El deporte y un debate necesario

El fin de semana pasado se jugó en San Luis una súper-final de fútbol, con el valor agregado que concurrieron simpatizantes de ambos equipos, algo que no ocurre en ningún otro lugar del país porque la AFA y los organismos de seguridad aducen que no están en condiciones de garantizar la concordia entre las hinchadas. En esa provincia se viene organizando además el Tour de San Luis, la carrera de ciclismo profesional más importante de la Argentina, se ha llevado a sus calles una fecha del calendario de Gran Turismo, una categoría del automovilismo mundial, y competencias caseras de Turismo Carretera, TC 2000 y Top Race.
Este breve recuento viene a colación para comparar con los espectáculos deportivos que se llevan adelante en La Pampa y analizar cuál es la política provincial en la materia.
El ministro puntano del área le explicó a un periodista de este diario que Deportes tiene un presupuesto anual de cien millones de pesos -sin contar algunos de esos acontecimientos especiales mencionados- y que todas las disciplinas reciben ayuda del Estado a cambio de que sus dirigentes y entrenadores se capaciten.
En nuestra provincia, los fondos para el área son cinco veces menores. En el caso específico del fútbol, las transferencias a los clubes dependen de cuántas fases avancen sus equipos en un torneo, aunque el piso para un certamen nacional ronda los 150 mil pesos.
La Pampa y San Luis son provincias similares con presupuestos semejantes y, en algunos casos, con prioridades diferentes. Así, la nuestra destina más del doble de fondos que San Luis al Poder Legislativo y un tercio más al Poder Judicial. Pero también está cuatro puntos arriba en materia de educación, dos puntos más en salud y cuenta con mejores índices sociales. Más allá de esas comparaciones, en el caso específico de la política deportiva existen claras diferencias que se acentúan cuando se apunta a competencias de elite, o al menos de un segundo o tercer nivel.
Lo que se busca con estas líneas no es caer en el facilismo de decir si una gestión es mejor que otra solo a partir de confrontar qué espectáculos se organizan en un lado y cuáles en otro, sino promover un debate que está ausente en La Pampa. La nuestra no es una provincia donde se promueva demasiado el debate de las políticas públicas. De hecho, excepto en un par de ocasiones, no hubo un diálogo político institucional entre oficialismo y oposición en más de tres décadas.
En ese sentido, vale discutir en materia deportiva si hay que apoyar económicamente a los clubes para que accedan a niveles superiores de competencia o no hacerlo y dejarlos casi a la deriva, como ocurre hoy. Si esos fondos que se utilizarían deben fijarse por ley o hacerse discrecionalmente. Si es válido establecer montos a partir de los logros deportivos. Si el Estado debe colaborar exclusivamente con la infraestructura y dejar que las entidades obtengan por sí los recursos para sus deportistas. Si la asistencia tiene que ser solo del nivel provincial o también de parte de los municipios.
La Ley de Deportes pampeana fue aprobada en 1985. Dice, entre otras cosas, que una de las fuentes de ingresos es el Prode, un juego de azar inexistente. También divide en categorías a las instituciones deportivas y destaca que con la conformación de todas ellas debe constituirse una confederación provincial, algo que nunca ocurrió.
Pasaron tres décadas desde que se hizo esa normativa, y que en su momento fue de avanzada. Pero hubo aspectos que jamás se cumplieron y otros que pasaron de moda. Ya es hora de abrir nuevamente la discusión y tomar ese texto como punto de partida para reformular la política provincial en materia deportiva.