El diario de Bonamín, la prueba final de la colaboración represiva

EL "OBISPO DE LAS FUERZAS ARMADAS"

El diario escrito por el obispo que más conoció por dentro las Fuerzas Armadas y respaldó la represión, por parte de
dos investigadores, es un aporte novedoso para dar cuenta de algunos resortes del terrorismo de Estado. Las
menciones sobre La Pampa y la Subzona 14.
Norberto G. Asquini
Los investigadores Lucas Bilbao y Ariel Lede relevaron uno de los documentos que da cuenta de la estrecha relación de colaboración que tuvieron las jerarquías católicas con las Fuerzas Armadas durante la dictadura militar. Es el diario personal del obispo salesiano Victorio Manuel Bonamín, fallecido en 1991, que fue obispo y ocupó el cargo de provicario castrense entre 1960 y 1982. Los escritos, alrededor de 750 páginas, corresponden a los años 1975 y 1976 y allí encontramos parte de los secretos de la represión ilegal. Bilbao y Lede trabajan con ese material desde 2009 y pronto saldrá publicado un libro sobre toda esa investigación.

Fuente diferente y novedosa.
“A partir de la lectura de los diarios queda claro el conocimiento que tenía Bonamín sobre la metodología del terrorismo de Estado: secuestros, asesinatos, desapariciones, torturas y centros clandestinos. Uno de los casos que aparecen en sus páginas con nombres y datos relevantes, es el de su sobrino nieto Luis Anselmo Bonamín (militante peronista asesinado el 16 de marzo de 1976)”, destacan los autores al ser consultados.
“Y lo más importante: es la palabra -en primera persona y sin mediaciones- de uno de los obispos más vinculados con el poder castrense. En ese sentido es una fuente histórica sobre la dictadura, diferente a las conocidas hasta el momento”.
“Al pertenecer a uno de los jerarcas católicos más comprometidos con su acompañamiento al gobierno militar, la información que contienen estos diarios es un aporte novedoso para conocer algunos resortes del terrorismo de Estado. En ellos registraba día a día las tareas que había realizado, las próximas a realizar, pensamientos, reuniones, diálogos. La mayoría de las reuniones y conversaciones son con militares, agentes de la SIDE, obispos y capellanes. Suman un total cercano a los mil nombres”, indicaron.
“También registraba los títulos de las conferencias dictadas a los diferentes escalafones militares, que funcionaron como instancias no sólo de formación sino también de legitimación religiosa de la violencia. Algunos títulos fueron ‘Religión y combate’; ‘Matar en combate’, ‘Visión teológica del militar’, ‘Criterios sobrenaturales al accionar de los militares’, ‘Administradores de la fuerza'”.
Además acompañó activamente la dictadura mediante la legitimación teológica de la tortura y visitó en 1976 catorce unidades militares que alojaban centros clandestinos, lo que también se desprende de sus diarios.

Menciones pampeanas.
En los diarios no hay muchas menciones sobre La Pampa, un lugar periférico en la maquinaria del terrorismo de Estado, pero no por eso sin vínculos con la represión ilegal que actuó también en la provincia.
Sin embargo, sus anotaciones dan cuenta de cómo intermediaron las jerarquías católicas ante los represores, que sabían de las detenciones y la persecución. Los autores indicaron que sobre el obispo Adolfo Arana hay una mención el 6 de diciembre de 1976. Una persona se entrevistó con Bonamín para solicitarle su intervención porque sus dos hermanas estaban secuestradas, y según información que manejaba, las chicas estaban en la zona de Santa Rosa. Entonces Bonamín le dio una “presentación” para que se entrevistase con el obispo de La Pampa. No se conoce el desenlace.
El obispo además intervino en dos oportunidades en casos locales que llegaron a su conocimiento. Uno el 12 de octubre de 1976. Escribe el provicario castrense: “Dr. Enrique H. Brouwer de Köning: situación de su hijo, separado de sus cátedras en el Col. Nac. de Jacinto Aráuz (La Pampa)”. El médico Brower de Konning daba clases en el secundario de esa localidad que fue allanado durante un operativo y en el que se secuestró a varios docentes. El profesional perdió luego sus horas de clase.
También el 22 de noviembre de 1976 deja asentado: “Escribo al Tcnl. Oscar Alberto Cabuta, Jefe del Destac. de Vigilancia Cuartel Gral. Pico, por el caso de Cacho – Oscar José Ruiz Estrada denunciado por la Policía… Dirección de Cacho (su esposa: Edy Bosco) calle 16 Nº 554 6360- Gral. Pico. (La Pampa)”.
En otro apartado, del 28 de junio de 1976, hace mención al coronel Roualdés al que se refiere que “está como Intelig. en el Comando de Seguridad (1er Cuerpo de Ej. con el Gral. Suárez Mason); área religiosa de Bs. As. y La Pampa. ‘Confesiones’ no católicas. Estructuras de n/Igl. Arg”.

Los capellanes.
Los diarios son útiles para conocer con mayor profundidad la organización de los capellanes militares. A través de la lectura y el entrecruzamiento que hicieron los investigadores de distintas fuentes oficiales se pudo establecer que la Iglesia católica aportó 400 capellanes entre 1975 y 1983 para acompañar “la lucha antisubversiva” que implementaron las Fuerzas Armadas. La cifra es mucho mayor a los números conocidos hasta ahora.
El vicariato castrense “nunca fue una institución separada de toda la Iglesia”, explican. El vicariato se componía de capellanes castrenses y auxiliares. En su mayoría diocesanos, aunque la orden de los salesianos aportó 40 capellanes del total, los franciscanos 20 y los jesuitas siete. Los castrenses tenían trabajo exclusivo y los auxiliares hacían su tarea en la parroquia y colaboraban con el vicariato. Para que esos capellanes auxiliares integraran el vicariato necesitaban la autorización del obispo diocesano.
De los capellanes militares que actuaron en La Pampa durante la dictadura militar, ninguno aparece en los diarios. En la lista de los investigadores, en base a otras fuentes, se pudo establecer que hubo tres religiosos en el cargo.
Uno fue Alberto Espinal, capellán auxiliar del Destacamento de Exploración de Caballería Blindado 101 de Toay, entre 1974 y 1981, señalado como colaborador de la represión en la causa “Subzona 14 II”. José Jacinto María Sincero Lombardi, fue capellán castrense de la Brigada Mecanizada X de Santa Rosa, entre 1974 y 1983. Y Francisco Furchi, capellán auxiliar del Comando del Cuerpo Ejército IV de Santa Rosa, desde el 31 de mayo de 1983 a 1996.
“A partir del entrecruzamiento que hicimos, hemos podido concluir que los capellanes auxiliares conformaron, entre los años 75 y 83, el 75 por ciento del personal del vicariato, con lo cual comprobamos que se trataba de la institución eclesiástica y militar que físicamente dependía de la autoridad de la Iglesia en general, que le brindaba sacerdotes para que funcionaran como capellanes”, indicaron.
El vicariato tuvo presencia en todo el territorio nacional y eso fue volcado en toda la zonificación militar, con un despliegue que cubrió no solamente los comandos de zona, sino cada uno de los batallones, grupos y regimientos que eran los encargados de la represión directa y de los centros clandestinos.

En la Justicia.
Bilbao y Lede explicaron que los diarios “serán publicados próximamente, de manera completa, en un libro, acompañados de un análisis y contextualización, que contendrá el primer estudio específico sobre el Vicariato Castrense en Argentina, además de una lista de 400 capellanes militares durante los años 1975-1983”. En la investigación hay un listado biográfico de 33 religiosos -tres de ellos obispos- de los cuáles hay pruebas concretas y testimonios de su paso por centros clandestinos o cárceles donde se torturaba a los detenidos.
Sin embargo, la investigación ya arrojó resultados prácticos y concretos, al ser incorporada a varias causas judiciales relevantes. En los fundamentos del fallo por el asesinato del obispo Angelelli ocurrido en 1976 del Tribunal Oral Federal 1 de La Rioja, por primera vez los diarios fueron valorados como prueba judicial. Los jueces consideraron, apoyándose en la información que se desprende de los diarios de Bonamín, que “los militares no podrían haber matado a un obispo sin complicidad civil y clerical”, principalmente del vicariato castrense. También en la megacausa Saint Amant II de San Nicolás y en la causa Feced, de Rosario, donde se investiga la responsabilidad del ex capellán Eugenio Zitelli.