El nuevo contrato social de Verna y el pampeanismo

LOS PRIMEROS PASOS DEL NUEVO GOBIERNO PROVINCIAL

El gobernador Verna propuso en sus primeros días un nuevo contrato social del PJ con la sociedad pampeana. El perfil consensualista parece ser el tono de su segundo mandato. Qué lugar ocupará la oposición en ese escenario.
Norberto G. Asquini
El diputado provincial Jorge Lezcano, luego de una reunión de los legisladores del PJ con el gobernador Carlos Verna, se preguntó cuál era el verdadero Verna, si ese que los había recibido y les había dado garantías de funcionamiento a los miembros de la bancada que lo enfrentaron en la interna, o el de 2003, el que desplegó una batalla sin cuartel contra el marinismo.
El segundo mandato de Verna llegó no cuatro, sino ocho años después del primero. Y en momentos del fin de ciclo de las presidencias kirchneristas. En ese marco, el gobernador desplegó durante la campaña, poco antes de asumir y luego de hacerse cargo de Casa de Gobierno una batería de señales que intentan mostrar una política consensualista. Un nuevo contrato del PJ con la sociedad pampeana.
Más allá de las críticas puntuales que se pueden hacer sobre algunos nombres de su gabinete, el columnista ratifica lo que había considerado hace unos meses: los anuncios de Verna fueron concretos y contundentes. Que lo prometido lo pueda poner en práctica o que llegue a contar con los recursos necesarios, es otra cuestión que escapa a este análisis.

Hechos y gestos.
Verna tiene un perfil ejecutivista, muy diferente al administrativista de su antecesor Oscar Mario Jorge. Y en su primer discurso en la Legislatura cuando asumió lo dejó en claro. Sus gobiernos los tiñe de un tinte refundacional.
En ese marco arrojó señales, bien visibles, de la búsqueda de consensos y de sus políticas. Habló de trabajar con la Universidad Nacional de La Pampa y de las cooperativas como protagonistas de la economía, ya una definición que lo aleja de su antecesor en el cargo. Se reunió con los legisladores de su bancada y envió al ministro de Hacienda a explicar la Ley Impositiva a la Cámara de Diputados. Colocó en organismos del Estado a representantes de la oposición como Pampetrol o Aguas del Colorado. Habló de la deuda histórica que se tiene tanto con Santa Rosa como con General Pico, otro golpe a la administración jorgista. Habló de un Estado presente y del impulso al empleo privado. De trabajar en colaboración con el intendente de Santa Rosa, el radical Leandro Altolaguirre, y solucionar los problemas urgentes de la ciudad en materia de saneamiento urbano. De hecho, no solo envió los primeros fondos sino que sus funcionarios están trabajando a la par con los municipales. Adelantó que los medios gubernamentales estarán abiertos a la oposición. Recibió a los gremios estatales y les dio un bono de fin de año casi similar al que pedían y que aceptaron. En apenas días, la ministra de Educación recibió a Utelpa. Las entidades ruralistas saludaron el cambio de gobierno.
Se podría decir que la designación de Juan Carlos Tierno como ministro de Seguridad es un contrasentido con lo que expresa la columna, ya que hay sectores que resisten la presencia del dirigente en el cargo por sus antecedentes. Sin embargo, se debe disentir con esa visión. Verna, lejos del voto progresista en la provincia, hace otro gesto al colocar en esa área un funcionario con el que se sienten identificados aquellos votantes de centroderecha que reclaman por la inseguridad.

El nuevo consenso.
Verna en su tradición peronista es el populista -no en el sentido peyorativo sino en el laclauniano- pero su perfil muy diferente a otros gobiernos justicialistas que tuvo la provincia. Si Rubén Marín sostenía su gobierno y su predominio político en la división del campo peronista y no peronista, Verna parece colocarse por encima. Si Jorge era centralista en la forma de gestionar, Verna abre el juego a la descentralización. La apertura, al menos la posible, es una marca del rumbo que parece querer tomar. Parte de esto se había mostrado en su primer gobierno, aunque también la otra cara del vernismo, la de exclusión y el combate a los enemigos internos.
¿Pasará otra vez lo mismo? ¿Habrá una nueva confrontación? ¿Qué cambió desde entonces? Lo que sí se puede observar, es que el mandatario no tiene delante el mismo escenario en 2015 que el que le tocó afrontar en 2003. En su primer período, Verna confrontó con el marinismo, la principal corriente del PJ pampeano. Fue una disputa a muerte, aunque algunos ya no quieran recordarlo y las heridas hayan cerrado.
Ahora Verna hegemoniza el PJ, la coalición justicialista con sus líneas está integrada y representada en el gobierno y la oposición interna -jorgistas y kirchneristas- desarticulada. La disputa, en unos años, de no buscar su reelección, será al interior del mismo vernismo para definir su sucesión.

El pampeanismo.
¿Qué otro rasgo encontramos en Verna? Sin ataduras políticas, el gobernador se reunió con Mauricio Macri para hablar de la deuda que Nación tiene con la provincia. Verna no tiene condicionamientos para hablar con un presidente no peronista y se siente cómodo con él. No le gustará alguna medida del jefe de Estado y la criticará, pero no tiene ataduras con dirigentes del PJ nacional.
Si una característica de Verna es el “dejar hacer” a sus colaboradores, si se maneja con operadores, si aborda todas las problemáticas con conocimiento propio o su estrategia es la de golpear y luego abrazarse al contendiente, otro rasgo de su proceder ha sido su autonomía política.
El periodista Dante Leguizamón en la revista Anfibia describió lo que él llama el “cordobesismo” después de que esa provincia le diera el triunfo al PRO en el balotaje del 22 de noviembre. “Córdoba es conservadora y etnocéntrica: si la atacan, se encierra, y si no la atacan, se encierra también”, dice el autor.
Verna ha sido cultor, en ese sentido, de un “pampeanismo”, produciendo un nuevo clivaje de Provincia-Nación por encima del de oficialismo-oposición. Esta faceta no es una novedad ya que ha sido cultivada desde sus tiempos en el Senado en los años 90. Frente a los gobiernos kirchneristas ha sabido “alambrar” la provincia. Y ha sabido imprimirle esta condición al PJ actual, sobre todo en su confrontación con Jorge y Cristina Fernández. Pero este rasgo no solo responde a la decisión de su liderazgo, sino que en la base de su conformación hubo una reacción en buena parte del peronismo pampeano y de la sociedad provinciana que fue anti-K y el voto a Macri en el balotaje lo demostró.

El lugar de la oposición.
Hablamos de un nuevo contrato social del PJ con la sociedad pampeana personificado en Verna y su estilo, y en el perfil consensualista que parece desarrollar en su segundo mandato.
¿Qué lugar queda para la oposición en este escenario? Todavía es muy temprano saber cómo se ubicará frente al nuevo gobierno provincial. Los cantos de sirena le pueden nublar el panorama. La posibilidad de conciliar en la Legislatura, la incorporación de representantes en organismos y el respaldo a la gestión de Altolaguirre no le dejan mucho campo para diferenciar su propuesta. Hay un diputado del massismo que ya adelantó que volverá al seno del PJ y la bancada del PRO podría quedar condicionada a los acuerdos entre Verna y Macri.
En la asunción de los diputados provinciales hubo varios que fueron silbados por la barra oficialista integrada por vernistas y marinistas. En orden decreciente de los abucheos peronistas estos fueron Eduardo Tindiglia del FPV, el socialista Luis Solana del Frepam y Lezcano del PJ. Esto no fue gratuito. Los tres representan los rasgos que el PJ en el poder identifica con la oposición: un kirchnerista que es parte de un proyecto alternativo, un legislador con posturas críticas a la gestión y hacia algunas de sus políticas y un peronista disidente que no se siente representado políticamente por el gobernador. Esas serán algunas de las características que tomará la oposición al gobierno de Verna.