El ruido de fondo

I – El modo de gobernar la provincia que el partido oficialista le ha impuesto a La Pampa sin solución de continuidad desde la recuperación democrática hace rato que viene dando señales de agotamiento. No obstante siempre se las ha arreglado para anular o neutralizar los mecanismos de respuesta de la ciudadanía ante una realidad tal que la podría inducir a optar por un cambio político que aquí ha brillado por su ausencia.
El proceso de construcción y cristalización de un sistema caudillezco que hizo retroceder las prácticas políticas decenas de años, fue tal vez el principal de todos los mecanismos de anulación de las fuerzas de cambio de la sociedad. Ese sistema de sumisión política que privilegió la voluntad de un líder al juego de las instituciones, funcionó más hacia dentro que hacia fuera del partido.
Más que imponerse a los pampeanos, impuso disciplina partidaria a los cuadros y dirigentes. Casi no hubo en esos años quien sacara los pies del plato. Todos decían obedecer al jefe y todos hablaban y se candidateaban a sus pies.
No fue una construcción muy azarosa. El justicialismo tiene desde sus inicios una forma piramidal de entender el partido y siempre ha habido en la cúspide, un líder, un conductor al que se reconoce como tal en tanto y en cuanto no pierda su capacidad de ganar elecciones y asegurar, de esta forma, el acceso de sus partidarios a los puestos y recursos del estado.

II – Pero el año pasado esa situación cambió dramáticamente. La derrota electoral del conductor indiscutido y el renunciamiento de quien debería sucederlo a ocupar su lugar, ha dejado _además de una gran desorientación en los partidarios_ al descubierto, con toda su crudeza, las señales de agotamiento del modelo de gobernar que hace un cuarto de siglo domina la escena.
Si la corrupción pudo ser enjuagada durante años con el “roban pero hacen”, si el nepotismo se presentaba como una especie de “derecho” de los triunfadores, si el encumbramiento de los mediocres se solapaba como un “mal necesario”, si la falta de transparencia se discutía en contraataques que aludían a la “intencionalidad política” de los denunciadores, si la anulación desde dentro de los controles institucionales no se respondía siquiera, si la vergonzosa justicia atada a su propia e inducida incapacidad de comportarse como un poder _no ya esperar de ella que sea “el” contrapoder_, era un tema invisible, si el recambio generacional se burlaba poniendo jóvenes de edad con viejas mañas tempranamente aprendidas, en fin… si todo esto era posible fue porque, por encima de todo, la estructura vertical del partido del gobierno garantizaba _o parecía hacerlo_ cierto “orden” que, se decía y convencía, no era aconsejable abandonar pues era preferible al caos de los que “solo saben criticar y nunca hacen nada”. La catastrófica caída del gobierno de la Alianza abonó sus advertencias y paralizó las fuerzas del cambio que parecían llegar a La Pampa.

III – En la semana, los que intentan leer la realidad con algo más de perspectiva que el día a día, pudieron apreciar mucho de lo que podemos identificar como signos de ese agotamiento. La corrupción mostró su cara en la obscena demora en que incurre la justicia piquense en llevar a juicio a los funcionarios que permitieron el caso de las “cloacas de Alvear”. La anulación de la justicia pudo verse en la escandalosa realidad de un juez atendiendo seis juzgados. El encumbramiento de los mediocres se asomó en el candidato del “consenso” procesado y condenado por mentir sobre unos cheques que libró y no parecía dispuesto a pagar. La huida de la empresa mimada de la anterior gestión insinuó la relación inconfesada de la política con la patria contratista. Y esto por mencionar sólo los casos que ganaron los titulares de tapa.

IV – Estos casos -que se presentan como las señales de agotamiento que se registraron en apenas una semana-, tienen un ruido de fondo que no permite olvidar que no se trata sólo de notas disonantes. Es el ruido de fondo que produce la presencia inquietante para propios y extraños del otrora encumbrado como intendente por el mismo partido que terminó echádolo menos de tres meses después. (LVS).