Electrocutados

Con relación al servicio de energía eléctrica los ciudadanos argentinos fueron engañados por partida doble. Primero, cuando creyeron en la promesa electoral de Cambiemos de que no iba a tener lugar ningún tarifazo. Y después, ya desilusionados por la primera falacia, cuando llegó la segunda: los aumentos servirán para mejorar y hacer más eficiente ese servicio público.
Nunca antes los argentinos habían sido sacudidos con semejante incremento en el valor de las tarifas eléctricas, y para peor no se tradujo en una mejor prestación. Lo confirman los prolongados cortes de luz de este verano en el área metropolitana y, aquí en La Pampa, la nueva postergación que sufre la vital estación transformadora de Macachín. El proyecto de aumentar al doble su capacidad quedó trunco otra vez; primero en marzo del año pasado, luego en noviembre y ahora se habla que recién a fin de año estará terminada. Con los abundantes antecedentes en materia de promesas incumplidas habrá que prepararse para lo peor, sobre todo porque la razón de estas postergaciones está en el durísimo ajuste que exige el FMI para pagar la desmesurada deuda que contrajo este gobierno en el exterior. Y ya se sabe que la prioridad número uno es cumplir con el Fondo aunque cueste sangre, sudor y lágrimas.
Por el lado del Régimen de Tarifa Social sucedió algo parecido. El septiembre del año pasado Nación decidió eliminarlo y con ello no hizo otra cosa que abandonar a su suerte a los sectores sociales más vulnerables que hoy ya no pueden hacer frente al pago de la energía que consumen. Esa nueva deserción del Estado nacional obligó al gobierno pampeano a distraer recursos propios en un programa para que miles de comprovincianos no retrocedan un siglo en su nivel de vida. Lo peor es que desde la macrista Fundación Pensar se cargó las culpas contra el Centro Cívico, siguiendo el ejemplo del ministro de Transporte de Nación quien, en su reciente y fugaz visita a esta capital, embistió contra el gobierno provincial por la quita del subsidio en el área bajo su responsabilidad. La veracidad de las palabras no es una preocupación que figure en el manual de marketing de Cambiemos.
A nivel nacional las noticias que llegan no son las mejores. El gobierno está embarcado en privatizar dos centrales termoeléctricas -Ensenada de Barragán y Brigadier López- a precio vil. El intento de enajenación no puede ser peor: el precio fijado por el gobierno es la mitad de la valuación fijada por la Auditoría General de la Nación en 2012 y equivale a lo que ganan en apenas dos años de servicio. Es decir: son dos centrales eficientes y que reportan ganancias para el Estado, pero igualmente se las quiere privatizar. El más interesados en quedarse con ellas es Nicolás Caputo, el “amigo del alma” del Presidente y hoy cónsul honorario en Singapur. El proceso es más complejo y también está involucrada Iecsa -la empresa que el Presidente “vendió” a su primo Angelo Calcaterra- que recibió extraordinarios beneficios económicos por decisiones gubernamentales.
En pocas palabras: los brutales tarifazos a la energía castigaron sin piedad a las mayorías, no generaron ningún avance positivo en el servicio y, como frutilla del postre, posibilitaron superganancias y un ambiente de lucrativos negocios a expensas del Estado para los empresarios amigos y/o familiares de los CEOs que nos gobiernan desde hace tres años.