Elección ajena que pocas veces ha sido tan propia

DOMINICALES

Señor Director: El tema sigue siendo la presidencial de los Estados Unidos. Aquí, en nuestro país, predominó una tendencia favorable a la Clinton, sin que ella “llenase el ojo”. El gobierno Cambiemos jugó importantes cartas previas en esa dirección: un endeudamiento caudaloso y veloz fue la apuesta mayor que ahora nos descoloca ante las políticas más probables de Trump.
Los argentinos que estuvieron en la noche del martes en la embajada de USA, invitados por su titular, fueron invitados a votar en una urna ficticia. Lo hicieron y dejaron 169 votos para Hillary y 19 para Trump. Había allí ministros, funcionarios, uniformados, empresarios (la clientela habitual). Lo que se ignora es cómo “votaron” los cientos de legisladores y personajes argentinos que viajaron a USA por creer (según una humorada) que lo ya acordado con Obama les daría derecho a voto. De otra manera no se explicaría que hasta el congreso nacional no pudiese funcionar normalmente por falta de quórum. Los más avisados de estos viajeros pueden estar regresando sin dejar de esforzarse por memorizar el método Trump. Ya se verá en el curso del próximo año y, en particular, con los que se candidatean para esas elecciones o para las próximas presidenciales.
Para analistas respetados el resultado de la elección del martes marcaría el avance final hacia la post-democracia. Posterioridad de la que ahora se habla en todas partes: la gente seguiría votando, sobre todo donde el voto es obligatorio, pero ya no lo haría dentro de una línea partidaria tradicional, sino, como ahora con Trump, quien a su vez rompió con tradiciones y con el elenco principal del partido Republicano. La antipolítica.
Un analista, Eduardo Febbro, dice en su nota postelectoral que se ha instalado en USA el “populismo Halloween”, el mismo que en Francia es expresado por Le Pen, que se ingresa ahora al “sistema posdemocrático” y que “el populismo de la calabaza nos reserva todavía muchas noches sonámbulas” (como fue la del martes 8).

Visionario.
El diario Página/12 reprodujo el pasado jueves la columna que escribió en julio de 2015 el cineasta norteamericano Michael Moore, en la cual daba cuenta de los motivos por los cuales iba a ganar Trump. Es, ahora, una pieza imperdible de predicción del futuro. Dado que Moore no debe haber votado por Trump, de acuerdo a sus antecedentes, la “predicción” puede haber querido ser un aviso para no desestimar a este adversario.
“Asumámoslo: Trump no es el mayor de nuestros problemas. Es Hillary. Es altamente impopular: el 70 por ciento de los votantes cree que no es confiable y es deshonesta”. No gusta a las mujeres ni a los militantes por la igualdad sexual y el matrimonio homosexual. Hillary estuvo en contra de éste y cambió por exigencias de la realidad al comenzar la campaña. “No gusta a las mujeres” ni “gusta a los jóvenes”.
Moore se declara simpatizante de Bernie Sanders, el rival de Hillary en la interna del partido Demócrata. Dice que, derrotado éste, votarán a Hillary “pero será un voto deprimido”. Y explica que este voto significa que lo harán sin entusiasmo y sin hacer campaña.
“Por eso y por la ira que tienen algunos contra un partido inservible, millones de norteamericanos van a votar a Trump y no porque estén de acuerdo con él… sino porque pueden, simplemente. Para volcar la balanza y enfadar a papá y a mamá”. Para explicar este “porque pueden”, Moore recuerda el caso de Minnesota, donde el ex luchador Jesse Ventura, fue votado para gobernador a pesar de que carecía de toda condición para el cargo. “Minnesota está lleno de ciudadanos con un sentido del humor negro…votar a Ventura fue como hacerle un chiste práctico a un sistema político enfermo. Esto es lo que va a volver a pasar con Trump”.

Poder.
Esta última referencia a la predicción de Michael Moore trae el recuerdo, en nuestro país, del caso del humorista que hace poco estuvo a pocos votos de ganar la elección de gobernador en Santa Fe. Quizás muchos santafesinos, desilusionados con los partidos tradicionales, resolvieron ejercitar esa especie de humor negro que consiste en votar por el candidato inverosímil como manera de demostrar la magnitud del rechazo al juego político y a la pérdida de protagonismo real de los partidos.
Más allá de lamentos o alegrías por el resultado electoral en el actual centro el mundo, hay quienes se ponen a imaginar lo que vendrá.
Los políticos oportunistas se miran al espejo por ver cómo parecerse más a Trump, pero la
realidad obliga a ensayar apreciaciones fundamentadas. En nuestra región, si Trump cancela el Tratado Transpacífico, ideado por el actual gobierno (Obama) para condicionar el “patio trasero” y cerrarlo a la penetración china, se verán en problemas México, Perú y Colombia, que ya lo subscribieron, aunque el tratado no tiene aún aprobación del congreso de USA. Los gobiernos de Argentina y Brasil, actuales, se estaban encaminando en esa dirección.
Un diputado del Parlasur (Nicoletti) supone que este cambio puede hacer que los países “pobres” vuelvan a tender hacia la integración regional, hacia la que marchaban hasta el año pasado. Esta esperanza choca contra el hecho de que la política de “patio trasero” es un programa de estado invariable de USA desde Moore l823: “América para los americanos” (del norte).
Jotavé

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