El PJ y las elecciones

Aunque falta tiempo para las definiciones importantes de cara a las elecciones de 2015, algunos temas medulares ya están en debate. El PJ, que gobierna ininterrumpidamente la provincia desde hace 31 años, está discutiendo la conveniencia o no de desdoblar los comicios provinciales de los nacionales. Tradicionalmente en La Pampa las elecciones generales para elegir cargos ejecutivos, como también las que determinan los legislativos, se han desarrollado de manera simultánea con las nacionales. Salvo en casos excepcionales como ocurrió en 2003 con las presidenciales, luego del colapso económico y financiero de 2001 y la renuncia del presidente Fernando de la Rúa.
Este criterio de mantenerlas unificadas siempre tuvo, por supuesto, un elemento de conveniencia política, ya que las boletas presidenciales, con candidaturas fuertes y convocantes, como la de Cristina Fernández de Kirchner en 2007 y 2011, sirvieron para “arrastrar” votos hacia la nómina provincial. Si bien esta condición se puede pensar como relativa, ya que en 1999 De la Rúa ganó en la provincia pero, igualmente, se impuso el PJ en la gobernación.
Sin embargo esta vez hay intereses dentro del justicialismo que divergen con los de la Casa Rosada. Dentro de la interna del oficialismo, el vernismo y el marinismo lanzaron el globo de ensayo de desenganchar ambos comicios por primera vez en mucho tiempo. Ambos sectores, alejados de la presidenta, no quieren que la posibilidad de candidaturas presidenciales por fuera del PJ nacional que hoy miden en las encuestas le saquen votos a la lista local del justicialismo. Además, tampoco quieren asumirse como parte de la boleta nacional del kirchnerismo.
Pero desde el jorgismo, el sector que lidera el gobernador, se rechazó el desdoblamiento y el mandatario ratificó que mantendrá ambas elecciones unificadas. En oposición al oportunismo político de los dos sectores que se encuentran en la vereda de enfrente en la interna peronista, los argumentos del gobernador fueron claros. Dijo a sus seguidores que su postura es para acompañar al gobierno nacional tanto en los buenos como en los malos momentos y que la sociedad observa hoy con malos ojos estos cambios que solo obedecen a cuestiones del poder ajenas a las preocupaciones comunes, sobre todo cuando buena parte de la dirigencia política es cuestionada.
Esta postura que, podría decirse, se aleja del pragmatismo, no ha pasado desapercibida. Por supuesto que toda decisión conlleva la conveniencia política de quien la toma, sobre todo cuando está en juego el gobierno. Pero esta vez los argumentos del gobernador están más de acuerdo con una línea que se ha mantenido durante su segunda gestión de respaldo a la Presidenta de la Nación, de no distanciarse de un electorado que expresó mayoritariamente su respaldo al gobierno actual y de una sociedad que demanda coherencia en la conducta de sus dirigentes. Marca un contraste con tantas muestras de pragmatismo electoral que anteponen los intereses personales con el fin de conservar los privilegios del poder.