El periodismo después de Charlie Hebdo

A raíz del atentado contra el semanario francés Charlie Hebdo el 7 de enero, que dejó a doce personas muertas, Francia y otros países libran una encendida batalla en el campo de la opinión sobre la libertad de expresión y los derechos de los medios de comunicación y de la población.
Por un lado están quienes dicen que la libertad de expresión es un derecho humano intrínseco y un pilar de la democracia, y por el otro los representantes de toda una gama de puntos de vista, que incluye la opinión de que la libertad implica responsabilidades para todos los sectores de la sociedad.
“Me preocupa cuando se habla de que estamos en un estado de guerra”, expresó el canadiense John Ralston Saul, presidente del grupo de escritores PEN Internacional, que participó de la conferencia “El periodismo después de Charlie” que se celebró en París, promovida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
“La guerra contra los fundamentalistas no va a funcionar”, aseguró el ensayista y novelista, y argumentó que la educación sobre la libertad de expresión debe comenzar a una edad temprana para que la gente sepa que “hay que tener una piel gruesa” para vivir en democracia.
PEN Internacional, que promueve la literatura, la libertad de expresión y defiende a los “escritores silenciados en sus propios países”, condenó enérgicamente el ataque contra Charlie Hebdo, pero a la organización también le preocupa la reacción política ante este hecho violento.
El grupo apeló a los gobiernos para que “cumplan sus compromisos con la libre expresión y se abstengan de limitar aún más la libertad… mediante la expansión de la vigilancia”.
En el ataque del 7 de enero, dos hombres armados y encapuchados accedieron a las oficinas de Charlie Hebdo durante una reunión editorial y mataron a dibujantes, otros empleados del semanario, un visitante y dos policías. Dos días después, los asesinos murieron en un enfrentamiento con la policía, tras una intensa persecución.
El 8 y 9 de enero se sucedieron dos hechos más de violencia. Un hombre armado mató a una agente de policía municipal y luego tomó varios rehenes en un supermercado kosher, donde la policía dijo que asesinó a cuatro personas antes de que lo abatieran las fuerzas de seguridad.
Charlie Hebdo recibió varias amenazas desde que reprodujo las polémicas caricaturas sobre el profeta Mahoma, que publicó originalmente el diario danés Jyllands-Posten en 2005, y en 2011 sus oficinas fueron atacadas con bombas incendiarias tras una edición que algunos grupos consideraron ofensiva y provocadora.
Varios de sus detractores acusaron a la revista de islamofobia y racismo, mientras que los dibujantes defendieron su derecho a satirizar a sus personajes, entre ellos líderes religiosos y políticos.
Aunque todos condenaron el ataque a Charlie Hebdo, algunos de los participantes en la conferencia de la Unesco argumentaron que los medios de comunicación deben actuar de manera más responsable, sobre todo en cuanto a la representación de las minorías o comunidades marginadas.
Mientras los participantes debatían, el miércoles 14 salía a la calle la última edición del semanario satírico, con la imagen de un Mahoma lloroso en la tapa, esta vez sosteniendo un cartel que dice “Je Suis Charlie” y con la leyenda “Todo está perdonado”.
“Los medios de comunicación deben mediar y abstenerse de la promoción de estereotipos”, opinó la senadora francesa Bariza Khiari, en un segmento de la conferencia llamado “Diálogo intercultural y sociedades fragmentadas”.
Khiari dijo que la mayoría de los seguidores del Islam son “musulmanes discretos”, que se reservan la religión para sí mismos y respetan los valores de laicidad de los países donde viven. “Pero tenemos que reconocer la existencia y la importancia de la religión, siempre y cuando la religión no dicte la ley”, argumentó.
Añadió que la radicalización de algunos jóvenes franceses se explica por las dificultades y la humillación que padecen a diario en Francia, como la islamofobia, la falta de trabajo y las detenciones policiales. La senadora espera que los jóvenes y los medios de comunicación reflexionen sobre lo sucedido y extraigan algunas lecciones que permitan avances positivos en el futuro.
(A. D. McKenzie, IPS)