El poder de las sotanas

Hace dos días esta columna abordó el espinoso tema de las corporaciones y sus formas de actuar y presionar. Entre ellas se mencionó a la Iglesia como ejemplo de una de las fuerzas más poderosas a la hora de actuar corporativamente cuando están en juego sus intereses sectoriales.
Como si ese comentario hubiese sido premonitorio, apenas horas después de publicado los pampeanos pudieron conocer una operación en favor de la secta católica Servis Trinitatis en abierto desafío a la decisión de una jueza.
El caso de la interna que fue retirada de la sede de ST para efectuarle estudios psicológicos es escandaloso. La jueza había dispuesto que estuviera alojada durante cinco días en el hospital Lucio Molas para que en ese lapso se le efectuaran estudios a fin de determinar su estado de salud mental. Sin embargo permaneció muy poco tiempo en el establecimiento y apenas horas después de haber ingresado, en plena noche y en lo que podría calificarse como una “operación comando”, fue retirada del lugar y regresada otra vez al tenebroso cenáculo de la calle O’Higgins.
Nadie ha informado con claridad cuál fue la razón por la cual la jueza que ejecutó la resolución de su colega de sacar a la interna de ST y llevarla al hospital, bruscamente dio marcha atrás y autorizó su reingreso a la sede de la secta. Sin embargo ese silencio -como suele ocurrir- habla en voz alta. Habla de los entretelones y los inicuos vasos comunicantes entre el poder clerical, el político y el tribunalicio. Los abogados de la secta poseen apellidos estrechamente vinculados a esos poderes; una alta proporción de los jueces pampeanos son hombres de confesión diaria con vistosos crucifijos en sus despachos -una falta de respeto a la ciudadanía en una república democrática, plural y que sostiene la libertad de culto-; el mismo poder político lugareño mantiene estrecha comunión con las sotanas. Recuérdese el reciente veto a la muy tímida ley de aborto no punible.
Es evidente que en tan corto tiempo no se puede realizar ni siquiera un esbozo de estudio del estado mental de la interna. Las declaraciones de sus familiares son elocuentes en cuanto al grado de deterioro que presenta luego de diez años de vivir en las lúgubres condiciones en que se desenvuelve la vida en el cenáculo. Otros testimonios de ex internas son coincidentes al respecto. Los responsables de la secta trataron de impedir que la mujer fuera llevada al hospital, por eso tuvo que realizarse el operativo del martes con presencia de la jueza y la policía. Pero, llamativamente, pocas horas después la misma magistrada que actuó en el procedimiento autorizó el regreso de la mujer a la sede de ST. Con esa decisión se logró lo que querían los miembros de la secta: que no hubiera estudio psicológico ni informe de los profesionales, a fin de seguir estirando los plazos de la causa.
La investigación a Servis Trinitatis parece un calvario: una jueza que recibió la causa no hizo absolutamente nada en los largos meses que estuvo a su cargo; no se conoce ningún pedido de investigación ni de juicio político ante una falta tan grave. Los sacerdotes acusados e investigados siguen dando misa en la Catedral como si nada hubiera ocurrido. El obispo se destaca por su silencio, por no recibir a las víctimas de la organización y por permitir que siga funcionando cuando los testimonios ante la Justicia de lo que allí ocurre son escalofriantes.
Sólo queda una esperanza: que la nueva jueza que recibió la causa reimpulse las investigaciones con los atributos que se espera de un magistrado en una democracia: independencia, templanza y rigor.