El tiempo se ingenia para que se lo tenga en cuenta

DOMINICALES

Si el título de esta nota dice verdad, podría pensarse que el tiempo es vanidoso. Lo que hace es pasar y dado que cada ser viviente sabe que va a llegar el momento en que dejará de estar (en el tiempo), los moralistas se empeñan en advertir que eso que pasa es irrecuperable; que es el capital que recibimos al nacer sin que sea posible conocer su monto, de lo que se infiere la necesidad de usarlo con discreción. Porque, como se lee en Shakespeare: “Malgasté el tiempo, ahora el tiempo me malgasta a mí”.
Y debe ser el tiempo el que ha motivado esta nota, celoso porque en domingo, ahora y aquí, casi todo el mundo habla de la segunda y última vuelta electoral, distrayéndose de los anuncios que avisan que esta vez el Niño llega brioso o enojado y puede provocar lluvias cuantiosas y situaciones peligrosas en las zonas más expuestas. También los hay que se preguntan por qué le llaman Niño a un comportamiento de la atmósfera. Los doctos explican que el nombre fue ocurrencia de pescadores de la costa peruana o más arriba: habían notado que cada tanto desaparecen algunas especies de peces y aparecen otras en las mismas aguas y que esto sucede casi para Navidad, que es el acontecimiento que evoca a cierto niño nacido en un establo de Belén.
Hablemos, pues, del tiempo, que según nuestro Martín Fierro “solo es tardanza de lo que está por llegar”. Respuesta más picarona que sabia de nuestro gaucho ante la pregunta del moreno en una payada. Digo así porque el moreno quería saber qué es el tiempo y Fierro salió del paso sin decir qué es pues habló de lo que trae, sin revelar tampoco qué trae ni deja de traer, con lo que dejó en ayunas a su contendiente. Es curioso que este moreno estuviese vinculado por la sangre con el otro morocho que tropezó con Fierro en la Ida del poema y halló la muerte por el cuchillo de nuestro gaucho, en ese momento pasado de copas. Se supone que Fierro buscaba no repetir el episodio que lo lanzó a la incierta aventura de buscar abrigo en territorio indio.

Tiempo.
Para entender el fenómeno que los meteorólogos llaman Niño no basta saber que unos pescadores dieron ese nombre a algo que no acertaban a explicarse y que mucha gente de nuestro tiempo (de la que no me excluyo) sigue sin entender porque si hay algo difícil es la ciencia y el arte de la predicción del comportamiento de la atmósfera, eso que tendemos a nombrar tiempo (“Tiempo loco” decimos), siendo que se trata de procesos atmosféricos tan imposibles de predecir con precisión.
La RAE dice en la entrada que titula tiempo: Duración de las cosas sujetas a mudanza. Y también dice: Magnitud física que permite ordenar la secuencia de los sucesos; tiempo de Trajano, tiempo de Colón. Y seguimos en ayunas acerca de lo que sea el tiempo, salvo que estemos haciendo lo de los pescadores mencionados, que llamaron Niño a eso que veían que estaba sucediendo sin saber de qué se trataba. Repetían la creación del lenguaje, puesto que éste consiste en dar un nombre a lo que no conocemos pero está ahí, como quien pone banderillas en los pozos de nuestras calles. Así llamamos río a una corriente superficial de agua, pero Heráclito dijo que “nos bañamos y no nos bañamos dos veces en el mismo río” para, luego, advertimos que no sólo el río es y no es al mismo tiempo sino que todo lo existente, lo inerte y lo vivo, es y no es porque siempre está cambiando, haciéndose, hasta llegar a un final que no lo completa pero que lo saca del estar en… el tiempo. La idea es que para ganar la calidad de ser hay que estar acabado, completo e inmodificable, condición que sólo satisfaría quien llamamos Dios, ya que Él mismo le habría dicho a Moisés: Soy el que Es. Nosotros, en cambio, cambiamos momento a momento, sin estaciones de reposo. Somos pasajeros… del tiempo. ¿Será el tiempo el tren que nos lleva entre dos estaciones que no hemos elegido y que ignoraremos cuál será la última hasta que sea demasiado tarde?
Niño.
Cuando hablamos de “matar el tiempo” no cometemos alguna forma de tiempicidio. Lo que hacemos es malgastar el capital, usamos las monedas para marcar el trayecto de nuestra duración. Un trayecto que no volveremos a recorrer y que “el tiempo” borrará inexorablemente.
No es otra cosa lo que he intentado en esta nota: matar el tiempo esperando en este domingo hasta conocer si nuestro voto fue ganador o perdedor. En tanto que el Niño, ajeno a nuestras tribulaciones, sigue descargando agua y este año amenaza con ser más severo en ciertos lugares del planeta, favorecido en su potencia desordenada por algo que sí hicimos nosotros: acelerar el calentamiento global. Dañando la atmósfera, nuestro techo.
Jotavé