El Atuel une aquí y agrieta en Mendoza

I – Mendoza respondió con el silencio a la demanda que La Pampa le inició y cuyo texto se conoció en la semana. Pero un encumbrado dirigente político, nada menos que el presidente de la Cámara de Diputados rompió ese silencio en la semana para advertir a sus comprovincianos que el discurso que domina allí, el de creer que el agua del río puede seguir siendo robada impunemente, no tiene sustento jurídico ni futuro. El diputado Jorge Tanús, rompió así un verdadero pacto de silencio, una omertá cuasimafiosa que tiene encerrados a los mendocinos en la repetición de un discurso que niega la realidad y repite la antijurídica razón de los hechos consumados. Haber cortado un río y empobrecido media provincia pampeana fue un crimen y Tanus pide a los mendocinos y sobre todo a los dirigentes políticos que sean serios y entiendan que la demanda de La Pampa tiene razonabilidad pues se trata de un rio interprovincial.

II – Asi, se abre en Mendoza un debate que hacía un siglo se debían cuando comenzaron a desviar agua del Atuel y mucho más en el medio siglo largo que pasó desde que con Los Nihuiles, directamente cortaron el río sin importarles el desastre humanitario, social, económico, y ecológico que provocaban. Los tiempos no son los mismos y en muchos aspectos la Argentina ha avanzado junto al resto de la humanidad en la reafirmación de derechos que no se expresaban más que en algunos papeles que nadie leía. En aquéllos años La Pampa no era provincia, y pese a que luego lo fue, su posición fue siempre de una debilidad tan grande, por ser chica, nueva, poco poblada, poco importante políticamente y estar hecha con los patios traseros de sus hermanas mayores Buenos Aires, Córdoba, San Luis y Mendoza.

III – Pero mucho ha cambiado desde entonces. Un cambio que reafirma el derecho de todos a utilizar los recursos de la naturaleza y se expresa en ese avance cotidiano, rápido y silencioso, que llevó a la categoría de derecho el sencillo acto de respirar aire puro sin contaminación de cigarrillos. El rápido cambio de habito que llevo a una sociedad que fumaba sin importarle el otro a una actualidad en la que a nadie se le ocurre fumar en un colectivo o un restaurante, indica hasta dónde la mirada que hoy se tiene sobre el derecho ambiental es muy distinta a la que se tenía en 1948.

IV – La presentación de la demanda aquí en un acto en el que el gobernador en persona entregó los escritos a los medios y a las organizaciones ambientalistas tuvo el esperado efecto de unificar el discurso pues de la lectura de esa demanda se desprende la seriedad y contundencia de los argumentos y la forma ordenada y clara con los que son expuestas las históricas razones pampeanas para pretender el restablecimiento del curso del Atuel en nuestro territorio. Sea porque todos comprenden que las diferencias se empequeñecen cuando los grandes trazos de la demanda están correctamente expresados, como que en verdad esa lectura haya convencido a la mayoría que se está ante un serio trabajo jurídico y una contundente herramienta para convencer a la Corte Suprema que debe dotar a ambas provincias y a la Nación de herramientas que permitan superar sin dilaciones esa histórica injusticia, lo cierto es que un clima de prudente unanimidad rodea la acción judicial y la posición pampeana.

V – Por contrapartida, las voces que comienzan a advertir en Mendoza que no puede seguir enfrentando argumentos jurídicos e históricos con frases hechas, descalificaciones a los pampeanos o muestras de soberbia de los aguaarribistas indican que la posición mendocina tiene la debilidad no solo de la ausencia de razón sino además de que su monolítico frente que negaba el derecho pampeano al agua presenta hoy unas grietas que amenazan con derrumbar todo ese castillo de arena con el que edificaron el despojo. Esas diferencias son, no obstante, saludables. Pues el debate que se viene en el interior de Mendoza debía darse tarde o temprano para incluir en la ecuación que hacen del río Atuel a La Pampa y los pampeanos como sujetos de derechos. (LVS)