Elecciones locales europeas que despiertan igual interés

Señor Director:
Estamos ante inminentes votaciones en dos naciones de Europa, que generan interés que trasciende lo local y esto parece ser así porque hay un elemento que está en presente y gravita en la actualidad de orden mundial.
La primera de estas elecciones debe realizarse mañana en el Reino Unido. Tiene la forma de un referendo para decidir si se continúa siendo parte de la Unión Europea o si estas islas occidentales abandonan el ensayo más ambicioso de unificación a que se asiste en nuestro tiempo. Recordemos que la UE es criatura de la II Guerra Mundial, cuando se entendió que Europa debía asumirse como una unidad, luego de largos siglos de individualidades nacionales desembocadas en guerras cada vez más severas. Los enfrentamientos sucesivos del norte contra el sur (o del sur contra el norte) del occidente europeo, así como su rechazo de los intentos de penetración de pueblos del este, mostraron la necesidad de encontrar una forma de acuerdo tan amplia como fuese posible no solamente para cortar la serie de estas guerras “civiles” sino para asumir que Europa, luego de siglos de señorear en el mundo (etapa colonial), ha perdido significación ante el surgimiento de potencias imperiales a izquierda y derecha, contra cuyo poder nada podrían hacer estos pueblos separados.
Las encuestas, que habían mostrado un crecimiento de la propuesta de separación, han tenido un cambio franco a partir del asesinato de la diputada laborista Jo Cox en manos de un fanático cuyo dogma lleva a creer que hay que salvar la pureza británica, como si tal cosa fuese real, ya que la población todavía predominante en las islas ha sido el resultado de múltiples presencias étnicas. Al momento de escribir esta nota la negativa a la separación, según las encuestas, había emparejado las posibilidades y parecía tener empuje suficiente para derrotar a los partidarios del abandono de la Unión Europea.
No menor es el interés que despierta la elección general del próximo domingo en España, Por primera vez desde la caída de la dictadura franquista, las expectativas han dejado de polarizarse en el Partido Popular, de derecha, y el Partido Socialista Obrero Español, de centroizquierda. Este cambio, dramático por su velocidad y por la radicalidad diferencial de su propuesta, ha sido protagonizado por una agrupación recién nacida, que reconoce parentesco con los movimientos europeos caracterizados como Indignados, que si bien expresaron una disconformidad profunda, no alcanzaron a darle una forma operativa definida y no tardaron en desaparecer porque les faltó una propuesta convocante y más que nada renovadora. El ahora partido Podemos emergió como tercera fuerza electoral de la elección general de diciembre de 2015, cuyo resultado no posibilitó constituir gobierno y obligó a esta nueva consulta. El fracaso de los intentos del PSOE por formar una alianza que permitiera reemplazar al Partido Popular, manteniendo el bipartidismo posfranquista, se debió a la firme negativa de Podemos que ha permitido entender que ya no se trata de tejer alianzas sobre un patrón que ha perdido vigencia, sino que se debe ensayar un camino distinto. Podemos halló un aliado en Izquierda Unida, que reunía a grupos más o menos debilitados de una extrema izquierda que tampoco ha logrado ser opción electoral en el viejo mundo. Constituida la alianza Unidos Podemos, esta formación ha avanzado, según las encuestas, hasta desplazar al PSOE del segundo lugar y a aproximarse al Partido Popular, que se mantiene en el primer plano ante la renuencia socialista a crecer con alternativas renovadoras. O sea que esta elección tiene un interés principal, además de la necesidad de generar la posibilidad de constituir gobierno nacional. Ese interés parece demandar una verdadera transformación política, tal que pueda generar una mayoría electoral.
Atentamente:
Jotavé

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