El manejo económico y las discusiones que vendrán

COMPLICADO PANORAMA PARA 2016

El célebre estadista francés Georges Clemenceau pasó a la historia por su rol como político pero también por haber acuñado frases que hicieron y hacen pensar a varias generaciones.
Una de ellas es la que asegura que “la guerra es un asunto demasiado importante para dejarlo en manos de los militares”. Un concepto que se adaptó fácilmente a cualquier otra circunstancia a lo largo de los últimos cien años. Y quizás en la Argentina de hoy, a días de ingresar a un año decisivo, corresponda hacer su adaptación a la economía y los economistas.
La falta de dirigentes en el gabinete del presidente Mauricio Macri con experiencia política en el diálogo con la oposición y los sectores empresarios, sindicales y sociales, quedó en evidencia en la modalidad elegida para la designación de dos nuevos jueces en la Corte Suprema. Si el flamante gobierno, que ya utilizó dos semanas de la supuesta “luna de miel” de cien días, no corrige el error, tal vez vuelva a cometerlo en otros aspectos.
Y la agenda de 2016 está llena de desafíos económicos para cuya resolución no alcanzan los decretos. Ni siquiera los de necesidad y urgencia, que, entre otras cosas, están expresamente prohibidos por la Constitución en lo que hace a cuestiones tributarias.

Abundancia de gerentes.
“Si tanto les fascina la presidencia de Frondizi, que no se fijen solamente en Frigerio y Arturo Sábato. También tuvo un ministro del Interior como Alfredo Vítolo”, acotaba al respecto un veterano sobreviviente de la extinta UCRI, alertado por el desbalance en la composición del cuerpo de colaboradores de Macri. La abundancia de gerentes contrasta con la escasez de políticos que, por otra parte, revisten en áreas sin relevancia para el debate partidario.
El ejemplo puede trasladarse a otros presidentes que, sin analizar las características de los hombres ni los resultados de su gestión, admitieron que la economía era un asunto demasiado importante para dejarlo en manos de economistas.
Raúl Alfonsín confió a Enrique Nosiglia las negociaciones por la ley de Coparticipación Federal con el peronismo, que a su vez encomendó el liderazgo de las gestiones a José María Vernet (contador, pero en su rol de ex gobernador al frente de diecisiete gobernadores). En el Pacto Fiscal de 1992, Carlos Menem contó a José Luis Manzano como su espada principal. Ambos ex presidentes supieron rodearse de otras figuras como Antonio Tróccoli, Juan Carlos Pugliese, Carlos Corach o Eduardo Bauzá para llevar adelante negociaciones en las que no alcanzaba con la capacidad de economistas como Juan Vital Sourrouille o Domingo Cavallo.

Arduas negociaciones.
El estilo de Macri es distinto. Queda por ver si mejor o peor, pero recibió a los gobernadores en Olivos con Marcos Peña y Rogelio Frigerio. Quizás en el primero, politólogo, ex frepasista y ex funcionario y legislador porteño, recaiga el mayor peso político de una negociación que será ardua y en la que los números son solo una parte del problema. Porque la Coparticipación, en definitiva, determina quién tiene el poder en la Argentina de los últimos ochenta años.
Desde luego que el cariz político de estas gestiones que vendrán en 2016 no serán exclusivamente políticas, por lo que Frigerio y su secretario Alejandro Caldarelli tendrán un trabajo extraordinario en el que seguramente requerirán del auxilio de Alberto Abad.
Es que es imposible tocar cualquier parte del entramado tributario sin afectar a algún sector en particular.
Por estos días, quedaron de manifiesto esas dificultades de avanzar en el mínimo retoque impositivo. La jueza Liliana Heiland hizo lugar a la cautelar que suspende la aplicación del DNU por el que la ex presidenta Cristina Fernández extendió a todas las provincias la devolución del porcentaje de la coparticipación destinado a financiar la Anses. Pocos repararon en los autores de la demanda: la Mesa Nacional de Jubilados y Pensionados.

Antagonismos.
En una Argentina con una historia atravesada por falsos antagonismos, 2016 amenaza con lanzar uno nuevo, el de las provincias contra los jubilados. Dos protagonistas que, además de pelearse por porciones de una misma torta que tardará en crecer -si es que no se achica- , no pueden ser descuidados por un gobierno con minoría en las dos cámaras legislativas y en el conjunto de gobernadores.
Y con una Anses en la que Emilio Basavilbaso aún está descubriendo sorpresas inesperadas. Como la de la herencia de una decisión administrativa pendiente de publicación en el Boletín Oficial que amplía el gasto en unos 20 mil millones de pesos.
Como en muchas tensiones, las que se generaron entre las provincias y el sistema previsional tienen al vil metal como realidad subyacente. El economista Ariel Melamud lo explica con claridad: “Si las provincias hubieran contado con la retención del 15 por ciento de la masa coparticipable, habrían
alcanzado superávits fiscales todos los años (excepto en 2009) y Anses superávits mucho más pequeños y/o déficits pequeños. Para 2015, el Presupuesto Nacional prevé un déficit provincial consolidado de $ 22.471 millones que sería superavitario en $ 34.690 millones (+0,7% del PIB), lo cual cambiaría en el panorama fiscal provincial”.
Una discusión que puede llevar todo 2016 y quizás el año siguiente. Evidentemente, no hay demasiado apuro: hace diecinueve años que venció el plazo que la Constitución estableció para sancionar una nueva ley de Coparticipación. Hasta puede ocurrir que el debate vuelva a postergarse y pase a ser preocupación de un futuro gobierno.
Es difícil encontrarle solución a un reparto en el que nadie quiere ceder. Mucho antes que Clemenceau, Juan Bautista Alberdi ya lo había advertido: “Después de los cambios de la religión y el idioma tradicional del pueblo, ninguno más delicado que el cambio de sistema de contribuciones. Cambiar una contribución por otra, es renovar los cimientos de un edificio sin deshacerlo: operación en que siempre hay peligro de ruina”. (Por Marcelo Batís, especial para DYN).