentración de servicios urbanos en el otro. Los que crecen en La Pampa son los distritos no agrícolas: Puelén, al impulso de una actividad que sí genera trabajo: la petrolera con el boom con centro en 25 de Mayo. Santa Isabel, cruce de rutas y centro de una zona amplia de cría que crece por los servicios que presta. La Adela, un pequeño distrito ligado a la producción bajo riego. Pero el resto de lo que está dentro de la frontera agropecuaria se está muriendo o languidece por la falta de trabajo que la principal actividad les niega: Rancul, Trenel, Quemú Quemú, Conhelo, Loventué, Atreucó, Guatraché, Utracán, Hucal, crecen muy por debajo de la ya bajísima tasa media de crecimiento provincial o directamente pierden población. Aún Realicó, que comparte el fenómeno de Intendente Alvear de concentrar los servicios y estar en un estratégico cruce de rutas nacionales, crecen menos que la raquítica tasa provincial.

IV – La alharaca de respuestas que levantó la verdad que lanzó el gobernador (inoportunamente, pues en campaña parece que no es bueno ni tiene premio electoral que un político diga la verdad y si no que lo diga el presidente con sus mentiras del debate) mostró que los otros sí están en campaña. El candidato de Cambiemos en La Pampa fue el primero, y su voz se escuchó hasta el cansancio en todos los medios nacionales macristas, en los programas televisivos y la replicó hasta De Angeli, el ex líder de la rebelión piquetera del campo por la 125. Como si fuera un mantra, o un rezo, o una verdad revelada de la religión campestre que no se puede discutir a riesgo de ser sacrílego o hereje, repitieron: “el campo da trabajo”. Pero de todo lo que se oyó en respuesta a aquélla verdad luego matizada, no hubo un solo dato ni una sola estadística que la apoyara. Solo una vaga referencia a que cuando al campo le va bien a todos nos va bien.

V – Cuarenta años después, es como volver a escuchar al personaje que Julio De Grazia encarnaba en “La Plata Dulce” cuando, preso, ve llover y lanza ante la mirada atónita de Federico Luppi: “llueve!, al campo le va a ir bien y nos va a ir bien a todos”. Aquella frase que, como moraleja la película nos planteó en plena dictadura sobre las nefastas consecuencias de creer en la propaganda de la patria agropecuaria y financiera, sirve hoy para explicar en parte lo que pasa. Medio siglo después las mismas mentiras se han instalado como un sentido común. (LVS)