El justificado enojo pampeano

No le cayó nada bien al gobernador pampeano la decisión presidencial de anular la devolución del 15 por ciento de la coparticipación a las provincias. “Hablan de federalismo pero cada vez son más unitarios”, dijo en referencia a esa medida que implica una suma de 1400 millones de pesos.
La Pampa nunca transfirió a Nación el manejo y la financiación de la caja jubilatoria provincial como sí lo hicieron otros Estados provinciales durante la década de los noventa. De ahí el enojo con que fue recibida esta medida del presidente que trata a todos por igual cuando son tan diferentes la situaciones.
Todo comenzó con el reclamo de Córdoba, Santa Fe y San Luis ante la Corte Suprema que el tribunal resolvió en favor de las demandantes apenas finalizado el balottage que consagró ganador al macrismo. A los pocos días, y por un decreto, la ex presidenta extendió ese beneficio económico al resto de las provincias con el argumento de equiparar a todas. Ahora, el nuevo presidente acaba de anular la decisión de su antecesora y retrotrae las cosas al momento del fallo.
La queja pampeana tiene razonabilidad, pues, como se dijo, nunca esta provincia le cargó el costo de mantener su caja jubilatoria a Nación ni fue auxiliada para sostenerla equilibrada, algo que no pueden decir muchas jurisdicciones.
Esta forma de cortar por lo sano del gobierno macrista ya está dejando de sorprender a poco más de un mes de haber asumido. Son muchas, demasiadas, las medidas que adoptó el presidente en forma abrupta, desconociendo las limitaciones constitucionales y legales y avanzando sobre organismos autárquicos y descentralizados, removiendo funcionarios que no dependen del Poder Ejecutivo, pretendiendo imponer jueces en la Corte por decreto, etc.
El gobierno está aprovechando la recesión del Congreso de la Nación y, en lugar de convocar a sesiones extraordinarias para tratar temas que justifican sobradamente su intervención, está gobernando a golpe de decreto en una forma autoritaria como nunca ocurrió desde el retorno de las instituciones democráticas en 1983. Todos los estudios estadísticos revelados en los últimos días muestran que es el gobierno que, por lejos, más decretos de necesidad y urgencia sancionó con relación al tiempo de gestión en la Casa Rosada.
Agrava todavía más esta circunstancia el hecho de que el presidente, apenas asumió, convocó a una reunión a los gobernadores provinciales pero no les anticipó su plan de gobierno que incluiría medidas que afectarían directamente a sus administraciones sin pasar por el Congreso, que es el ámbito natural en donde están representados los intereses federales. Ese destrato, que ya fue advertido incluso por quienes están adentro o en las inmediaciones de Cambiemos, se materializa ahora con una medida económica que perjudica especialmente a las provincias cumplidoras con Nación como la nuestra que, por lo demás, no es deudora sino acreedora del tesoro nacional.
Esta muestra de centralismo porteño hizo recordar desafortunadas expresiones del ministro de Hacienda quien, poco antes de asumir, se refirió a los “fulanos de tal” del interior que “se quedan con todo el poder”.