El problema del gobierno es no animarse a ir por más

EMILIO MARÍN
Se suman datos de que el gobierno está en dificultades políticas y financieras. Tiene sus culpas pero también hay evidentes zancadillas puestas por el establishment. El problema es que por ahora aquél no se anima a ir por más.
Antes también había inflación por más que el Indec se negara a reconocerla. Ahora ese fenómeno ha tendido sus alas, como lo blanqueó ese instituto en su nuevo índice de precios: midió 3,7 por ciento en enero. Y hay un arrastre que puede dar un porcentaje igual o mayor para febrero, por la escalada de precios que siguió su curso, con varios altos y pocos bajos.
El problema actual, ya transitando el segundo bimestre, es aún más preocupante. Es que ese aumento de precios, proyectado al año, puede dar un índice del 30 por ciento o aún por encima. Y lo nuevo, y más negativo aún, es que hay indicios de una caída de la actividad económica, que podría llamarse recesión, sin eufemismos.
Si el gobierno nacional podía alegar con razón que no era el responsable de la inflación, esa no es toda la verdad luego del 24 de enero. Es que su devaluación llevó el dólar a más de 8 pesos y dio pie al pique demoledor que pegaron muchísimos productos que hacen al consumo de la población. Desde ya, la raza empresaria tiene pocos ejemplares recatados en eso de darle a la remarcación, pero la devaluación les dio un argumento para ese oficio que compite con otros entre los más antiguos de la humanidad.
Si se confirmaran los pronósticos de una reducción del Producto Bruto Interno, aunque en principio sería leve, de un par de puntos, sería un nuevo paso atrás. Por caso, en 2013 el mismo indicador había aumentado 4,9 por ciento, que lo único que tuvo de negativo es que disparará el millonario pago del cupón ligado al PBI que se abona a los bonistas extranjeros.
Si se diera esa recesión, aún suave, el oficialismo no podría poner su mejor cara de inocente y decir “yo no fui”. Aumentar las tasas de interés al 27 por ciento anual o más, como hizo el Banco Central, procura sacar circulante y fondearlo en los bancos. Esa y otras medidas achicarán el consumo, lo enfriarán y pueden poner coto a la expansión económica en 2014.
Pretender que los docentes acepten un ridículo aumento del 22 por ciento en tres tramos, como ofrecieron los ministros a esos gremios, también demuestra que desde la Casa Rosada decidieron poner tope a los salarios. Y eso, amén de una notoria injusticia con los maestros, es otro signo de que este año será peor que los anteriores para los asalariados pues la economía podría encogerse.

Señales de componendas.
En su política económica, como en líneas de gestión en lo interno y también en su trato con organismos financieros internacionales, Cristina Fernández de Kirchner está convalidando ciertas componendas.
En lo doméstico ha continuado con la línea de exhortaciones, hasta ahora sin mayores resultados prácticos, a los empresarios, a fin de que moderen sus precios. Los sermoneó para que “no maten la gallina de los huevos de oro”, en su discurso de Florencio Varela. Si la bataraza pone esa clase de huevos, ¿no sería más conveniente cambiar las reglas del gallinero, con un rol menos huevón -como dicen los sanjuaninos- del Estado?
En su afán por arreglar condiciones de convivencia con el capital multinacional, se supo que Argentina habría confirmado el pago de la indemnización de 5.000 millones de dólares a Repsol. El trato incluiría un pago extra de 3.000 millones más a diez años, en concepto de intereses. Y no conformes, los españoles habrían exigido una garantía o depósito por 1.800 millones, considerando que hay riesgo que la cadena de pagos se corte por problemas legales o por los juicios de los “fondos buitres”.
¿Es justo abonar tantos millones de dólares a una empresa como Repsol que fue justamente acusada de desinversión, fuga de capitales y daño ambiental en varias provincias?
En la fila de esos acreedores tan aprovechados para hacer buenos negocios está el Club de París, adonde fue tiempo atrás Axel Kicillof para tentar las condiciones de un plan de pagos. Allí no sólo piden que sea en pocas cuotas sino también que intervenga el FMI, algo que hasta ahora el país no aceptó. Sin embargo, luego de darle lugar al cuestionado organismo en la reforma de las estadísticas del Indec no habría mucha coherencia en decirle que sí en esto y no en aquello. El Fondo es bueno o malo; hasta ahora se lo ubicaba legítimamente como uno de los malos de la película que los argentinos vieron y sufrieron por décadas. Capaz que ahora se lo empiece a ver con otros ojos en Balcarce 50…
No se trata sólo de asuntos económicos y financieros, domésticos y externos. Hay también muestras de que el gobierno está dispuesto a pactar con corporaciones “non sanctas”.
El que dude de esa aseveración puede interesarse en el arreglo que hubo para elegir las autoridades del Consejo de la Magistratura: kirchneristas y mayoría de opositores votaron como presidente al reaccionario camarista cordobés Sánchez Freytes y como vice al más reaccionario aún Ricardo Recondo. Este último fue de las espadas más filosas de Clarín en los años de cautelares y fallos favorables al monopolio por la ley de medios.

Sabor a poco.
Se dirá que en esa rosca para votar en la Magistratura, el oficialismo sopó la presidencia de dos importantes comisiones. Una para el diputado de La Cámpora, Wado de Pedro, y otra para la senadora del FPV, Ada Iturrez. Sin menoscabar ese aspecto favorable del trueque, la solución alcanzada queda empequeñecida frente a los objetivos de democratización de la justicia que el gobierno fijó en 2013.
Otro asunto donde queda ese sabor a poco en la boca es el de la aceptación por parte de la Afsca del plan de “adecuación voluntaria” del grupo Clarín. Así lo anunció el titular del organismo, Martín Sabbatella, aclarando que tal decisión se había tomado por unanimidad, con los directores que responden a la oposición (Marcelo Stubrin y Gerardo Millman).
En principio parece positivo que ese monopolio haya decidido encuadrarse en la ley 26.522 a la que torpedeó desde 2009. De todos modos sería bueno que Sabbatella no se descuide a la hora de verificar quiénes serán los nuevos dueños de los 6 grupos en que supuestamente debería subdividirse el holding, no sea cosa que le metan el perro. Y, desde ya, que de las 250 licencias, Magnetto sólo deba desprenderse de una cablera con 700 abonados en Chaco, suena a burla.
Puede consignarse como un intento positivo de controlar a los monopolios el proyecto de ley presentado por Héctor Recalde y las firmas de 14 diputados del FPV, para reformar las leyes de Abastecimiento, de Lealtad Comercial y de Defensa del Consumidor. Unos días antes el senador Aníbal Fernández había elaborado una iniciativa similar. El sentido es acentuar los controles, endurecer las multas y evitar los abusos de empresas y comerciantes, que deberían pagar las sanciones antes de poder recurrirlas.
Las dos reformas suenan como favorables a la población. ¿Se convertirán en ley y, sobre todo, serán cumplidas por especialistas en su violación como Shell, Ledesma, Wal Mart, Telefónica, Carrefour, Claro, HSBC, Coto, etc.?

¿Ir por más o con Scioli?
Por lo expuesto hasta aquí, el lector comprenderá que -en la visión del cronista, que puede estar equivocado- se atraviesa una coyuntura difícil en la Argentina.
Difícil no quiere decir que carezca de posibles soluciones, sólo que éstas deberían ser profundas, capaces de atacar el problema de raíz. Y esa causa última, para nada única, tiene que ver con el peso que tienen los monopolios y banqueros en la estructura económica del país, más sus conexiones políticas, judiciales, culturales, mediáticas, religiosas y en las fuerzas militares y de seguridad, donde hubo pocos cambios democráticos desde 1983 a la fecha.
Los sectores más progresistas todavía piensan, algunos dirán que sueñan, con que la presidenta de la Nación emita una orden política para “Ir por más”. Está claro que tal batalla no está hoy en la mente de CFK. Si ella cambia y lo pergeña, como se sugirió ayer en esta columna, la nacionalización del comercio exterior podría ser una de las medidas convenientes a adoptar, por su impacto financiero favorable y como prueba de que en política se decidió ir a más.
Otro rubro donde el Estado debería meter mano, literalmente, es en el bancario. Ayer se conocieron las ganancias obtenidas por los bancos en 2013: 29.169 millones de pesos, 50 por ciento superiores a lo que habían ganado en 2012, cuando se quedaron con “sólo” 19.415 millones. Allí sí que hay fondos en exceso. Y ni siquiera se trata de expropiar a los bancos sino nacionalizar los depósitos, que no son de su propiedad sino de los ahorristas, como hizo José B. Gelbard en 1973, pagando un buen interés a esos depositantes.
“Y que florezcan mil ideas revolucionarias y mil plenarios más, pues ciertamente, o revolucionamos o fracasamos”, escribió Federico Bernal, el 19/2, en Tiempo Argentino.
No parecer revolucionaria la “cumbre” del PJ en Santa Teresita, organizada por Daniel Scioli y Fernando Espinoza, con ministros como Capitanich, diputados, intendentes y otros referentes disímiles. Eso no suena a armar una fuerza política consistente para ir por más: hacen pejotismo alrededor de Scioli, asustados y tratando de llegar con muletas a 2015.